Colaboración

¿Qué pasa en Birmania?

06.04.2021 | 00:28

¿Qué hay detrás de este golpe? Lo de casi siempre. En cuanto comenzó a establecerse un sistema político democrático, la casta militar ha dicho "basta"

Birmania ocupa el lugar 145 de 189 países, según el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (2019). El nombre oficial es República de la Unión de Myanmar desde 1988, pero el nombre sigue siendo cuestionado. De allí nos llegan noticias de un lugar en el que poco interés despierta en la comunidad occidental.

Por ejemplo, cuando las protestas de la plaza de Tiananmén (1989), en Pekín, un joven se puso delante de una columna de tanques protestando contra la represión china, la foto se convirtió en un icono mundial de la libertad frente a la represión. Sin embargo, hace pocas fechas una religiosa católica hizo lo mismo ante una compañía militar que se disponía a masacrar a un grupo de manifestantes cuando protestaban de forma pacífica. Y la foto ya pertenece al olvido, aunque la hermana Ann Nu Thawng, con lágrimas en los ojos y de rodillas, logró parar con su coraje a los uniformados que no supieron reaccionar ante su valentía logrando que cien personas se salvaran de ser ejecutadas a sangre fría.

¿Qué está pasando en Birmania? Los militares se resisten a dejar el poder que les queda, aprovechando algo que es recurrente cuando un ejército da golpes de Estado: la existencia de un gran contraste entre las áreas urbanas y rurales, entre riqueza y pobreza con una precariedad laboral que, en este caso, se convierte en cuasi esclavitud en las fábricas textiles con grandes multinacionales detrás que se benefician de los salarios de miseria y horarios de sol a sol en medio de una tasa de corrupción elevada. Los ciudadanos de a pie no tienen generalizado el acceso a la justicia y los sobornos a jueces y fiscales están al orden del día.

¿Qué hay detrás de este golpe? Lo de casi siempre. En cuanto comenzó a establecerse un sistema político democrático, la casta militar ha dicho "basta". A partir del 2011, los militares y los civiles acordaron implementar reformas democráticas. Las elecciones de noviembre de 2020 resultaron ser otra victoria del partido Liga Nacional para la Democracia (LND), de Aung San Suu Kyi, a partir de la cual estaba previsto dar otro paso más hacia la democracia plena.

Tras esta victoria electoral es cuando los militares deciden "preservar la estabilidad" de su país, es decir, la suya, y fuerzan el golpe de Estado el 1 de febrero pasado, a pesar de varios años experimentando el país algunos de los beneficios de la democracia. Pero los mandos militares se sintieron amenazados por la implementación de más reformas democráticas, pues temieron que les quitaran el poder que disfrutaban. Y entre medio de esta frágil cohabitación, el conflicto político-religioso con la minoría musulmana rohinyá que lleva décadas sufriendo un genocidio de libro.

Mientras Estados Unidos y la Unión Europea han impuesto sanciones a la junta militar, los chinos no acaban de condenar el golpe y Rusia muestra su apoyo explícito al general en jefe, Min Aung Hlaing que cuenta con el apoyo implícito de otros países como India, Pakistán, Laos, Tailandia€ Quien más, quien menos ven al país solo como un nicho de negocio y de influencia geoestratégica, con el fatídico derecho de veto en la ONU de Rusia o China para impedir cualquier acción contra la junta militar. Ya no es un conflicto entre birmanos solamente al afectar los intereses de las grandes potencias que gustan servirse de los militares locales para favorecer sus intereses.

El general Min Aung Hlaing ha prometido elecciones sin concretar fechas mientras amenaza con endurecer la represión disparando a matar si no cesan las protestas diarias generalizadas. Es la tentación en la que han caído los militares del mundo, tantas veces, de la que suelen beneficiarse, como ahora en Myanmar, los de siempre y como siempre. Estamos ante un clásico en la historia que ya padecimos en nuestras carnes casi 40 años, en el que americanos y soviéticos vieron su oportunidad gracias a la megalomanía de Franco y sus compañeros afrikáners. Algunos añoran su repetición. Déjà vu. Con todo, me quedo con el gesto de esa religiosa mostrando al mundo con eficacia lo mejor del ser humano. Esto también es una gran noticia en este atormentado país.