Colaboración

Como decíamos ayer

30.04.2020 | 00:47
Donald Trump, este jueves en el Despacho Oval.

según se cuenta, Fray Luis de León, cuando fue liberado después de haber permanecido preso en las cárceles de la Inquisición –la Audiencia Nacional de entonces– durante cuatro años largos, se reincorporó a la Universidad y comenzó la clase diciendo: "Como decíamos ayer€". Aunque hay quien pone en duda aquel hecho, no es, sin embargo, mal ejemplo para poder mirar el horizonte del futuro, una vez que se supere, como esperamos, la pandemia originada por el COVID-19.

Ciertamente no nos es posible olvidar, ni dejar de lado a quienes nos han dejado en forma tan dura –viejas y jóvenes, trabajadores y artistas–, ni los nuevos problemas, que nos han surgido –sociales, económicos, políticos y humanos–, ni tampoco los nuevos desafíos, que tenemos delante –crudos, difíciles y desconocidos–. El mensaje que nos dejan todas y todos los que se nos han marchado en una forma tan apresurada es que la vida personal no es un tiempo, sino un plazo. Pero es con quienes se han marchado y con quienes vendrán que componemos esta sociedad, a la que llamamos pueblo. Por ello es tan imprescindible recordar lo que decíamos y las principales preocupaciones que teníamos cuando surgió o estaba a punto de surgir esta problemática.

Es tan profundo el impacto de esta situación en nuestro ser, en nuestras vidas y en nuestra forma de pensar que nos resulta difícil hasta imaginarlo. Quizá deberíamos recordar lo del hipotético impacto del movimiento de las alas de una mariposa en una apartada lejanía. Y es que la situación actual deja aquel ejemplo en muy poca cosa, ya que el pseudoaletazo de un inframicrobio en un apartado mercado de China, que ha hecho un salto evolutivo desde un animal salvaje al linaje de los humanos puede matar en cualquier rincón oculto de Europa, África o América.

¿Qué aparecía en los periódicos en las primeras páginas de hace 45 días? Además de las habituales noticias de siempre, se repetían, entre otros, cinco temas sobre los que merece la pena hacer alguna reflexión:

Uno, las reivindicaciones de democracia de la ciudad de Hong Kong. Esa reivindicación tendrá un efecto directo –aunque no sea inmediato– en aquel gigantesco estado y potencia de China; y consiguientemente en todo el mundo, incluidos nosotras y nosotros, por supuesto. Y sin duda alguna, también tendrá efecto –quizá a largo plazo– para la libertad de pueblos oprimidos como Tíbet. Parece que aquel importante movimiento de Hong Kong se haya olvidado o marginado como consecuencia del coronavirus; pero es algo que la humanidad debe tener en cuenta.

Un segundo tema son las deficiencias de Europa, las consecuencias del brexit, la guerra de Libia, etcétera. Esta pandemia no es intraestatal; en Europa esta pandemia es europea. Otra cosa es que el estado, el ejército, la monarquía, etcétera, anden queriendo aprovecharse de la situación para demostrar que valen para algo. Pero por desgracia, es evidente que Europa no está al nivel que se requeriría. Así como en la crisis de Grecia la jubilación de cada griega o griego debería haberse considerado tan europea como cualquier banco griego, también ahora el coronavirus de cualquiera de Albacete o Amurrio debería considerarse tan europeo como el de un holandés u holandesa. En el caso del brexit no deberíamos olvidar que los irlandeses y escoceses son tan europeos como nosotras y nosotros; y que el objetivo debiera ser el de actuar tomando en consideración ese hecho junto con los millones de británicos proeuropeos. Sin Dublín y sin Edimburgo no es imaginable Europa, igual que no lo es sin Barcelona. ¿Y de la guerra de Libia, qué? Se libra en un portal de Europa, y es una guerra europea más, igual que lo son las de los Balcanes, Cáucaso, Ucrania, Siria y Palestina. ¡Cuánto nos duele Europa!

Las tractoradas de agricultores y ganaderos y las reivindicaciones de los territorios despoblados. Aunque parecen una cuestión de hace tiempo, son crudos desafíos de ayer y de mañana. No es solo el tema de los precios; está la cuestión de la producción de los alimentos y los bienes de primera necesidad y los modos, procedimientos y problemas de su venta y puesta en manos de las y los consumidores. Además del comercio tradicional y de los mercados populares, han de regularse medidas y condiciones, que hagan posible la venta directa de territorios de Europa. En Navarra hicimos una ley foral para fomentar la venta directa, pero no ha sido desarrollada. Trump y otros como él seguirán influyendo en nuestras vidas. Aunque a veces da la impresión de que juega el papel de imbécil peligroso, lo que hace influye en la vida de todas y todos nosotros y antes eso no tenemos agarradero democrático alguno; son las consecuencias del imperio. No hay que olvidar que él y otros como él tienen en sus manos las claves de las bombas atómicas, que podrían destruir el mundo.

El falso debate entre salud y economía y la necesidad de modificar el modelo de residencias de ancianos; la larga sombra del basurero de Zaldibar, y la revitalización de la naturaleza a la espera y con el miedo atávico al lobo. Aunque conocíamos las historias y leyendas de los lazaretos contra la lepra o la peste, jamás se había visto en el mundo el confinamiento en los propios domicilios. Son vivencias y experiencias nuevas. Por otro lado, el poner en contradicción el presunto "coma económico" y el "tocar fondo", además de constituir una patada a la ética, demuestran una visión retrógrada de la economía; pues el principal y más permanente capital y materia prima de Euskal Herria y de Europa son sus gentes. Entre las enseñanzas que nos ha traído esta pandemia, la primera es, sin duda, que el modelo de las residencias de ancianos, sostenido en buena parte por dinero público, necesita una revolución completa; no solo por las deficiencias puestas de manifiesto, sino también por exigencias elementales de la justicia.

En esta época, que socialmente está resultando tan amarga, no se puede negar que la naturaleza está reviviendo; jabalíes, corzos y toda clase de bichos salvajes han aparecido en las ciudades; y, quizá, habiendo en Navarra los 12.000 jabalíes que dicen que hay, la naturaleza necesitará los elementos reguladores que le son propios. Y ese papel ha correspondido desde siempre al lobo. Por lo tanto, vendrán. ¿Quién sabe si no andarán ya por aquí, valiéndose del silencio y de la falta de olor humano de los montes durante la pandemia?

Abogado