“Como mujeres, debemos perseguir nuestros deseos; si quieres algo, ve a por ello”
Cinco mujeres compusieron la última mesa del foro y compartieron sus vivencias en el primer sector
La tercera mesa del evento estuvo protagonizada por los testimonios de mujeres que forman parte del primer sector. Participaron Naroa Irure, coordinadora del sindicato EBEL; Maite Otaño, presidenta de la asociación Gilbe; Amaiur Barrena, alumna de Fraisoro; Ainhoa Iñarra, presidenta de la asociación de Rederas de Euskadi; y Aizpea Gozategi, alumna de Fraisoro.
Todas ellas revelaron cómo sus caminos se han cruzado con el mundo rural, así como sus diferentes puntos de vista sobre la actualidad y el futuro del sector. Otaño reconoció que aterrizó en este campo “por amor”. La familia de su marido es baserritarra y él, al ser hijo único, tenía su destino preestablecido. “Nos conocimos cuando yo era estudiante, y enseguida me adentré en la vida laboral. Llegó un momento en el que nuestra relación se asentó y decidimos formar una familia. Mi trabajo consistía en tres turnos horarios diferentes, de modo que su vida en el campo y mi situación no eran compatibles. Tomamos la decisión de construir un proyecto en común, trabajando juntos”.
Una manera de vivir
Respecto a la conciliación entre el trabajo y el ocio, Otaño opinó que el primer sector no representa únicamente un medio económico, sino que es “una forma de vivir. Tus planes dependen en gran medida de tus obligaciones en el campo, pero eso no tiene por qué ser negativo. Hay épocas del año en las que trabajas muchísimo y otras en las que estás más libre. Te tienes que amoldar, pero siempre puedes reservarte huecos para descansar y disfrutar”.
En contraposición a lo masculinizado que está el primer sector, Iñarra aportó su visión como redera, una labor que en el Cantábrico es ejercida, mayoritariamente, por mujeres. La coyuntura a la que se enfrentan no es sencilla: “Cada vez vamos quedando menos. Estamos en un proceso de regeneración, ya que muchísimos trabajadores se han jubilado. La labor es desconocida debido a su poca visibilización, lo que dificulta la entrada de gente joven”.
“Balio handia dugu. Jaten badugu, gure sektoreari esker da. Ez gara inor baino gehiago ezta gutxiago ere, baina garrantzitsuak gara”
Pese a que ser redera es muy sacrificado, Iñarra asegura que “a mí me encanta. Puede ser muy bonito”. En sus comienzos, la tradición de su familia fue clave: “Mi padre y mi hermano eran pescadores. Yo trabajaba en una cafetería, pero en Hondarribi surgió la oportunidad de entrar en el mundillo, y aquí sigo 30 años después. Ahora mismo el de Hondarribi es el puerto guipuzcoano que cuenta con más rederas. Somos catorce. El futuro laboral en el mundo del mar, pese a sus limitaciones, lo enfoco con optimismo. Veo que los jóvenes se están interesando, y alumnos de muchos colegios se acercan al puerto para descubrir en qué consiste nuestra labor”.
En el caso de Irure, estudió ADE y comenzó su andadura profesional en un banco. Por desgracia, vivió lo difícil que es encontrar un equilibrio entre la maternidad y el trabajo: “Pedí una excedencia cuando fui madre y me sucedió lo que a muchas mujeres: me marcaron con una cruz y me complicaron mucho las cosas cuando regresé. Fue entonces cuando un cliente, que era baserritarra, me habló del sindicato EBEL y de la oportunidad de trabajar ahí. Le escuché y decidí tirarme a la piscina. Lo que más me enganchó fue la pasión con la que los trabajadores del primer sector me hablaban de su oficio. Ya tengo tres años y medio de experiencia, y voy conociendo los entresijos y los problemas del ámbito rural, tratando de contribuir a su evolución”.
Una bonita alternativa
Por su parte, Barrena y Gozategi relataron su experiencia como alumnas en el centro Fraisoro. Barrena no tenía muy claro hacia dónde dirigir su futuro al terminar el Bachillerato. Su vínculo previo con el primer sector es inexistente, pero conocía casos de mujeres que se decantaron por esta vía profesional. “Les comenté a mis padres que tenía muchas ganas y que la decisión estaba tomada. Es verdad que, en general, existen muchos prejuicios sobre este sector, pero, afortunadamente, en casa me brindaron su apoyo”.
