El puente natural de piedra, de un solo ojo, es la imagen más reconocible e impactante del legendario pueblo burgalés de Puentedey. Aunque los arcos naturales son comunes en muchos lugares, no existe constancia de ningún otro coronado por un núcleo urbano, característica que lo hace único en el mundo. No en balde, Puentedey fue declarado El Pueblo más bonito de España 2022.

Bajo el puente. Céder-Merindades y Elisa Varea

La fuerza de la naturaleza

Aunque el origen de este insólito puente es natural, horadado por el caudal del río Nela, tampoco es raro que la admiración popular, desde sus más ancestrales vecinos del poblado hasta los de la actualidad, atribuyan su hechura al dedo físico de Dios (etimológicamente, Puentedey significa Puente de Dios). Leyenda que rechaza cualquier ateo que contemple este fenómeno desde un punto de vista racional. 

Vista panorámica del pueblo de Puentedey. Céder-Merindades y Elisa Varea

El investigador naturalista sabe que con la paciencia y la tenacidad que caracteriza a las obras de la naturaleza, ésta es capaz de excavar a lo largo de millones de años un fantástico arco natural a través de la roca como es el caso de Puentedey. La naturaleza es lenta. Nunca se apresura. Poco a poco logra su trabajo porque siempre está en acción. Es más, según la profunda reflexión de Fabricio Caramanga, “Si nos detuviéramos a escuchar el trabajo de las raíces ¿quién podría dormir?”.

De hecho, un arco natural es una formación geológica fruto del mar o de los ríos. El enorme arco de piedra natural sobre el río Nela constituye el mágico y atractivo emblema del pueblo de Puentedey. Por ambas orillas del río discurre un sendero que permite observar la obra de arte de la naturaleza en todo su esplendor. No sólo con tus propios ojos, sino con nuestra comprensión y nuestro corazón.

Otra perspectiva del puente natural sobre el río Nela. Céder-Merindades y Elisa Varea

Fisonomía de Puentedey

El pueblo y su puente se ubican en un valle truncado por el propio puente. En las últimas décadas del siglo XX, Puentedey cambió mucho su fisonomía. De un paisaje formado por pequeñas fincas minifundistas, dedicadas a la agricultura de subsistencia, se ha pasado a campos cubiertos por una densa frondosidad. La agricultura y la ganadería casi han desaparecido a favor del sector servicios y una pequeña industria

En este sentido, me cuentan que hace un tiempo el alcalde de Puentedey conminó a una vecina, dueña de gallinas con las que comerciaba, a que pagara un impuesto por sus aves de corral cuyos huevos vendía al vecindario. Ella protestó ante esta alcaldada argumentando que sus gallinas eran en realidad “sus mascotas”. Quien no quiere pagar ¡siempre encuentra una excusa!

El poblado de Puentedey, habitado por apenas 30 personas, está formado por el modelo de casas rurales correspondientes a la arquitectura montañesa. Su trazado urbano es irregular. No sigue un criterio racional, pero todas sus callejuelas conducen a un punto radiocéntrico: la iglesia y la casa Torre de los Brizuela (siglo XVI)

Desde este núcleo se realizaron en la segunda mitad del siglo XX ensanches de barrios como La Bárcena y La Revilla. Un elemento anejo a las casas rurales es la era, ese espacio aledaño para trillar y aventar.

Entrada a Ojo Guareña. Céder-Merindades y Elisa Varea

Complejo kárstico de Ojo Guareña

El entorno geográfico inmediato a Puentedey posee importantes yacimientos arqueológicos. Uno de ellos es Ojo Guareña, uno de los complejos kársticos –conjunto de formas originales del relieve, que se producen en rocas fácilmente solubles: yeso, calizo, dolomías o sal– más importantes del mundo. 

Está considerado Monumento Natural Protegido –se define así el elemento de la naturaleza que no ha sido intervenido por la mano del hombre y cuyo interés geológico, histórico y paisajístico conserva un valor extremo– desde 1996 y se compone de más de 100 kilómetros de galerías modeladas por la erosión de los ríos Guareña y Trema. Estas casi 400 cavidades y sus alrededores han tenido usos múltiples a lo largo de la historia. Han servido como lugar de culto y santuario desde el Paleolítico hasta nuestros días, hábitat en la Prehistoria y lugar de reunión de Merindad durante cerca de 1.000 años.

Las abundantes cavidades existentes en este entorno sirvieron de cobijo para albergar a nuestros antepasados. Se trata de una herencia patrimonial desde el hombre del paleolítico en Ojo Guareña. En el interior se han recogido muestras de todas las culturas que se han ido sucediendo en la península durante la Prehistoria. 

Ermita de San Bernabé en la entrada a Ojo Guareña. Céder-Merindades y Elisa Varea

En varias salas se conservan grabados y pinturas rupestres del paleolítico, pospaleolítico y de la Edad de Bronce. Hay numerosos restos arqueológicos como cerámica, armas, huesos e incluso restos de huellas fosilizadas de pies descalzos de hombres prehistóricos. Sus galerías se distribuyen en seis niveles diferentes, circulando por el inferior de los ríos Guareña y Trema, que acaban por alimentar un gran acuífero subterráneo.

Entrada a la cueva Ojo Guareña. Céder-Merindades y Elisa Varea

Bienvenidos a Puentedey

El entorno de Puentedey no sólo destaca por su paisaje, sino por su diversa fauna que convive en la misma zona. Cabe destacar las aves nidificantes que se aprovechan de las cimas más altas de las montañas, como el águila real y los buitres leonados. También existen otras aves como el azor, el gavilán, el halcón peregrino y el águila culebrera. Los mamíferos también están presentes: el lirón careto, la marta, la gineta, el gato montés, el jabalí, el corzo e incluso el lobo. Mención aparte merece la población de anfibios, entre la que destacan las ranas pardas, además de la fauna cavernícola.

Las memorias de los pueblos –dicen los historiadores– se escribe con la historia en una mano y la leyenda en otra. El viajero apasionado por la naturaleza y la historia podrá descubrir, paso a paso, todos los tesoros que aún ocultan las Merindades. Y encontrará mucho más de lo que busca. Además, Puentedey y Ojo Guareña son de esos lugares donde se puede disfrutar sin prisas ni aglomeraciones turísticas de su poca conocida historia en medio de un seductor paisaje. Nada que ver con esos otros pisoteados destinos donde te urgen a visitarlos con letreros que avisan: “Paisaje pintoresco. ¡Últimos días!”.

 Visitar Puentedey y Ojo Guareña es como hacer un viaje en el tiempo varios siglos atrás, sin que ninguna Inteligencia Artificial lo falsee.