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Caral-Supe (Perú): así era la civilización más antigua de América

Hace 5.000 años se formó en el Perú la primera civilización de América: Caral-Supe. Es tan antigua como la Sumeria, en Mesopotamia, la Harappa en India, y la de China. Curiosamente, estas últimas interactuaron entre sí, enriqueciendo sus respectivos procesos culturales, pero Caral-Supe se desarrolló en completo aislamiento

Caral-Supe (Perú): así era la civilización más antigua de AméricaE. Maruri

Hace 12.000 años las primeras poblaciones del Perú se dedicaban a actividades básicas de subsistencia: caza, recolección y pesca, de acuerdo a los recursos de su hábitat. Ocuparon las diversas regiones y zonas ecológicas del territorio andino, caracterizado por su gran diversidad, e iniciaron procesos adaptativos distintos. Alrededor de los 10.000 años algunos grupos cultivaron plantas; hacia los 7.000 años excavaron canales de riego; a partir de los 6.000 años domesticaron camélidos y de los 5.000 años confeccionaron redes de algodón para la extracción masiva de pescado. Estos avances tecnológicos favorecieron la producción de alimentos y propiciaron el intercambio interregional.

En la mayoría de los asentamientos se identificaron dos componentes arquitectónicos particulares: un edificio público con recinto pequeño para la incineración de ofrendas y una plaza circular hundida para las ceremonias públicas.

Centro ceremonial de Caral-Supe.

Las sociedades asentadas en el litoral, los valles costeños, la sierra y la selva andina interactuaron entre ellas y potenciaron sus respectivos procesos económicos, sociales y culturales, buscando beneficiarse mutuamente; lo que contribuyó a la formación precoz de la civilización más antigua de Américala segunda civilización de América, la Olmeca, en Centroamérica, actual México, apareció 1.500 años después que Caral-Supe–.

Entre todas las sociedades del área norcentral del Perú, la que alcanzó el mayor desarrollo durante la época de los orígenes de la civilización fue la del valle de Supe, pues sólo en los primeros 44 km de esta pequeña cuenca hubieron 20 asentamientos urbanos con edificios públicos monumentales. Estos variaban en extensión y en la complejidad de sus componentes arquitectónicos. Todos ellos presentaban edificios públicos, plazas circulares, residencias y viviendas. La arquitectura mostraba plataformas escalonadas, de piedra, barro y material orgánico, y en ellas se encuentran estatuillas, recipientes de mate y de piedra, textiles de algodón y alimentos incinerados.

La zona capital

En el valle medio inferior de Supe se concentró el mayor número de asentamientos, 8 de un total de 20. Esto indica que allí estuvo el centro de irradiación social y cultural más destacado de la época. Esta zona se encuentra encerrada por la configuración de la cordillera en un valle de 10 km de largo, bien definido y fácilmente controlable.

Durante el tiempo de lluvias en la sierra, desde noviembre hasta abril, los agricultores regaban sus campos de cultivo con las copiosas aguas del río; el resto del año, con manantiales cuyas aguas eran distribuidas por medio de canales.

Una turista posa ante una panorámica de la ciudad de Caral.

La ciudad sagrada de Caral

Ocupa 66 hectáreas y comprende una zona nuclear que contiene 33 estructuras públicas y varios conjuntos residenciales, y una zona en la periferia que limita con el valle, donde se construyeron varios conjuntos de viviendas. El espacio nuclear estuvo distribuido en dos grandes mitades: Caral Alto, en el lado norte y Caral Bajo, en el sur.La ciudad de Caral habría sido concebida como un calendario. Cada edificio público estaba construido en relación con determinada posición astral, representada por una deidad. En los edificios públicos se realizaban actividades multifuncionales en las festividades establecidas en su calendario anual (remodelaciones arquitectónicas, limpieza y conservación de canales, manufacturas diversas, ferias y ritos).

Una economía agrícola-pesquera articulada por el intercambio sustentó el desarrollo de la civilización de Caral-Supe. Los pobladores del litoral pescaban y recolectaban diversas especies marinas, principalmente anchoveta, choros y machas. Los agricultores del valle producían algodón, mates y alimentos como la achira, el frijol, el camote, el zapallo, la calabaza y el ají. Las poblaciones potenciaron sus capacidades con el intercambio, así los pescadores contaron con redes de algodón y los agricultores con redes marinas.

La ubicación central en el área de Caral y la corta distancia del valle favorecieron el desplazamiento de sus pobladores hacia los otros valles y regiones del área. Algunos productos se conocieron a grandes distancias, como las playas de Ecuador o las cuencas de la sierra y la selva andina.

