La decisión de Kutxa Fundazioa de no participar en el consorcio vasco que ha adquirido la división tecnológica de Ayesa, donde se engloba la antigua Ibermática, y cuyo resultado ya fue adelantado desde estas mismas páginas, antes de la reunión del patronato del pasado 22 de diciembre, ha provocado numerosas reacciones institucionales y políticas de las que algunas sorprenden por su ligereza y falta de análisis riguroso sobre las distintas circunstancias que han confluido en el rechazo a la “invitación” de sumarse a la “repatriación” de la consultora hasta ahora en manos de empresarios sevillanos.

Llama la atención que nadie haya reparado en las especificidades de Kutxa Fundazioa que es una entidad autónoma y sin ánimo de lucro con un compromiso social vinculado al desarrollo y progreso de Gipuzkoa con lo que su política de inversiones y la asunción del riesgo que ello puede suponer están directamente relacionadas con el mantenimiento e impulso de ese objeto que anteriormente se denominaba obra social y que, hoy, se plantea en inversiones empresariales, mantenimiento y fomento de espacios culturales, apoyo a organizaciones sociales, etc. No se trata de una entidad bancaria al uso con una política inversora desarrollada en función una mayor rentabilidad financiera y, por lo tanto, con la asunción de un mayor riesgo.

Precisamente, el plan estratégico 2030 de Kutxa Fundazioa pivota en la innovación como palanca para afrontar proyectos de I+D desarrollados por startups tecnológicas con alto potencial de crecimiento relacionadas con las biociencias, computación cuántica o soluciones sostenibles que combinan rentabilidad financiera con impacto social y arraigo en el territorio. De los 2.095 millones de euros que Kutxa Fundazioa tienen invertidos en este momento, 1.572 millones están comprometidos con este tipo de empresas, 373 millones en compañías consolidadas como Inzu Group, un conglomerado de 12 firmas con una participación del 100%, CAF con un 2% e Iberdrola con un 0,14% y el resto en activos financieros.

Sorprende que los promotores de la “repatriación” de Ibermática, sabíendo perfectamente que la operación no encajaba con los planes estratégicos de la fundación bancaria guipuzcoana, siguieron presionando para que entrara en una operación en la que no fue invitada a participar en los primeros momentos de su gestación. A Kutxa Fundazioa se le ha puesto encima de la mesa la toma de una decisión de adhesión a un proceso diseñado y acordado por otros. A veces, en los procedimientos las formas son tan importantes como el objetivo que se quiere alcanzar.

Por otra parte, resulta chocante que lo que es un ejercicio de responsabilidad en cualquier entidad y organización que se precie, que es someter cualquier operación de inversión a un riguroso análisis técnico, financiero y estratégico, y que es lo que acostumbra a realizar Kutxa Fundazioa a la hora de entrar en el accionariado de una empresa, resulte para algunos algo extraño y carente de toda lógica. El mundo al revés.

Se ha llegado a calificar, por parte de algunos, de elucubraciones las razones por las que Kutxa Fundazioa ha decidido no entrar en la operación de Ayesa IT con el argumento de no haberse conocido públicamente las conclusiones de los técnicos de Kutxa Fundazioa, que desaconsejaban la inversión, dando poco valor y rigor no solo al análisis, sino, también a la propia decisión que emana de él.

El informe técnico plantea la inversión desde un análisis y estado del negocio de la empresa en la que se pretende entrar y el riesgo que la operación pueda tener a futuro para los intereses y el objeto social de Kutxa Fundazioa, más el retorno de los recursos destinados a tal fin, con lo que llega a la conclusión de desaconsejar la operación en esos parámetros concretos.

En primer lugar, el informe recoge que Ayesa IT no tiene producto propio, lo que significa no contar con capacidad innovadora propia ni valor añadido tecnológico, al ser una consultora que ofrece servicios digitales a terceros, es decir, es un modelo muy intensivo en mano de obra cualificada, en un mercado maduro con una presión constante sobre precios y márgenes, donde el tamaño sí que importa frente a elementos singulares.

