Las palabras de este título son de uno de los artículos escritos en Tudela, en 1894, por Don Gregorio Iribas: Los derechos de Navarra. Estos artículos serían luego reimpresos por encargo de Diputación. Iribas fue doctor en Derecho, licenciado en Filosofía y Letras y decano del Colegio de Abogados.

Hace ya unos años que me dije que en lo sucesivo escribiría mis artículos sobre las piedras, pero quiero hacer una excepción con estas líneas.

Hoy, en Navarra, muchos de sus cerca de 700.000 habitantes han llegado de otros sitios y con origen diverso. A muchos de ellos, si se les pregunta sobre la historia de Navarra, a lo mejor, responderían que saben que en la Edad Media fue un reino.

Muchos navarros nacidos aquí, y descendientes de navarros, responderían lo mismo.

Pérdida de la independencia

Navarra fue un reino independiente durante mil años. El 16 de agosto de 1841 dejó de serlo para pasar a ser provincia de España. Miremos, no obstante, a lo que ocurrió aquí en la etapa posterior.

En los últimos años de nuestra independencia, el jurista y síndico Sagaseta de Ilurdoz, al que el virrey había desterrado por sus sospechosas ideas, calificó en un folleto de ilegal e ilegítimo el procedimiento de modificación de los fueros. La obra fue secuestrada por las autoridades y existen pocos ejemplares.

Sin embargo, desde 1841, y al parecer por lo que se pactó, Navarra perdió cosas muy importantes, como las Cortes, el sistema judicial, el derecho a acuñar moneda, las aduanas, la exención del servicio militar obligatorio o el derecho a nombrar a sus maestros.

Aun así, se siguieron subiendo las exigencias y los tributos más allá del pacto. Tras el llamado convenio de Tejada Valdosera no se puede vivir y hay una emigración tal que la población ahora descendía, pese a que tras las cuatro guerras y dos epidemias de cólera del siglo anterior, había seguido creciendo.

Gamazada

Al poco tiempo, el ministro Gamazo nos quiere añadir más impuestos. La gente se levanta y, en pocos días, entre una población de 300.000 habitantes se recogen 120.000 firmas, con nombres y apellidos, en defensa de Navarra. Están en el Libro de Honor de los Navarros.

Como recuerdo de aquellos acontecimientos de 1893, se erigió el Monumento a los Fueros por suscripción popular de “25 pesetas máximo y 25 céntimos mínimo”. En su base se exponen una serie de inscripciones referidas a los acontecimientos. Algunas en euskera.

Mirando entre algunos libritos que adquirí en mi juventud encuentro uno de Jaime del Burgo, padre de Jaime Ignacio del Burgo, padrino del Amejoramiento del Fuero. En dicho librito, que es una especie de guía para conocer el Pirineo navarro y Pamplona, en el apartado dedicado a la capital repasa los lugares de interés, pero no aparece el monumento a los Fueros. ¿Un olvido? Si quien podía escribir la historia lo hacía así, es evidente que la realidad quedaba para otra ocasión.

Reintegración foral plena o autonomía

Corre el tiempo y en 1917 el Ayuntamiento de Pamplona acuerda solicitar la reintegración foral plena y convoca a los ayuntamientos navarros. La mayoría está de acuerdo con la iniciativa que, en realidad, es volver a la independencia.

En el año 1931 y en varias convocatorias, la mayoría de los ayuntamientos se muestra favorable a un estatuto común para las cuatro provincias. La Diputación, en sus intervenciones, deja claro este sentir.

Se llama a las cuatro provincias vascas hermanas y gemelas. Surge el lema del Laurak Bat.

En 1866, la Diputación propone la creación de una universidad común para las cuatro provincias y participa en la creación de Eusko Ikaskuntza y de Euskaltzaindia.

El 13 de septiembre de 1918, Diario de Navarra llama a la Diputación “la más alta jerarquía de Euskal Herria”.

Viendo este ambiente se podían esperar acontecimientos que no se dieron, pero ya lo dijo Iribas: “¿No se ha visto siempre la conducta astuta y cautelosa del Gobierno procurando desunir al pueblo vasconavarro, tratando por separado con los unos y los otros, sembrando entre ellos la discordia e intentando crear diferencias para que la envidia y el recelo surgieran?”.

Miguel Javier Urmeneta, diputado y alcalde de Pamplona, decía: “Siempre hay un pensamiento político en Madrid que está interesado en decirnos que una cosa son los vascos y otra los navarros”.

Constitución

En 1883, en Tudela, se redactan las bases para una Constitución futura de Navarra, que está dispuesta a admitir la libre reincorporación de La Rioja, Vascongadas y Ultrapuertos (hoy francesa), antes navarras. Con todo, ya para 1838 en Navarra había una propuesta federalista para las cuatro provincias vascas.

Mucho antes, tras la invasión de Navarra por las tropas castellanas en 1512, y viendo la resistencia de sus gentes, se ordenó la destrucción de sus defensas; el coronel Villalba comentaba entonces al cardenal Cisneros: “Navarra está tan baja de fantasía después de que su señoría mandó derribar los muros que no hay hombre que levante cabeza”. Por eso Iribas escribió que la historia de la incorporación de Navarra a Castilla es deplorable.

Un repaso de estos acontecimientos nos deja ver que Navarra fue un país independiente durante mil años y que, como dejaron claro sus juristas, esa pérdida de la independencia fue ilegal e ilegítima. Durante los años posteriores Navarra deseó su independencia.

Independencia

Andorra es un territorio pequeño, con 80.000 habitantes y es un país independiente. Navarra podría serlo y no lo es. Se lo merece, pero, tristemente, no lo será.

Aquí y ahora, la palabra independencia es sinónimo de separatismo, pero cuando Napoleón invadió España, a la guerra posterior se la llamó Guerra de la Independencia.

Hace 130 años se editó la Cartilla Foral por el empeño de Herminio de Olóriz de que los jóvenes navarros supieran la historia anterior y posterior a la llamada Ley Paccionada de 1841. Hoy, no estaría de más que se supiera desde cuándo y cómo Navarra pasó a ser España.

Hay cosas que son difíciles de entender, como por ejemplo que oriundos navarros, que debieran conocer estas cosas, demuestren un españolismo ferviente. Pero hace años ya lo dijo Olóriz: “Es en extremo doloroso ver a un pueblo tomar lo ajeno por propio y lo propio por ajeno, actuando indiferente ante la pérdida de su personalidad”.