Colaboración

Arizmendiarreta, pasado y futuro

05.02.2021 | 00:27

Ante la convulsa situación social es preciso que las instituciones de base comunitaria recuperen su vocación originaria, analicen carencias sociales, amplíen su visión más allá de sus específicos cometidos, promuevan iniciativas y apoyen a emergentes movimientos de base

Hace 80 años llegaba a Arrasate José María Arizmendiarrieta, maleta en mano, decidido, vocación de entrega y apuesta por los necesitados. Son tiempos convulsos de posguerra: dictadura, abatimiento social, población diezmada, penuria, hambre y fuerte división entre: vencedores, recelando de movimientos incontrolados (subversión), y vencidos, pensando en la "vuelta", con consigna de no participar (colaboracionismo).

Desde la parroquia, con el apoyo del arcipreste Iñarra, Arizmendiarrieta trabaja con la juventud, ayuda a su formación, fomenta la vocación comunitaria y afronta candentes problemas sociales. Desde su vocación sacerdotal, sin connivencias ni condicionantes, en medio de recelos de unos y otros, apuesta por la persona y el desarrollo comunitario convocando a todos sin distinción de credo o condición.

Los precarios inicios consolidan en formidables realidades educativas, empresariales y sociales, constituyendo el denominado "movimiento cooperativo de Mondragón". Entidades de vocación comunitaria, auto-gestionadas, democráticas y solidarias que cooperan entre sí y renuevan, cada cuatro años, sus cuadros rectores. Hoy son ejemplos mundiales de gestión empresarial. Impresiona ver en las páginas del New York Times un reportaje sobre el modelo Mondragón citando, expresamente, a la cooperativa Matz Erreka, de modesto origen en el caserío Azkarruntz de Bergara.

No es una iniciativa aislada. Existen otros movimientos: centros de FP, ikastolas, centros tecnológicos, talleres protegidos, sociedades anónimas laborales, institutos de investigación, ONG,€ que tienen en común su vocación comunitaria y constituyen un importante legado de la época.

Los esfuerzos del pasado derivan en altos niveles de formación y bienestar. La precaria sociedad de entonces ha dado paso a una estructurada organización que resuelve carencias esenciales sin percatarse de estar incubando desequilibrios que amenazan el futuro.

La pandemia actual, además de generar problemas, aflora la realidad de desajustes estructurales que requieren atención. Desequilibrio entre población ocupada y pasiva, reducción de natalidad (por debajo del 40%), alta dependencia energética, cambio climático,€ son algunos de esos "escollos" amenazantes que requieren de una "reingeniería social" que modifique estructuras y pautas de conducta. La lógica económica liberal ajusta el sistema recurriendo a las variables de empleo y bienestar. El paro, la precariedad, la carencia de derechos de ciudadanía,€ son las víctimas visibles de los desajustes. Estamos ante una emergencia social no menos grave de la de posguerra.

La lógica de actuación comunitaria es otra; pone a las personas en su centro de atención y transforma la amenaza en oportunidad, innovando, cooperando y generando actividades económicas homologadas en el mercado.

En esta convulsa situación el pensamiento de Arizmendiarrieta es nítido (Joxe Azurmendi: El hombre cooperativo). Su mensaje trasciende los ámbitos de la educación y de la empresa "hasta convertirse en una filosofía del orden nuevo". Entiende el cooperativismo como "el comienzo de una larga marcha hacia la nueva sociedad". Piensa que "confiando en la madurez de la clase obrera ha llegado la hora de lanzarse decididamente por la tercera vía". Entre liberalismo y colectivismo apuesta por la vía comunitaria que entraña respeto a la persona y a la comunidad simultáneamente. "Si un orden cooperativo no democrático es impensable tan inaceptable resulta una libertad que acabe significando la opresión del débil". Considera esta vía como "tercera etapa del capitalismo y colectivismo, como fruto y síntesis de ambos, al mismo tiempo que superación".

Arizmendiarrieta señala que "el ejemplo de los elementos más sensibles, comprometidos comunitariamente, puede conducir a acciones de amplia base". No basta con reformar la empresa, "es preciso comprometer a la comunidad, como tal, en los problemas de su promoción". Exhorta a las cooperativas a no quedarse encerradas en su propio círculo con el peligro de transformarse en reductos burgueses. Proclama la promoción social como "característica fundamental del cooperativismo".

Ante la convulsa situación social es preciso que las instituciones de base comunitaria recuperen su vocación originaria, analicen carencias sociales, amplíen su visión más allá de sus específicos cometidos, promuevan iniciativas y apoyen a emergentes movimientos de base.

Señalaba Arizmendiarrieta que la sociedad futura ha de ser pluralista en todos los órdenes, también en el económico: "se conjugará y concertará la economía pública y privada, el mercado y la planificación, entidades de signo paternalista, capitalista o social,€". Sus seguidores propugnan hoy la "Economía de Cooperación" entre: personas, capital-trabajo, empresas, público-privada, instituciones y entre regiones internacionales, que responde a una clara estrategia de País superadora de desequilibrios. Su legado sigue vigente.

Miembro de la Fundación Arizmendiarrieta