El 20% de los ingresos de Ayesa IT dependen de la Administración Pública como la Junta de Andalucía y de grandes empresas como Endesa, entre otras, unos contratos sujetos a ciclos presupuestarios o decisiones políticas. El prestar servicios a las grandes empresas es algo consustancial en el negocio para poder competir, pero no es un factor singular. La actual Ayesa IT es consecuencia de un crecimiento inorgánico basadas en adquisiciones y fusiones como la propia Ibermática, la antigua Sadiel andaluza la madrileña M2C y el Grupo Proxya y Emergya, que, en algunos casos, no están plenamente integradas, a lo que hay que añadir un ebitda muy ajustado

En lo que se refiere a los riesgos de la inversión, el informe recoge un fuerte apalancamiento en una empresa de servicios como es Ayesa IT con poca capacidad de maniobra en situaciones comprometidas por lo que parece que el reparto de dividendos se prevé en un medio plazo y con una rentabilidad que depende de una futura salida adecuada. En estas circunstancias el TIR (Tasa Interna de Retorno) que se propone es muy teórico y sujeto a escenarios optimistas. También hay que destacar que el precio que se ha pagado por Ayesa IT puede parecer elevado si se toma como referencia el mercado en este tipo de operaciones.

Y todo ello, contando que el socio industrial, la empresa vizcaína Teknei, no acredita experiencia contrastada en la gestión de empresas, lo que pone serias dudas sobre la posibilidad de que la empresa adquirida tuviera su sede social en Donostia, a lo que hay que añadir el anuncio de una posible salida a bolsa de la nueva compañía, que se ha conocido una vez formalizada la compra.

Por no hablar de la participación de Teknei en la nueva empresa que asciende a solo cinco millones de euros, la mitad del ticket de 10 millones que fijó el consejero de Industria, Mikel Jauregi, para entrar en el consorcio, lo que supone que la gestión de la nueva empresa va a recaer en un socio que cuenta solo con una participación del 1,04%. En este sentido, es llamativo como un ejecutivo de Teknei reconoce que la operación de compra de Ayesa IT ha podido ser diseñada por su empresa, en donde, en un mensaje en redes sociales, agradece a los promotores de la operación: “Una iniciativa pensada y desarrollada desde hace mucho tiempo. Gracias a quienes han participado en hacerla realidad”.

Algunos representantes de partidos políticos han tratado de dar la imagen de que Kutxa Fundazioa funciona con parámetros políticos, cuando, si bien es cierto que, en su patronato, compuesto por 15 miembros, hay representantes afines a las formaciones políticas presentes en las Juntas Generales de Gipuzkoa que actúan de manera independiente, también hay que destacar que en ese órgano participan representantes de las organizaciones sociales de Gipuzkoa y de los trabajadores. Con lo que el resultado de la votación sobre la entrada o no en la operación de Ibermática contó con el rechazo de 9 patronos, los del PNV, Podemos y los representantes de las organizaciones sociales y trabajadores, el voto afirmativo de los cuatro afines de Bildu y la abstención de los dos del PSOE, que, en una segunda votación, cambiaron el voto a favorable si la inversión estaba condicionada que la nueva empresa tuviera su sede en Donostia.

Una contradicción que deberá aclarar el PSOE porque no se entiende que exprese sus dudas acerca de la viabilidad de la inversión al manifestar su abstención y cuando se condiciona la misma a la garantía de la ubicación en Donostia cambia el voto a positivo cuando el escenario primitivo que desaconseja la inversión no ha variado y permanece inalterable.

Te puede interesar:

Por otra parte, Bildu ha presentado en las Juntas Generales de Gipuzkoa una propuesta de resolución en el que se insta al Gobierno Vasco y a la Diputación Foral “a trabajar para que Gipuzkoa tenga capacidad de decisión en Ayesa IT, impulsando la participación de Kutxa Fundazioa en la compra de Ayesa” y se mantenga la sede central en Donostia. Es decir, utilizar la presión institucional para que una entidad autónoma e independiente revoque lo que en una votación y en una proporción de 9 a 6 ha decidido en base a informes técnicos, financieros y estratégicos. No se entiende esta iniciativa si no es por motivos políticos y electoralistas.

De la misma forma que llama la atención que los cuatro patronos afines a Bildu en Kutxa Fundazioa votaran en contra de una propuesta de desinversión progresiva de la participación del 2% que tiene en CAF por su presencia en Israel y que no prosperó en una reunión celebrada en la segunda semana del pasado mes de diciembre, cuando el coordinador de la coalición independentista, Arnaldo Otegi, había manifestado que la empresa beasaindarra “podría prescindir” de ese contrato. Una de cal y otra de arena.