El arte de recomponer las malformaciones del cráneo de un bebé
Neurocirujanos del Hospital Donostia e ingenieros se alían para acortar y hacer más seguras las cirugías craneales largas y complejas en lactantes
Las manos del doctor Armendariz sujetan la réplica exacta del cráneo de un lactante, un puzzle de huesos de apenas “dos milímetros de grosor y muy elásticos”. Se trata de la cabecita de un bebé guipuzcoano intervenido en 2025 en el Hospital Universitario de Donostia. Su forma, “redondita”, poco tiene que ver ahora con la que tenía a los pocos meses de vida, después de que las suturas del cráneo se le cerraran de forma prematura, impidiendo el crecimiento fisiológico normal de su cabeza y dándole forma de triángulo: una trigonocefalia.
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"Con ayuda de ingeniería, conseguimos cirugías mucho más seguras, con mejores resultados y recuperaciones mucho más cortas”
Mikel Armendariz, el jefe del servicio de neurocirugía de la OSI Donostialdea, nos explica en qué consiste la técnica para la reconstrucción de cráneos con riesgo de malformación en un lactante. Cirugía de punta fina apoyada en ingeniería, con reconstrucciones 3D del cráneo del bebé a partir de pruebas de imagen. En resumen, planificar y simular en un ordenador antes de ejecutar al dedillo en el quirófano. Una especie de arte.
Las piezas del puzzle
El cráneo de un bebé es como un puzzle: una estructura de piezas sueltas que van suturando por sí solas con el paso del tiempo y conforman la forma final de la cabeza. Tenemos unas diez suturas y varias piezas sueltas que permiten el agrandamiento del cerebro. Solo cuando deja de ser necesario se cierran, pero uno de cada 2.000 o 3.000 lactantes padecen de craneosinostosis, el cierre prematuro de una o varias suturas del cráneo.
Y ello conlleva grandes riesgos, porque el cerebro del lactante sigue creciendo, pero el cráneo no lo hace de forma homogénea, lo que puede generar deformidades, además de riesgos neurológicos como el aumento de presión intracraneal, retraso en el desarrollo o alteraciones visuales.
Cada año se intervienen en el Hospital Donostia a “unos cuatro o cinco” bebés con este problema. El 60% son casos sencillos, que se solucionan con una “invasión mínima”, pero hay otros, “uno o dos al año”, que requieren de una planificación al milímetro por parte del equipo de neurocirugía del Hospital Donostia, compuesto por ocho neurocirujanos y cuatro residentes. Un equipo “joven, pero experimentado” que dirige Armendariz.
Aunque hay casos excepcionales motivados por cuestiones genéticas, en el 85% de los casos, no hay una causa conocida para la craneosinostosis. Es una suerte de lotería.
Girar, rotar y mover
La solución pasa por una cirugía en la que las distintas piezas que conforman el cráneo se desplazan al antojo del cirujano, de forma individualizada: milímetros hacia arriba, adelante, atrás o rotaciones. Lo que sea necesario para que la forma del cráneo sea la correcta y colocar después “un molde por fuera para que siga creciendo el cráneo de una forma lo más fisiológica posible”.
Lo que ha logrado el apoyo en la ingeniería es “reducir a la mitad el tiempo de intervención”. No más de cuatro horas en vez de siete u ocho, con “menos anestesia, menor pérdida de sangre" y reducción del riesgo de complicaciones intraoperatorias, lo que se traduce en “recuperaciones postoperatorias más rápidas”.
Antes de aplicar esta técnica, reconoce Armendariz, “la mayor parte del tiempo se nos iba en los ajustes, en el propio quirófano: con el paciente dormido, cerrabas, ponías el cuero cabelludo, mirabas y decías: vamos a adelantar un poco esta pieza o rotarla un poco más. Y esos ajustes nos llevaban la mitad de la cirugía”, explica.
“La mayor parte del tiempo se nos iba en los ajustes, en el propio quirófano, con el paciente dormido: ahora llevamos todo planificado"
Mejores resultados
“Todo eso que antes hacíamos con el paciente dormido, con el cráneo abierto, ahora lo llevamos hecho de antes. Es decir, lo planificamos con unos ingenieros por vía telemática, en 3D, y vemos cómo queda si adelantamos la órbita y los frontales equis milímetros o si rotamos una pieza; en el ordenador, sobre un modelo tridimensional”, señala.
“Y además, el ingeniero tiene en cuenta el grosor del hueso para saber cuánto podemos doblar cada pieza sin que se rompa. Y los resultados son muchísimo mejores que antes”, señala el jefe del servicio de neurocirugía.
Todo viene listo. También las guías de corte, “que son como unas diademas que se ponen, que tienen unas rayas exactamente hechas donde tenemos que hacer los cortes sobre el cráneo”, señala Armendariz. El resultado son “cirugías más cortas y con menos pérdida de sangre”, algo “importantísimo en bebés” y “eso nos aporta mucha más seguridad”.
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