El investigador Guillem Chust ha sido el autor principal de una estudio que ha contado con la participación de 39 expertos en todo el mundo y que pone en evidencia el impacto que tiene el cambio climático sobre los ecosistemas. 

La investigación desvela que la biodiversidad está cambiando de forma diferente en el Atlántico, ¿no?

Sí, aunque hay un patrón general, tanto del calentamiento como de respuesta de las comunidades ante ese calentamiento. En el Báltico y en el Mediterráneo hay un calentamiento un poquito más acelerado, mientras que el Atlántico ha experimentado una tropicalización más acentuada. La abundancia de las especies propias de aguas más cálidas aumenta de forma significativa respecto a aquellas adaptadas a aguas más frías que, en el caso del Mediterráneo y el Báltico, se nota más.

¿De qué especies habla?

Hemos recopilado más de 1.800 especies de diferentes grupos. No son solo peces, aunque lo cierto es que gran parte de los datos corresponden a ellos y hay de distinto tipo, tanto de interés comercial como no. Hay demersales, pelágicos, estuaricos... pero también hemos analizado zooplacton, invertebrados de diferente tipo, los que están en el sedimento o en sustrato rocoso, cefalópodos, algas... De forma generalizada, prácticamente en todos los grupos, excepto en los cefalópodos, de los que tenemos pocas series, hemos detectado este cambio como una respuesta al calentamiento. 

Entre ellas, ¿cuáles son las que más están sufriendo?

Un ejemplo es el caso de la anchoa. Del Golfo de Bizkaia para arriba vemos una tropicalización, es decir, un aumento de su abundancia, mientras que en el Mediterráneo encontramos una cierta disminución. Es curioso porque en el Mediterráneo vemos que la alacha o sardinella aurita, una especie más subtropical, está aumentando. Luego hay otras especies como el pez de San Pedro y el chavo, que también son subtropicales y que están creciendo en el Golfo de Bizkaia y en alguna otra parte del Atlántico, y en el Báltico y en estuarios vascos hay un tipo de pez aguja que también lo está haciendo.

“Las comunidades de hace 40 años comparadas con las de la actualidad nos dicen que la abundancia relativa de unas o de otras está cambiando”

Esto llevará a que especies que aquí no suelen ser habituales empiecen a serlo.

Eso es. Aunque no es que estén apareciendo nuevas especies en un sitio concreto o que se hayan perdido completamente otras, las comunidades de hace 40 años comparadas con las de la actualidad nos dicen que la abundancia relativa de unas o de otras está cambiando y eso se debe a su afinidad por la temperatura. 

Imagino que también afectará a las migraciones de los peces.

Entendemos que sí. Este estudio no aborda directamente las migraciones, pero sí de forma indirecta. Hay cierta coherencia de que varias especies están aumentando hacia el norte y en el Mediterráneo disminuyendo. En otros estudios publicados recientemente se ve que, por ejemplo, el verdel está haciendo la apuesta hacia el norte. Eso quiere decir que realiza una migración tropical y cuando vuelve a reproducirse escoge el mejor rango de temperaturas que, como se han calentado, lleva a un pequeño desplazamiento.

La propia pesca también tendrá que adaptarse a esta situación.

A día de hoy, los cambios que estamos detectando son relativamente pequeños para un sector que todos los años tiene que afrontar variabilidades de los stocks muchas veces más grandes que estas tendencias, pero entendemos que si el calentamiento sigue así, en algún momento el pez objetivo de ciertas flotas tendrá que dejar de serlo o ir más al norte. También puede ser que ciertas especies, en vez de desplazarse más al norte, compensen el calentamiento realizando la puesta o antes o en mayor profundidad. Las especies que no pueden de forma activa ni directa adaptarse, como el zooplacton o las algas, y que se ven obligadas a estar en condiciones no óptimas pueden perecer y viceversa, aquellas que estaban en situaciones subóptimas, pero que ahora son mejores, prosperen.

“Hay que actuar en diferentes frentes, no solo reducir emisiones, también proteger los ecosistemas para dotar de resiliencia a las especies”

Comenta que, por el momento, los cambios son pequeños. ¿Estamos a tiempo de corregirlos antes de que sean irreversibles?

Entiendo que sí, pero para ello habría que reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y la tendencia no es precisamente esa, sino que aumentan todos los años. Es muy complejo y hay que actuar en diferentes frentes, no solo en reducir emisiones, sino también en proteger mejor los ecosistemas para dotar de resiliencia a las especies para que puedan adaptarse y reducir y minimizar el impacto. En definitiva, realizar una gestión sostenible de los recurso naturales,

¿El resultado de este estudio difiere mucho con respecto a otros que se han podido realizar en otros océanos?

Cada zona tiene sus particularidades, pero es verdad que el calentamiento de los mares europeos va en línea con lo que pasa globalmente, si bien hay alguna zona del océano que se está enfriando. No obstante, no es lo mismo en las latitudes en las que nos encontramos que en la zona tropical o en puntos árticos. En cada lugar hay una particularidad y el calentamiento está afectando de forma diferente. Por ejemplo, en zonas árticas las especies que están adaptadas a climas más fríos no podrán desplazarle a otros lugares que puedan mantener su rango y las que están en el Trópico, si este se calienta más, no tendrán reemplazo. También hay que tener en cuenta que la producción primaria del océano, que es la base para todo el resto del ecosistema, varía en función de la zona, por lo tanto hay muchas variables en boga.