Tribuna de prensa

Real Sociedad | Tribuna de prensa de Marco Rodrigo: Sigue mereciendo la pena

17.12.2020 | 01:12
Robert Navarro, debutante ayer, encara a Pjanic en un lance de la segunda mitad.

Perdiendo anoche, la Real nos proporcionó una buenísima oportunidad para destacar hoy lo orgullosos que estamos de ella

Si no fue anoche, no sabemos ya cuándo será. Y no me refiero a ganar en el Camp Nou. Me conformo incluso con puntuar. Desconozco si el rival que hubo enfrente era una Barça menor. Parece evidente que sí era un Barça en transición, que trata de adaptarse al fútbol moderno implementando a su juego un ritmo más alto. De momento, los culés se quedan a medias en el camino hacia el citado objetivo, porque les cuesta correr durante un partido entero. Normal, teniendo a Messi en sus filas. Dejan atrás un calendario similar al de la Real. Más suave incluso, ya que ellos han podido rotar en Europa. Y, sin embargo, ayer vieron fundidos en la segunda parte cómo aviones blancos y azules les rebasaban por todas partes. Terminó la cosa en derrota por lo de siempre. 45 minutos sobresalientes le dieron al rival para hacer dos goles. Cuando los nuestros fueron superiores, mientras, carecieron de acierto. Lo de Isak empieza a preocupar.

Me imagino a Koeman en su despacho esta semana, sonriente, feliz y aliviado. Quedan dos días para que la Real visite Barcelona. Toca preparar el partido contra los txuri-urdin. Y al técnico neerlandés se le ilumina la mirada. No es cuestión de nivel. No se trata de si el equipo de Imanol es bueno, malo o regular. De hecho, los vídeos dicen que el momento de los guipuzcoanos resulta sobresaliente. Y, sin embargo, el amigo Ronald está contento, porque puede preparar y entrenar cosas que otros días ni se plantea trabajar. No, no es cuestión de nivel. Es una cuestión de propuesta. No le abundan al Barça los rivales abiertos y descarados. Por eso anoche entrenador y futbolistas culés hacían palmas con las orejas. Conscientes de que el tiro les podía salir por la culata, sabedores de que enfrente tenían potencial suficiente para sufrir horrores, seguro que firmaban con los ojos cerrados encarar contextos semejantes todos los fines de semana.

No. No están acostumbrados en Can Barça a que un visitante les suelte al lateral a por Jordi Alba. No están acostumbrados a que un visitante les plantee un uno para uno a campo abierto. Y, sin embargo, el Barcelona pareció anoche plenamente prevenido de que así iba a suceder. A la espalda de Gorosabel situó a Braithwaite, su atacante más potente y vertical, para buscar las cosquillas a Zubeldia. Diseñó Koeman además una especie de doble punta con Messi y Pedri, sin un delantero de referencia. Y mediante argentino y canario se las arreglaron a menudo los culés para recibir detrás de Zubimendi, donde le hace pupa a la Real. Así, pudieron enlazar pases cerca del área. Pudieron ejecutar una rápida y voraz presión tras pérdida. Impidieron salir en corto a su rival. Fueron, en definitiva, mucho mejores durante el primer tiempo.

Pero siguió el partido igual tras el descanso. Y lo que antes era negro se volvió blanco, o al menos gris, para los de Imanol. Dentro de un duelo disputado a degüello, con dos equipos lanzándose a la yugular del oponente, el cuadro blanquiazul mostró una capacidad física muy superior a la del Barcelona. El equipo de Koeman quiso seguir haciendo siempre lo mismo: apretar arriba. El paso de los minutos implicó, sin embargo, la aparición de importantes vías de agua en su estructura. El pase vertical y tenso de Remiro a Willian José, inconmensurable ayer, bastó a los txuri-urdin para girar al rival y ponerle a correr hacia atrás. Ayudó también al asedio la poca contundencia local en la defensa de los aledaños de su área. Pero está visto que, por lo que sea, los goles ahora mismo no le sobran a esta Real. Marcó el 0-1 tras forzar un córner con un golpeo directo de Remiro y le empataron poco después en una pérdida por intentar salir en corto. Echó en falta a un depredador del área. Cayó derrotada. Y aún así nos proporcionó una buenísima oportunidad para subrayar hoy lo orgullosos que estamos de ella. Sabe perfectamente lo que quiere. Es siempre fiel a sí misma. A veces la osadía se le vuelve en contra, como anoche en la primera parte. Pero a mí me sigue mereciendo la pena. Ahí está todo un Barcelona, intentando empezar a jugar a algo parecido y sufriendo en sus carnes los efectos de semejante metamorfosis. Por mucho que se quedara con los puntos.