Nada. La Real no ha aprendido nada desde el pasado mes de abril, cuando hizo el ridículo en Vitoria, lo que provocó un enfado tan monumental en las altas esferas que Imanol decidió que no merecía la pena seguir. O lo que es lo mismo, que era preferible evitar hacerse daño después de lo mucho que habían disfrutado. Ocho meses después, con un entrenador y un director deportivo nuevos y con la certeza de que la Real nunca disfruta en Mendizorroza, donde le persigue el mal fario con lesiones, la mala suerte por no vencer a pesar de ser superior muchas veces y la falta de inspiración de la mayoría de sus jugadores, a los que saben anular los locales, los blanquiazules cometieron los mismos errores y volvieron a perder. La realidad es que los alaveses, que siempre cuentan en sus filas en los últimos años con actores secundarios formados en Zubieta, son plenamente conscientes de cómo desconectar, agobiar y hacer mucho daño a sus vecinos hasta el punto de no pasar casi ningún apuro y de disfrutar de suficientes ocasiones como para desnivelar la balanza. Su punto fuerte o planteamiento es incidir sobre todo en la estrategia, lo que sin duda es el gran punto flaco de los donostiarras, tanto en defensa, ya que le rematan todo, como en ataque, donde siguen sin marcar goles. Pero lo grave es el primer punto, la faceta defensiva. Por lo tanto, estaba prohibido cometer infracciones en los aledaños de Remiro. ¿Qué hicieron los blanquiazules a lo largo de todo el encuentro? No parar de hacer faltas absurdas que acababan en ocasiones y hasta en el penalti del gol. Incomprensible. Es cierto que Alberola colaboró de forma indiscutible, al pitar cualquier contacto exagerado por los albiazules, pero la torpeza de los visitantes fue tan reincidente como desesperante. Por si fuera poco, ya en desventaja en el marcador, no remataron entre los tres palos en toda la segunda parte, lo que confirmó que no había aprendido nada durante este tiempo. 

Sergio Francisco confió en los mismos que plantaron cara al Villarreal con la sorpresa de la continuidad de Sadiq. Lo curioso es que parecía que lo que buscaba con la insistencia en el nigeriano era su supuesto juego de espaldas y su capacidad para proteger y mantener la pelota. Y la única evidencia es que, entre otras muchas cosas más, para eso no sirve. No es un 9 de referencia, no juega de espaldas, no aguanta los balones, no es capaz de ejercer de boya... El resto fueron los mismos, con la recuperación de Aramburu. Lo más inesperado, por supuesto, siguió siendo la suplencia de Barrenetxea, de largo el realista más destacado de lo que llevamos de temporada. Con los mejores y los que suelen encontrarse en un óptimo estado de forma suele ser más sencillo ganar este tipo de encuentros.

Si contra los equipos de Marcelino sabes que te vas a encontrar un rival con un 4-4-2, en Mendizorroza sabes que te aguarda un encuentro de perros, con un anfitrión que te espera en su campo, que no te concede ni lo más mínimo, que muerde en cada pelota, que no duda en hacer una y otra falta con y sin balón y que busca provocar el balón parado cerca del área para sacarle partido. Como ejemplo, el duelo del año pasado que se decidió con un tanto de Tenaglia a la salida de un córner. Por lo tanto, estaba prohibido cometer faltas cerca de los dominios de Remiro, algo que incumplieron los realistas en todo momento. En la mayoría de ellas los alaveses generaron peligro porque el sainete en defensa de la Real en estrategia clama al cielo. Al menos, en esta ocasión sí que fue capaz de generar oportunidades en ataque en un saque de esquina que cabeceó Soler y sacó con un paradón Sivera y en una falta lateral que sirvió Sergio Gómez y Jon Martín envió con la testa al palo. Esos fueron los acercamientos txuri-urdin antes del entreacto, a los que hay que sumar una carrera de Guedes a pase de Brais nada más iniciarse el encuentro pero que cortó Tenaglia antes de que pudiera disparar. 

El Alavés encontró un filón en su banda derecha, donde Sergio Gómez hizo aguas ante Calebe y, después de los sustos de Lucas Boyé o del propio brasileño, llegó la última acción de la primera parte. El saque de esquina no lo despejó Sergio y el balón le golpeó a Aritz en el brazo que tenía extendido al estar agarrando a un rival. Penalti de VAR y gol de Boyé al entrar su lanzamiento por debajo de Remiro. Una pena porque había acertado sus intenciones. Lo peor que podía pasar, sucedió. Porque todos sabíamos lo que iba a acontecer en Vitoria cuando te pones por debajo en el marcador. 

Y lo que pasó es que el Alavés se encerró en su campo, no paró de detener el juego, exageró cualquier contacto que siempre pitó Alberola y, por si fuera poco, cuando atacó, fue capaz de generar mucho más peligro que los realistas. Y esto último fue sin duda lo más grave. La única manera de descolocar y sorprender a los locales era robar en campo contrario y atacar de forma vertical y sin dar muchos toques, pero la parsimonia de sus centrocampistas resultó indignante. Así era imposible. 

Boyé, que es un 9 de verdad y que ha estado en el mercado durante mucho tiempo sin que nadie de Zubieta le llamara, dispuso de tres buenas ocasiones para anotar. Rebbach también puso a prueba a Remiro y después no atinó por poco. Mientras que la Real, ya con Barrenetxea, a quien se le fue un disparo fuera tras un pase que era una piedra de Kubo, dominó y atacó sin asustar a nadie. Karrikaburu disparó dos veces, Barrenetxea se equivocó al meter la cabeza en lugar de finalizar con el pie y Caleta-Car estuvo cerca de empatar en el descuento, aunque todo sin claridad, juego, ideas ni inspiración y a la desesperada. 

La Real volvió a perder en Mendizorroza cometiendo los mismos errores que hace ocho meses. Y que muchos años anteriores. Sin un 9, sin gol, sin estrategia y sin un plan como respuesta a lo que te ibas a encontrar en un escenario donde se ha repetido la tragedia en demasiadas ocasiones, el resultado es desesperante. Vuelven las urgencias, los agobios y el ruido del afilador... Mendizorroza sigue siendo un estadio maldito y continuará siéndolo si no se encuentran soluciones para evitar este tipo de sonrojos que sofocan a cualquiera...