“Sektore honen inguruan aurreiritzi asko daude, baina, zorionez, etxekoek babesa eman zidaten”
Gozategi señaló que antes de entrar en Fraisoro se encontraba en un momento de incertidumbre. “Me siento muy contenta con la decisión tomada. Estoy en el primer curso. El año que viene realizaré prácticas y finalizaré. Nunca imaginé que me decantaría por esta posibilidad, pero es una alternativa bonita”.
El marido de Otaño, Joseba, vio desde pequeño a su amona vender directamente los alimentos con los que trabajaba, una tradición que él ha continuado: “Nuestro valor diferencial no es la cantidad, sino la variedad de los productos, que van cambiando en función de la época del año. Tenemos una relación muy estrecha con nuestros clientes, lo que facilita mucho las cosas. Nos encargamos del ciclo completo del alimento, desde su producción hasta su preparación y su venta”.
El matrimonio tiene un hijo y una hija, de 23 y 22 años, respectivamente: “Conocen el negocio a la perfección, sus partes positivas y las negativas. Siempre le dimos libertad para que eligiesen sus caminos, y hoy en día cada uno tiene su trabajo, ella en el sector sanitario y él en el industrial. A veces ven nuestra situación incluso con algo de envidia porque mi marido y yo hacemos todo juntos. Como he dicho anteriormente, es un estilo de vida. No tenemos una jornada laboral de ocho horas, ni vacaciones preestablecidas, pero este oficio nos ha permitido formar la familia. Nos sentimos agradecidos porque es lo que hemos elegido”.
Búsqueda de estabilidad
La incertidumbre es un factor inherente al trabajo de Iñarra: “Estamos siempre colgadas del teléfono. Si los barcos no rompen la red con la que pescan, no necesitan nuestros servicios. Se nos llama cuando se rompe. Vamos al puerto, nos extienden la red, inspeccionamos los desperfectos y los arreglamos. Durante este periodo del año, de marzo a junio, tenemos que estar muy pendientes, pues se lleva a cabo la pesca de la anchoa. Ahora mismo estamos trabajando de 08.00 a 20.00 horas. El barco no pude partir hasta que reparamos la red”. Según Iñarra, el oficio “se está profesionalizando y hay cursos para quienes deseen estudiarlo. Al final, como es lógico, los jóvenes quieren estabilidad, y ahora todo está mucho más regulado que antes”.
En relación a la mencionada estabilidad, Irure defendió que es necesaria para el primer sector, como también lo es que alcance un estatus merecido por todos los beneficios que aporta a la sociedad. “Valemos mucho. Si comemos es gracias a nuestro sector. No somos ni más ni menos que nadie, pero debemos incidir en nuestra relevancia y en que la sociedad sea consciente de ella. Si tiene que pagar más por nuestro trabajo y menos por otras cosas no tan imprescindibles, debería estar dispuesta. Por otro lado, trabajar en este sector da independencia. No hay un horario fijo, pero te puedes organizar en base a tu situación”.
A este respecto, Otaño cree que “los clientes valoran más que nunca la calidad y la cercanía de nuestros productos, aunque sea más sencillo acceder a los alimentos que están en los supermercados. Eso sí, tenemos que aprender a vendernos mejor. Lo que hacemos es rentable; se puede vivir bien de este sector. No hay que mencionar únicamente los aspectos negativos, ya que cada oficio presenta sus dificultades. Debemos abrirnos a los nuevos tiempos y adaptarnos para salir adelante”.
Barrena reconoció que, como estudiante, le entran dudas sobre cómo dirigir su trayectoria, pero afirma que “lo que estoy aprendiendo merece la pena. No estoy segura de dónde voy a terminar, pero no me faltan ganas para descubrirlo”.
De los 21 estudiantes que componen su clase, solo cuatro son chicas. “Se nota que estamos en un entorno donde los hombres son mayoría. Por suerte, tenemos varias profesoras que ejercen de referentes para nosotras”. El caso de Gozategi es aún más llamativo, ya que es la única chica de su clase.
Ante esta tesitura, en el sindicato EBEL “tratamos de hacer piña y crear un espacio sólido para que las mujeres del primer sector se sientan integradas y protegidas. Les ofrecemos asesoramiento personalizado y formación”, apuntó Irure.
Para finalizar, Barrena expuso que, como mujeres, “debemos seguir nuestros deseos y tratar de hacerlos realidad creyendo en nuestras posibilidades. Si quieres algo, ve a por ello”.
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