[A por ellos] "Juegos de guerra", por Mikel Recalde
La gran incógnita será saber si Matarazzo quiere jugar a los videojuegos con fuegos de artificio, o en cambio ya ha empezado la partida con fuego real
Una de las películas que más me marcó cuando era un crío fue Juegos de guerra. En la misma, que se estrenó en 1983, el joven hacker, interpretado por Matthew Broderick, cree que está jugando a un videojuego estratégico sin saber que, en realidad, ha activado un sistema militar capaz de desencadenar una guerra nuclear. Lo que parece un simple juego acaba teniendo consecuencias mucho más serias de lo que nadie imagina, con el ejército de por medio tratando de capturar al joven pirata y con algunas escenas en pantalla con supuestos misiles volando que, me imagino que ahora, parecerán como los juegos de los primeros ordenadores.
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Salvando todas las distancias y afortunadamente sin armas de por medio (esperemos) algo parecido puede ocurrir este fin de semana en el duelo de Liga entre el Atlético y la Real. En apariencia es solo un partido más del campeonato, pero en el fondo funciona como un ensayo general de lo que vendrá después: la final de la Copa del Rey que ambos disputarán el 18 de abril.
Como en la película, la pregunta que sobrevuela a este primer round es evidente: ¿van a jugar o ya están pensando en la partida decisiva? La tentación de esconder cartas puede ser grande para Pellegrino Matarazzo. Un primer enfrentamiento con tan poca separación de la madre de todas las batallas siempre puede proporcionar información valiosa al rival, y cualquier detalle podría reaparecer amplificado en la final copera. Aunque, como la diferencia entre los efectos especiales del cine actual y los de la década de los 80, hoy en día dos rivales que comparten campeonato año tras año como Real y Atlético se conocen a la perfección. En el Metropolitano tienen anotado hasta las veces y los momentos del día que va al baño cada realista. Y viceversa también, con los intervalos de tiempo bien minutados y calculados, que para eso nuestro técnico es matemático.
La Liga obliga
Pero la Liga siempre obliga. La Real necesita los puntos con más urgencia que el Atlético para mantener vivas sus aspiraciones europeas. El margen para especular se reduce y al final el resultado pesa más que el posible secretismo. Si analizas bien lo que les queda a los rojiblancos en su irregular y desconcertante temporada, lo que menos le importa ahora es el torneo del pan y la mantequilla y se va a centrar en la Champions, ya que el martes recibe al Tottenham en la ida de los octavos y a la vuelta de la esquina le aguarda una final de Copa 13 años después. Huelga decir que apoyamos al máximo a los de Simeone en su enfrentamiento europeo, ya que si se clasifican, probablemente disputarán la vuelta de los cuartos contra el Barcelona, con todo lo que ello significa, el martes 14 de abril. Solo cuatro días antes de la cita en La Cartuja.
Actores secundarios
A nadie se le escapa que en el encuentro de esta tarde van a tener oportunidades actores que en la actualidad son secundarios porque ambos equipos llegan tras disputar entre semana la semifinal que les dio el billete para la final de Copa. Las piernas pesan. Confiemos en que la mente logre evitar por el momento empezar a proyectarse hacia la cita de abril.
Por eso el partido tiene algo de simulación estratégica, casi como una pantalla de prueba. Un choque de trenes, finalistas, que puede parecer menor, pero que puede valer para medir fuerzas, probar ajustes y detectar debilidades.
La estratagema de Toshack
John Toshack, que era tan inteligente y zorro que le permitió convertirse en un experto del arte de la guerra, consiguió convertir en una obra de autor el título de Copa que logró con la Real en 1987. Fue en la conocida como la temporada interminable, con los terribles play-offs que determinaron los distintos objetivos. Tras esas 34 jornadas de liga regular de 18 equipos, la clasificación se dividió en tres bloques de seis equipos, y cada uno de ellos disputó una particular liguilla, lo que acabaron siendo diez jornadas más. Los seis primeros jugaron por el título; los clasificados del 7 al 12, por un puesto en la Copa de la Liga; y los clasificados del 13 al 18, por evitar las tres plazas de descenso. Todo ello, sumado a la puntuación con que se cerraron las primeras 34 jornadas. Una cosa de locos. Se ve que por aquella época también le daban bien al coco en la TIA de Mortadelo y Filemón donde se regían los entresijos del fútbol español. Qué artistas, al año siguiente recuperaron de urgencia la normalidad.
En la penúltima jornada, se dio la curiosa circunstancia de que la Real visitaba el Calderón solo trece días antes de la final de La Romareda. El galés no quiso regalar ninguna pista y alineó a un equipo de circunstancias en el que destacó el debut de Santi Martín, aita de Jon, acompañado de muchos canteranos poco habituales como Aldalur, Irazoki, Barral, Etxegoena, Sevillano… Los chavales cayeron goleados 5-1, pero solo dos semanas después, sus primos de Zumosol lograron la hazaña de ponerse dos veces por delante ante un Atlético que era un equipo con mayor calidad individual, gracias dos golazos de López Ufarte y Txiki Beguiristain. El equipo supo sufrir y aguantó hasta la tanda de penaltis, donde sabía que Arconada iba a decantar la final a su favor. Como así fue. Casi paró los cuatro penaltis que le lanzaron… Poca cosa al aparato.
El ejército de Matarazzo
Fútbol, ideas claras, personalidad, calidad individual, carácter y fe hasta el final. Me tranquiliza y me ilusiona constatar que el ejército de Matarazzo reúne las mismas cualidades que aquel equipo campeón, que seguro que se va a presentar a la cita después de intentar asestar un primer golpe y reforzar así la convicción de que otro título se encuentra al alcance de la mano de nuestra legendaria Real. Lo curioso es que son otros tiempos e igual esta vez sucede todo lo contrario, que como ante el Athletic jugaron tantos canteranos, diez en total, esta vez la alineación novedosa de Matarazzo en rotación esté plagada de foráneos aspirantes a ser titulares en Sevilla.
Como en la película Juegos de guerra, la gran incógnita será saber si Matarazzo quiere jugar a los videojuegos con fuegos de artificio, o en cambio ya ha empezado la partida con fuego real que de verdad nos tiene a todos locos ahora y que abriría de nuevo las puertas del Olimpo txuri-urdin. Si hay que elegir, yo me decanto por el lema del entrenador derrotado en Zaragoza por Toshack: “Ganar, ganar y ganar”. Todo a su tiempo y, al contrario que en aquella ocasión a orillas del Manzanares, este partido importa y mucho. ¡A por ellos!
