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Las cuentas del Gran Capitán

Aun en años de bonanza recaudatoria, suele costar un potosí cerrar unas previsiones de gasto

Las cuentas del Gran CapitánEHU

Quienes hemos tenido la oportunidad de vivir desde dentro las vicisitudes de un gobierno sabemos que cuando llega la hora del presupuesto los responsables de los equipos –consejeros/as, diputados/as– afinan sus dotes de seducción para convencer a los responsables de Hacienda correspondientes y, en segundo término, a sus jefes jerárquicos, para que sean “benevolentes” con la dotación económica que se les asignará para “cuadrar” sus cuentas y proyectos. 

En ese trance no hay ni pertenencia a un mismo partido ni complicidad de amistad que valga. Todos, y recalco lo de todos, se apuntan a cantar aquello de “queremos más y más y más y mucho más”.

La liturgia presupuestaria comienza con un punto de partida en el que el “amo del calabozo”, normalmente el responsable de Hacienda, solicita de sus compañeros le hagan llegar su “carta a los reyes magos”.

La “carta al Olentzero” suele tener una doble vertiente. La puramente económica y la correspondiente a las “necesidades de personal”. Ni que decir tiene que en todas las Administraciones, el tema de las plantillas tiene una vocación de efectos gaseoso que, si nadie lo remienda puede provocar una burbuja de coste irreparable. De ahí que el filtro de la Función Pública sea, también, una de las barreras más difíciles de superar.

Una vez entregadas toda las reivindicaciones económicas, el responsable de Hacienda suele reunirse cono su superior –Diputado/a General y/o Lehendakari– a quienes les tocan la decisión “salomónica” de incentivar o no a una determinada acción política, lo que significa incrementar, mantener o reducir las dotaciones presupuestarias de los departamentos. 

A todo esto hay que señalar que para cuando se produce este momento, Hacienda y la jefatura conocen ya los niveles de recaudación. Es decir, cuánta tela hay en caja para dedicar al presupuesto. 

Aun en años de bonanza recaudatoria, suele costar un potosí cerrar unas previsiones de gasto. Las necesidades siempre son superiores a la disponibilidad económica de ahí que se tenga que hacer encaje de bolillos con herramientas varias –también con la capacidad de endeudamiento– para atender una buena parte de las demandas departamentales. 

Los años de “vacas flacas”, en los que la recaudación no crece o en el los que aparecen compromisos de pagos indeterminados y no previstos –sentencias, encarecimiento de obras y servicios…– el ajuste deja de ser amistoso y Hacienda tiene que echar mano de una herramienta poco fina. Se impone el ajuste “a martillazos”. Cuando esto ocurre y se producen partidas recortadas o desaparecidas, cuando las mínimas expectativas de tener unas cuentas aseadas para una gestión cómoda, desaparecen, llega el drama. Y en los departamentos se pueden escuchar “llantos y crujir de dientes”. Suele haber amenaza de enfados y, en algunos casos, algún afectado deja de respirar, al tiempo que busca un bis a bis con su jefe –eliminado el escalafón de Hacienda– para intentar, a la desesperada, un “arreglo” que alivie sus penas presupuestarias. Este tipo de maniobra difícilmente fructifican. Las cuentas son “habas contadas” y si alguien quiere subir será a costa de otro que tenga que bajar.

Es así como se produce el “acuerdo interno” que se ratifica aprobando el proyecto en el Consejo de Gobierno para que éste pueda ser llevado a la instancia parlamentaria correspondiente para su aprobación definitiva.

Con el presupuesto en la cámara parlamentaria que corresponda, se da inicio a una película distinta. Los partidos de la oposición descreditan el proyecto, tildándolo de “continuista”, de “poco ambicioso”, o como ha dicho un partido este ejercicio, de responder a un “modelo socialista”. Hay que ser creativo también en esto. 

Normalmente, cuando las formaciones opositoras pretenden acentuar su perfil, presentan opciones de negociación imposibles. Cuantías desorbitadas, programas inalcanzables y reivindicaciones populistas para poder acusar al ejecutivo de “no querer ningún acuerdo”. Lo curioso del caso es que quienes actúan así en nuestros lares hacen lo contrario en territorios vecinos –Nafarroa– y en el Estado, donde su apoyo presupuestario al gobierno de turno resulta prácticamente gratis. 