Otro detalle de los restos de Caral Supe.

El sistema social

La civilización se caracterizaba por la división del trabajo: una mayoría dedicada a la producción de alimentos, otro sector encargado de la conducción política y religiosa de la población así como de la producción de conocimientos y su aplicación para mejorar las condiciones de la vida social. Se daba una distribución desigual de la producción económica, siguiendo el ordenamiento jerarquizado de los estratos sociales. Las poblaciones debían de comportarse de acuerdo a normas reguladas por las autoridades que residían en los asentamientos urbanos.

La civilización es una forma de organización social caracterizada por la existencia de ciudades estratificadas y gobernadas por autoridades políticas y con especialistas en las diferentes actividades productivas, artísticas e intelectuales y poblaciones que observan normas de comportamiento culturalmente determinadas.

Una forma de gobierno centralizado y una jerarquía de autoridades habría constituido el Estado por primera vez en el valle de Supe. Si aplicamos el modelo político andino a los datos recuperados podemos plantear que la población de este valle estaba distribuida en una serie de asentamientos urbanos pachacas, en ambas márgenes del río y tenían diferente extensión y volumen constructivo. Cada pachaca estaba constituida por un conjunto de ayllus, unidos por medio del parentesco. Estos linajes compartían los mismos ancestros a través de los cuales se identificaban. Las pachacas estaban asentadas en territorios bien definidos como unidades autosuficientes y multifuncionales bajo la autoridad política de sus curacas y principales. Las pachacas se ubicaban en una de las dos mitades o sayas de las márgenes del valle: una saya era gobernada por el Icho Huari y la otra por el Allanca Huari.

El huno era el señor del valle, quien dirigía el sistema de administración de las aguas, regulaba las actividades sociales, económicas, religiosas, guardaba el orden y garantizaba la posesión de las tierras y territorios del valle. Con la formación de esta civilización se inició un modelo político que con variantes llegaría hasta el Imperio Inca, 4.400 años después.

La población de las ciudades, pueblos y aldeas del valle de Supe estaba diferenciada socialmente. Los materiales arqueológicos recuperados evidencian distinciones entre los individuos ya sea en la ubicación y tamaño de las viviendas, en los indicadores de nutrición, en los objetos que utilizaban, en la forma en que se vestían, en los adornos que lucían y también en el tratamiento que recibían después de morir.

En cuanto a las viviendas, algunas estaban en torno a los edificios públicos de la ciudad, dispuestas sobre amplias áreas, incluso aterrazadas previamente con un trazo planificado y acabados muy elaborados. En contraste con éstas se aprecian viviendas reducidas, dispuestas en sectores periféricos, formando aglomeraciones, construidas sobre la superficie irregular del terreno, con menores dimensiones y manufactura más sencilla.

Se han encontrado objetos que por su exotismo y calidad debieron de ser de uso exclusivo de algunos individuos, probablemente de alto estatus social. Un centenar de estatuillas de barro depositadas como ofrendas en diversos lugares de la ciudad muestran que las varias formas de vestir y arreglarse el cabello corresponden a diferencias de género, edad y posición social.

Varios turistas visitando lo que queda de Caral-Supe.

Conocimiento científico y religión

En las primeras ciudades los especialistas tuvieron las condiciones para dedicarse a la producción de conocimientos y su aplicación tecnológica. Usaron la aritmética y la geometría en el diseño y construcción de grandes edificaciones y en la construcción de canales de riego. Realizaron estudios astronómicos y elaboraron calendarios para ejecutar las diversas actividades sociales; inventaron un sistema codificado para el registro de la información (quipu); experimentaron con las especies vegetales para lograr mayor calidad y productividad en los cultivos y conocieron las propiedades medicinales de una amplia gama de plantas.

Por otro lado, en base a las evidencias recuperadas en la Ciudad Sagrada de Caral, se cree que la religión fue la ideología a través de la cual se cohesionó la sociedad pero también se utilizó como elemento de coerción. Variadas actividades públicas y privadas incluyeron al componente religioso y ceremonial. Así todas las edificaciones mayores y menores contaban con elaborados fogones para la edificación de ofrendas de todo tipo: cabello humano, restos de animales y vegetales, artefactos y objetos de piedra, hueso o madera, textiles, etc.

Se han encontrado objetos que aún se utilizan como símbolos, tales como los denominados Ojos de Dios. Las actividades religiosas y sociales fueron realizadas en medio de prácticas musicales. Destaca un conjunto musical compuesto por 32 flautas traversas, así como otro integrado por 38 cornetas. Estos instrumentos evidencian una ejecución musical colectiva en la Ciudad Sagrada de Caral.