El VIII Congreso de Ikasle Abertzaleak supuso un antes y un después para el sindicato hegemónico en la enseñanza en euskera. Durante la cita celebrada recientemente en la navarra Berriozar –en el mismo lugar en el que nació la organización hace 37 años como frente estudiantil en el seno de la izquierda abertzale–, su militancia tomó una decisión de calado: continuar su actividad bajo el nombre de Euskal Herriko Ikasle Antolakunde Sozialista (IAS). Toda una declaración de intenciones.
El cambio de nombre no es una decisión aislada ni meramente formal, sino que refuerza la línea política y estratégica comunista que Ikasle Abertzaleak ya había adoptado en su séptimo congreso. La actividad desarrollada en torno al sindicato y a otros espacios juveniles, como los gaztetxes, fue dando forma a un nuevo espacio político que pasó a denominarse Movimiento Socialista, un movimiento que ha logrado consolidarse fuera de la influencia de la izquierda abertzale y ganar fuerza en determinados sectores, especialmente a través de la creación de Gazte Koordinadora Sozialista (GKS) en 2019 y el surgimiento de Euskal Herriko Kontseilu Sozialista (EHKS) en 2023.
El congreso celebrado en Berriozar culmina un proceso de distanciamiento con EH Bildu que, según explican desde el movimiento, se inició, precisamente, hace aproximadamente una década en el seno de Ikasle Abertzaleak. Tras el fin de ETA, y en un contexto marcado por la crisis económica de 2008, varias generaciones de jóvenes y estudiantes cuestionaron el giro político emprendido por Sortu –principal motor de EH Bildu– hacia posiciones más pragmáticas.
Dos modelos diferenciados
Ese distanciamiento tuvo uno de sus hitos más visibles en octubre de 2018, cuando Ernai escenificó públicamente la ruptura con Ikasle Abertzaleak en una comparecencia celebrada en el campus de EHU de Donostia. “La visión política y la práctica han divergido significativamente. Los acuerdos que sustentaban las condiciones para su mantenimiento se han roto”, anunciaron entonces representantes de las juventudes de Sortu, certificando una fractura que ya venía gestándose.
El auge del Movimiento Socialista, un espacio político ajeno a la izquierda abertzale, ha llegado a preocupar en EH Bildu. La formación se mueve entre la necesidad de presentarse como una fuerza de gobierno capaz de alcanzar acuerdos, principalmente con los gobiernos de Navarra y el Estado liderados por el PSOE y, al mismo tiempo, la de conservar su base más radical. Asimismo, necesita garantizar su propia gobernabilidad en las decenas de ayuntamientos que gobierna en toda Euskal Herria y, sobre todo, en el Consistorio de Pamplona, la joya de la corona.
La moderación, sin embargo, no termina de calar entre una parte de la juventud que tradicionalmente ha sido más radical que sus mayores, aunque sí le reporta a la izquierda abertzale grandes beneficios en el plano electoral, en el que, comicios tras comicios, ve incrementada su fuerza. Todos los estudios demoscópicos apuntan, además, que EH Bildu continuará surfeando en la cresta de la ola.
La decisión de abandonar el nombre histórico de Ikasle Abertzaleak no ha estado exenta de polémica. Algunas voces del entorno de la izquierda abertzale han acusado a la organización de diluir la reivindicación independentista y de adoptar posiciones calificadas como “españolistas”. Frente a estas críticas, tanto IAS como el conjunto del Movimiento Socialista sostienen que la autodeterminación y el Estado Socialista Vasco siguen formando parte de sus objetivos estratégicos. Defienden, no obstante, que dichos objetivos solo serían viables mediante una estrategia internacionalista y revolucionaria, y no a través de la vía institucional que le achacan a EH Bildu, y por extensión a Ernai, referente juvenil de Sortu. Lo explica Edurne Abaigar, portavoz de GKS.
Desde esta óptica, los comunistas rechazan la evolución de la izquierda abertzale, a la que reprochan haberse integrado en las instituciones del Estado español y haber asumido una estrategia autonomista. Consideran el proyecto de EH Bildu como “etapista” e “interclasista”, que, según este planteamiento, subordina las reivindicaciones de la clase trabajadora a alianzas con las instituciones y con las burguesías autonómicas.
La portavoz señala que la juventud se enfrenta a varios grandes problemas, entre ellos el empobrecimiento de la clase trabajadora, que “en el caso de los jóvenes se traduce en precariedad laboral, salarios bajos, empleos temporales, dificultades para planificar el futuro y para acceder a la vivienda”. También menciona el auge del fascismo como respuesta a la crisis y la escalada bélica y la expansión del militarismo, que achaca tanto a formaciones conservadoras como socialdemócratas.