A tenor de los “bailes” parlamentarios en la Cámara de Gasteiz, la “falta de cortejo” vaticina que los presupuestos del Gobierno vasco saldrán adelante solamente con los votos favorables de los dos socios de ejecutivo –PNV y PSE– cuya mayoría absoluta le es suficiente para ratificar las cuentas presentadas. En los territorios, el panorama aún no se ha despejado, si bien parece claro que en este ejercicio EH Bildu será oposición en todas partes (el año pasado pactó en Bizkaia). En Araba y Gipuzkoa, la aprobación de los presupuestos está en el aire y dependerá de la voluntad del PP y Elkarrekin Podemos para validar o rechazar las cuentas presentadas. 

Lo que no habíamos visto hasta el presente ejercicio es el enfrentamiento que se mantiene abierto entre el Gobierno vasco y la Universidad pública EHU

El choque se inició cuando el rector, Joxerramon Bengoetxea, aseguró que los actuales presupuestos “llevan a la Universidad a la parálisis” y de “estar al borde del colapso” solicitando una redefinición de la aportación económica del Gobierno vasco, al que reclamó 607 millones de euros en lugar de los 337,4 previstos en el actual proyecto. 

El órdago del equipo rectoral, que tuvo la mala idea de solicitar un encuentro directo con el lehendakari apartando de su interlocución al Consejero de Ciencia, Universidades e Innovación, fue rechazado de plano por el Gobierno vasco.

No podemos olvidar que el actual consejero, Juan Ignacio Pérez Iglesias, fue antes cocinero que fraile (rector de la Universidad Vasca) y que por lo tanto domina los entresijos, las necesidades y las carencias de la EHU. Además, quien conozca a Iñako medianamente coincidirá conmigo en que se trata de una persona con un profundo sentido común, libre de expresarse cuando entiende que su función es velar por el bien común e indómito frente a la falsedad, la manipulación o el postureo,

Y, con esas premisas, entenderemos las duras respuestas que ha reservado en público al posicionamiento del actual equipo rectoral, a quien ha acusado de “dialéctica hiperbólica”, al tiempo que ha calificado los datos económicos presentados por Joxerramon Bengoetxea de “falacias”, “posverdades” y “hechos alternativos”. Pero ¿qué hace que la reacción del consejero haya sido tan dura y diáfana para echar por tierra los argumentos del equipo rectoral?

Lo ha explicado prolijamente ante la comisión parlamentaria correspondiente y también en su blog personal el consejero Pérez Iglesias. Los datos aportados por él resultan tan contundentes como incontestables.

Por poner algunos ejemplos; de la presunta necesidad de aumento de ingresos expuesta por Bengoetxea, más de 100 millones están destinados a aumento salarial. Además, otros 50 millones se destinarían a infraestructuras universitarias (nuevas o para el mantenimiento de las existentes). Y otros tantos millones –50– para “otras actuaciones estratégicas”. Es decir, ninguna de las propuestas para las que se pide más financiación tiene contenido académico.

Además, las variaciones presupuestarias solicitadas por el equipo rectoral cuando el presupuesto ya estaba cerrado alcanzan un aumento del 50%. Y eso teniendo en cuenta que la mayoría de las propuestas avanzadas por el Rector no se podrían llevar a efecto en el ejercicio de 2026. ¿Un incremento del 50% sin posibilidad real de gasto inmediato?

Finalmente no resulta verosímil que una asignación económica de 10.000 euros por estudiante –la prevista por el Gobierno– conduzca a EHU al colapso. De ser así, centenares de universidades europeas con menor financiación per cápita deberían encontrarse al borde del precipicio. Y es preciso recordar en este punto que la Euskal Herriko Unibertsitatea se encuentra entre las 400 mejores del mundo y sigue aumentando el numero de personas de su plantel investigador que se encuentran entre el 2% más citado internacionalmente.

El rector Bengoetxea, tras los contundentes argumentos presentados por el Consejero Juan Ignacio Pérez –“áspera comparecencia– ha pedido “respeto institucional” y “decoro”. 

Haría bien el máximo exponente universitario en hacer un ejercicio de realismo abandonando la demagogia. Bengoetxea y su equipo deben aterrizar en suelo firme y dejar de hacer las “cuentas del Gran Capitán”. Asumir que los recursos económicos no llueven del cielo y que gobernar significa utilizar lo que se dispone priorizando actuaciones. La “suficiencia financiera” que garantice colmar todas las pretensiones no existe. Aquí, en Euskadi, se impone el “riesgo compartido” y con él la “responsabilidad compartida”. l

*Exmiembro del Euzkadi Buru Batzar de EAJ-PNV (2012-2025)