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El viaje de Orri Óskarsson

Tras un calvario de lesiones, dudas y críticas, el delantero islandés renace en la Real y parece confirmar que su fichaje de 20 millones fue una inversión que late más fuerte que nunca.

El viaje de Orri ÓskarssonReal Sociedad

La trayectoria de Orri Óskarsson en la Real Sociedad bien podría escribirse hasta la fecha como una parábola de paciencia, resiliencia y determinación. Fichado en agosto de 2024 por 20 millones de euros, una cifra que el propio mercado catalogó de “inflada” para un atacante joven y sin trayectoria asentada en clubes de máximo nivel, el islandés no ha tenido un camino fácil en Donostia desde el primer día hasta hoy, que parece por fin acercarse a las expectativas que generó su contratación.

un inicio difícil

La temporada 2024-25 fue dura para el delantero islandés. Y eso a pesar de sumar 37 apariciones, una cifra nada desdeñable, aunque tan sólo catorce fueran de titular, con un total de 2.134 minutos jugados, en los que solo anotó siete goles y dio una asistencia. Fue un rendimiento a la baja para un jugador que llegaba con expectativas de gol y proyección ofensiva.

A esto se sumaron las constantes lesiones musculares que le privaron de la necesaria continuidad para adaptarse en la dinámica de un nuevo equipo y de una nueva liga. En ese contexto, Jokin Aperribay tampoco ayudó demasiado al no tener reparos en afirmar de forma tajante incluso antes de su aterrizaje que su “delantero centro es Oyarzabal”, algo que sin duda no ayudó a un joven ilusionado recién llegado.

Del mismo modo, el entrenador Imanol Alguacil, entre ironías y seriedad, a menudo dibujaba una realidad objetiva: que el joven atacante aún tenía camino por recorrer para consolidarse como goleador exteriorizado. “No está preparado todavía, le queda mucho camino por recorrer”, se cansó de repetir el oriotarra.

Una lesión en el tramo final del campeonato, cuando Sadiq se había marchado cedido y era la única alternativa posible al capitán, le dejó sin participar en el tramo final del campeonato.

el esperado renacer

La presente campaña, a primera vista, se presentaba otra vez complicada para Óskarsson. Con problemas musculares persistentes, incluidas un par de recaídas, y sin un lugar claro en el once, muchos presagiaban más dudas que certezas. Sin embargo, cuando ha tenido minutos, el islandés ha ido aprovechando cada segundo, a pesar de no haber podido completar una pretemporada al mismo ritmo que sus compañeros.

En apenas 239 minutos disputados en la Liga, Óskarsson ha marcado cinco tantos, lo que se traduce en una media espectacular de un gol cada 47,8 minutos disputados. Ese dato, por sí solo, empieza a revertir narrativas y estadísticas previas. Y eso que antes de caer lesionado, ya había anotado un ilusionante gol ante el Espanyol al finalizar de primeras una buena asistencia de Oyarzabal, con el que está condenado a entenderse para hacerse un hueco en el once.

El mismo futbolista islandés lo ha reconocido en varias ocasiones. En una reciente entrevista con Euskal Telebista,Óskarsson afirmó con entusiasmo: “Creo que cada día tengo mejores sensaciones y más confianza y sí creo que es mi mejor momento esta temporada, pero quiero más”. Sobre su larga ausencia por lesión y su regreso con impacto inmediato, añadió: “He tenido muchas lesiones y quiero ayudar al equipo al máximo. El gol contra el Alavés fue muy importante, porque fue el primero después de la lesión y también porque sirvió para clasificarnos para las semifinales”.

No ha rehuido hablar del cariño que ha encontrado en la grada y la atmósfera que se ha construido alrededor de su figura. Con una sonrisa franca, explicó: “Es muy popular, ¿no? … Quiero dar las gracias a la afición por cantarla, después de cuatro meses de no jugar nada por la lesión. Creo que es muy bueno para mí y para el equipo”, en referencia al cántico que la hinchada ha adoptado como símbolo de cariño hacia él.

