Tribuna abierta

Desmitificación de la historia

20.03.2020 | 03:23

Hasta la entronización en 1700 de los borbones, se mantuvo la idea de la unidad de España dentro de la diversidad, y así pervivieron la Corona de Castilla-León, la Corona de Aragón-Cataluña, Reino de Valencia-Mallorca, Reino de Navarra que junto a las Provincias Vascongadas mantenían la categoría de Provincias Exentas, Reino musulmán de Granada, y algunos años el Reino de Portugal

la interpretación de los acontecimientos históricos exige que hoy los juzguemos desde el punto de vista actual. Cronológicamente, dos acontecimientos caóticos han sucedido en la historia de España. La sublevación de las comunidades y la entronización de los borbones.

El primer acontecimiento ocurre en los años 1521 y 1522 con la rebelión de los Comuneros y de los Agermanats o Germanías, que en Villalar y Valencia son derrotados por el ejército imperial de Carlos V. A partir de entonces, el desarrollo de España se separa del de Europa y tiene incidencia en la formación del carácter del ciudadano por el mantenimiento secular de las nuevas condiciones socio políticas. Las ciudades europeas en su desarrollo permitieron el nacimiento de la burguesía, que impulsó el comercio, la investigación y las artes. Crearon las bases del mundo moderno que permitiera la libertad de pensamiento y que, en última instancia, modelaba el carácter de la sociedad y de las gentes. Ese fue el camino que emprendió Europa mientras las ciudades españolas se quedaban bajo la tutela medieval del imperio y de la Inquisición.

En Europa se potencian los burgos, las ciudades, mientras que en Castilla y su zona de influencia la potencialidad de las comunidades va a desaparecer. En Castilla va a perdurar la hidalguía, el señorío, la picaresca, y va a considerarse notorio el no trabajar, el vivir de rentas. El mundo de la nobleza ha ganado, frente al mundo de los hombres del común, del tercer estado, donde se desarrollan los oficios y el comercio.

El segundo acontecimiento consiste en la entronización de la Casa de Borbón en 1700 con Felipe V, el Animoso, resultado de la Guerra de Sucesión, que siendo una guerra europea, en España supuso una guerra civil y, además, el cambio en la concepción del Estado. Se abre un periodo hasta 2014, año de abdicación de Juan Carlos I, el Campechano. En este periodo se escribe la historia oficial de España que comprende desde 1469, año de los esponsales de los Reyes Católicos hasta nuestros días, y además, se proclama la unidad de la patria España centralizada, homologando las regiones entre sí, y adquiriendo una dimensión jacobina ajena a la tradición secular anterior más profunda.

La historia oficial de España es tal cúmulo de falsedades, omisiones y tergiversaciones históricas que es imposible detallar exhaustivamente en un artículo. Los mayores de 50 años hemos sido educados en esta idea de España fantástica impulsada por los borbones y reforzada por el franquismo.

Comencemos con el ocultismo sobre la boda de los Reyes Católicos. La boda de los mismos en 1469 se celebró en secreto gracias a la falsificación de la bula de dispensa pontificia, obligada por ser primos carnales los contrayentes, realizada por el arzobispo de Toledo, corriendo riesgo de excomunión durante tres años, periodo en el que el certificado matrimonial no tuvo validez alguna. El papa Sixto IV firma dicha bula en 1472, aconsejado por el valenciano cardenal Borgia, que es recompensado con el feudo de Gandía, ducado que añadiría a sus dominios como cardenal de Valencia. En 1492, cuando el cardenal es convertido en Alejandro VI, en agradecimiento expide una bula a favor de los reyes de España otorgándoles el título de católicos.

Siguiendo el cambalache nepotista del Vaticano, la historia de Euskal Herria fue afectada directamente. El papa Julio II, en su bula Pastor IIIe Caelestis de 1512, a petición de Fernando el Católico, da cobertura a su conquista de Navarra, y posteriormente en su bula Exigit Contumatium de 1513, excomulga a los reyes de Navarra como implicados en el cisma de la Iglesia por ayudar al rey de Francia Luis XII en la guerra contra los Estados Pontificios, legitimando la conquista de Navarra realizada el año anterior por Fernando el Católico. Los intentos de los navarros por recuperar su reino se presentaron como luchas contra los franceses en las plazas de Hondarribia, Irun y Nafarroa (Amaiur, 1522)

Hasta la entronización en 1700 de los borbones, se mantuvo la idea de la unidad de España dentro de la diversidad, y así pervivieron la Corona de Castilla-León, la Corona de Aragón-Cataluña, Reino de Valencia-Mallorca, Reino de Navarra que junto a las Provincias Vascongadas mantenían la categoría de Provincias Exentas, Reino musulmán de Granada, y algunos años el Reino de Portugal.

El Imperio español se entendía como una "monarquía compuesta" en la que el monarca gobernaba varios territorios que conservaban sus leyes e instituciones que poseían en el momento de su adquisición o dominación.

En el año 1500 la fortuna de los monarcas era la del estado y viceversa. No se diferenciaba entre la propiedad particular del monarca y la del erario público. Los estados-monarcas incrementaban su patrimonio particular anexionando territorios por conquista, descubrimiento, matrimonio o herencia, etc. Las desavenencias mercantiles y familiares terminaban en guerras.

