Tribuna txuri-urdin: "El Día de la Marmota"
Ni rivalidades, ni árbitros, ni mercado: a partir de hoy y al menos hasta mayo, sólo toca hablar de fútbol
Quien más quien menos se ha tragado ya, en alguna larga tarde de sofá, la película Atrapado en el Tiempo, con Bill Murray como protagonista despertando un día tras otro en la mañana del mismo 2 de febrero. Es decir, en el Día de la Marmota. Lo celebraron ayer en Pensilvania, en Estados Unidos, mientras aquí en Gipuzkoa asistíamos a algo muy parecido, aunque en clave futbolera y multiplicado por tres. Pasa siempre, después de cada derbi, que nos perdemos en rencillas y disputas absurdas. Pasa siempre, después de cada polémica arbitral adversa a nuestros intereses, que elevamos a fundadas quejas lo que en otros equipos y aficiones reducimos a meros lloros. Y pasa siempre, en el cierre de cada mercado, que vemos en los posibles fichajes una solución idílica para todos los males propios. Afortunadamente, hoy martes todas estas circunstancias habrán empezado ya a quedar atrás. ¡Por fin! Ahora, a lo importante. Ahora, al juego.
Una puerta clave
Al fin y al cabo, la Real cruzó el domingo en San Mamés el umbral de una puerta clave. La inercia positiva que le acompañaba hasta su aterrizaje en Bilbao dejó de sonreírle. Ante el Athletic, de hecho, terminó saliendo mal casi todo aquello que podía torcerse. Y normalmente partidos así suelen adentrar al equipo implicado en fases más verdaderas de sus temporadas. Sí, ya sé que tocan ahora unos cuartos de final de Copa. Pero con los dos puntos que se perdieron en el derbi todavía atravesados, la cabeza se me va directamente a los partidos que esperan en Anoeta frente a Elche y Oviedo, emparedando ambos la complicada salida al Bernabéu. Soñar con la zona noble exigirá ahí sumar seis de seis. Y los txuri-urdin deberán hacerlo rodeados de la dificultad que implica lo cotidiano. Si se consiguen, serán victorias logradas más desde el fútbol que desde la energía, después de un giro en la campaña que tampoco tendrá por qué resultar negativo: la pizarra del míster parece rica y ofrece sus soluciones.
Matarazzo se lo trabaja
Lo que vendía ayer, en el Día de la Marmota, era censurar el evidente teatro de Paredes, despotricar contra Cuadra Fernández o lamentar la supuesta escasez de refuerzos que implica la solitaria llegada de Wesley. Poco importaban los movimientos tácticos de Matarazzo pensando en el derbi. Unos movimientos que, proyectados a futuros compromisos, nos llevarán al éxito, al fracaso o a una tibia tierra de nadie. Desde el 3 de febrero y hasta finales de mayo, procede centrarse en el balón, en cómo introducirlo en la meta rival y en cómo evitar que entre en la de Remiro. Y ahí un servidor se proclama moderadamente optimista con el trabajo de un técnico que no ha llegado a la Real y a la Liga cual extraterrestre. Respeta la filosofía del club y cree más en su trabajo que en lo que le traigan de fuera. Demuestra, además, saber adaptarse a un nuevo campeonato y a las peculiaridades de cada adversario, matizando los planes de partido sin desnaturalizar nunca a su escuadra. Y defiende, con buen criterio a mi entender, que su labor en la entidad implica un proceso cocido a fuego muy lento. Hacíamos cuentas, en el párrafo anterior, acerca de cómo engancharnos a la pelea europea. Pero aplaudo, aunque parezca contradictorio, que el entrenador no quiera correr hacia el objetivo, sino construir una base sólida para su consecución. Igual tiene que ser en 2027.
En San Mamés
Me gustó ante el Athletic la idea del cuadrado mágico en el centro del campo: Gorrotxa-Soler de pivotes, y Sucic-Marín por delante. Salió bien hasta que el rival se ajustó. También resultó productivo el papel profundo en las bandas de Aramburu y de Sergio, punto de partida para que un Guedes estelar hiciera diabluras desde los pasillos interiores. Y lamenté igualmente el error de cálculo de Matarazzo con la presión del adversario. Por mucha resaca europea que arrastraran, a los de Valverde les dio para apretar con vigor durante 90 minutos. Así que la idea de ganar en control con el paso del tiempo, apostando por peloteros como Turrientes, Brais o incluso Wesley, no evitó los agobios finales, con diez y con once. Una lástima.