Goles clave

La confirmación del relato de Óskarsson no solo se mide en cifras, sino en momentos memorables: su gol en Vitoria, que selló el pase de la Real a semifinales de Copa del Rey, fue clave para revertir la narrativa sobre su aporte ofensivo en partidos de responsabilidad. Ya en la Liga, en el duelo contra el Elche, apareció en el minuto 89 para marcar el 3-1 definitivo, desatando el delirio en Anoeta y propiciando que ese cántico que hasta entonces era anécdota en redes se convirtiera en himno espontáneo de la afición incluso emitido por la megafonía por el propio club. El pasado sábado, su doblete ante el Oviedo consolidó un momento de fe colectiva, transformando lo que había sido largas jornadas de incertidumbre en un verdadero Carnaval en Anoeta, como describieron varios aficionados, algo que le ha ayudado a revertir una situación deprimente y alicaída como la del inicio del curso.

Apoyo vestuario

Más allá de imágenes estéticas o estadísticas aisladas, lo que distingue a este renacer de Óskarsson es la percepción interna. Compañeros, técnicos y analistas hablan ahora de un atacante que “vive del desmarque y la definición”, un perfil más letal cuanto más simple y directo es su enfoque ofensivo. Esta lógica, repetida entre analistas tácticos y entrenadores de ataque, explica en parte por qué su efectividad por minuto jugado es superior a la mayoría: sabe aprovechar sus apariciones con instinto puro.

Además, su evolución personal se ha reflejado en su actitud: en pretemporada, antes de la temporada 2025-26, confesó con sinceridad: “Quiero ser uno de los mejores del equipo y de la Liga”. Y precisó que se sentía en “el mejor momento físico de su vida”. Sobre crecer tras una campaña difícil, reflexionó: “Lo más importante cuando las cosas no salen como quieres es entender y asumir la situación… Simplemente tuve que aprender a controlar mis emociones… Y creo que ha sido importante para mí crecer como jugador y como persona”.

Su competencia directa y capitán, Mikel Oyarzabal, siempre le ha defendido en público y le ha arropado en privado: “Orri sabe lo que es esto. Está tranquilo, todos estamos con él y cuando le toque a uno u otro lo importante es que el equipo tire para adelante y estoy seguro de que va a tener momentos en los que nos ayudará a todos. El haber hecho un desembolso como se hizo por él, con 20 años, en un 30 de agosto, deprisa y corriendo, no le ha ayudado. Creo que él lo sabe y nosotros también entendemos esa situación, que es difícil, pero creo que está capacitado y nos va a dar. Es distinto, o sea, es delantero, entonces muchas veces los delanteros, por mucho que hagan un mal partido, si la ocasión que tienen o las ocasiones que tienen las marcan, de poco se va a hablar o vais a hablar fuera si consiguen meter las dos ocasiones. Entonces pienso que Orri eso lo tiene y creo que es un chico que, aparte de que le gusta aprender, le gusta informarse de lo que pasa, intentar aprender el idioma, estar abierto a todo lo que es Donosti, la Real, la cultura, y eso también le ayuda”. Mayor respaldo que ese y viniendo de quien viene, imposible. Y seguir el ejemplo de su compatriota Alfred Finnbogason, aunque este no llegara a cuajar, era una buena elección.

De la decepción a la ilusión

Lo que hace apenas un año era un debate sobre si su fichaje de 20 millones de euros no se ajustaba al precio real (algo que admite poca discusión), hoy se ha transformado en una historia de superación que conecta con suafición de manera visceral.

La Real Sociedad ha encontrado en él no solo goles eficientes, sino un símbolo de resiliencia: un delantero que ha sabido convertir el dolor de la lesión en energía para celebrar con la grada, que ha transformado críticas en cánticos, y que ha demostrado que la confianza, cuando es respaldada por trabajo constante, puede germinar en momentos inolvidables. Nunca ha perdido la sonrisa, ni la confianza en sus posibilidades, ni el cariño de sus compañeros ni la fe de sus entrenadores. 

Y en esas está ahora Orri Óskarsson: “Feliz”, “agradecido a la afición”, con “más confianza cada día” y con la clara intención de que este capítulo, el del resurgir, sea solo el prólogo de algo aún más grande. Ahora habrá que esperar su aparición en los días grandes, cuando aparecen los mejores...