Discordia familiar fue la Guerra de Sucesión que trajo a la familia Borbón al trono de España. Los Habsburgo y Borbón se disputan el imperio español. Guerra de dimensión europea que en España adquiere el carácter de guerra civil. Eco silenciado de esa discusión familiar en Euskal Herria, fue que finalizada la contienda en 1714, Gipuzkoa participa como botín de guerra en la defensa de la frontera norte española. Por motivos de política internacional, el duque de Berwick, mariscal francés, invadió Gipuzkoa en abril de 1719. San Sebastián capitula el 1 de agosto. Berwick ofreció guardar los fueros aprovechándose del disgusto general del pueblo vasco con motivo del traslado reciente de las aduanas de las fronteras con Castilla a las orillas del mar (Machinada de las Aduanas, 1718). Estos acontecimientos ocurren sobre intentos fallidos de incorporación de las Provincias Vascas a Francia en 1719 como posteriormente en la Guerra de la Convención en 1795.

Aberrante falsedad histórica fue el saqueo y quema de San Sebastián imputado a los franceses hasta fechas recientes, en la Guerra de la Independencia. El comandante francés se rindió formalmente el 8 de septiembre de 1813, tras 59 días de asedio, al general sir Thomas Graham, quien dependía del duque de Wellington. En reconocimiento de una noble defensa, la guarnición francesa recibió los honores de guerra por parte de las fuerzas anglo-portuguesas. Salieron de la fortaleza con las banderas ondeando, al redoble de los tambores. Sus oficiales fueron autorizados a conservar sus espadas.

El 21 de junio de 1813, las tropas napoleónicas fueron derrotadas en la Batalla de Vitoria y las tropas anglo portuguesas persiguieron a los franceses en su huida de Vitoria, y no tuvieron tiempo de saquear la ciudad, por lo que se reservaron para su compensación San Sebastián. El saqueo de las ciudades conquistadas estaba establecido como procedimiento de pago o compensación de haberes a las tropas.

Los soldados ingleses y portugueses estaban dispuestos a pasar a cuchillo a todos los habitantes y a arrasar la ciudad. Un incendio voraz se originó y, tras varios días de ultrajes y otros desmanes, sólo se salvaron de la quema una treintena de casas. El municipio donostiarra había colaborado con los franceses, cuyas relaciones con la ciudadanía siempre fueron correctas. Después de la quema de la ciudad se nombró una nueva corporación que escribió una carta de felicitación a Wellington por la victoria y solicitando una ayuda económica para los más necesitados, que nunca fue atendida. Wellington atribuyó el saqueo y desmanes a los franceses y negó cualquier responsabilidad de las tropas británicas. Afortunadamente historiadores actuales han sacado a la luz tales patrañas que fueron hasta hace poco oficiales.

Las riquezas provenientes de América no se invirtieron en España, se destinaban a la compra de productos elaborados en Europa con materia prima española exportada. La masa financiera que impulsa la economía en Europa proviene de los gastos militares del mantenimiento de los tercios españoles, de las compras de productos artesanales realizadas por España, y de la piratería que se desarrolla en la época. El desarrollo industrial en España queda estancado cuando no en declive. El dinero del nuevo mundo es como un río que fluye de América pasando por España sin dejar rastro, para terminar en los dominios españoles de Europa.

Todas las expediciones de descubrimientos de nuevas tierras y conquistas territoriales se han revestido oficialmente con razones altruistas y grandilocuentes que ocultan las razones verdaderas de aumentar los patrimonios y riquezas de los promotores, casas reales incluidas, lo cual no mengua el valor y mérito personal de los expedicionarios.

Siempre la capitalidad estuvo residenciada en Castilla, que mantuvo una influencia social respecto a las otras ciudades. Las clases acomodadas mantenían una fuerte tendencia de imitación respecto a la capital del reino, no así el pueblo llano que bastante tenía con subsistir. El analfabetismo era notorio en la población de los reinos de España.

La primera consecuencia de esa postiza historia oficial borbónica es la creación del importante mito que ha sido y es hablar del carácter español, como si de una característica unitaria se tratase, lo cual es falso. El carácter o idiosincrasia de las diferentes naciones que componen España es consecuencia de los diferentes desarrollos históricos regionales y sustratos étnicos. El nuevo concepto de la España única, necesitaba crear la figura del "patriota" español, entonces todavía inexistente, y escribir una historia mítica que diera cobijo a todas las fantasías, ensalzando valores étnicos y patrios que reforzaran el poder único oficial. Se crearon grandiosos y fabulados personajes históricos, donde la imaginación supera con creces la realidad. De todos ellos, el más significativo ha sido Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.

El impulso a la unidad y a la centralización de carácter político, creó el caldo de cultivo que daría lugar a una interpretación castellanista de la historia de España. La exaltación de la figura histórica del Cid Campeador hace de él un forjador arquetípico de la nación española, siendo la idea de Castilla paradigma de lo español. Al identificar el espíritu castellano con el nacional español, libera a la figura del Cid de localismo particularista y le da un nuevo alcance arquetípico de héroe español por excelencia.

Hoy día esa visión castellanista de la historia de España constituye una simplificación, agravada por la astracanada que supuso su utilización política por el franquismo, llevándola a la extravagancia anacrónica de "por el Imperio hacia Dios".Doctor en Ciencias Económicas (Sarriko, EHU/UPV)