Editorial

Responsabilidad, compromiso, solidaridad

16.03.2020 | 01:41

Respetar de manera estricta las medidas impuestas para frenar la propagación del coronavirus, por duras que parezcan, es una obligación ética y cívica para toda la ciudadanía que puede salvar vidas

La crisis sanitaria sin precedentes que estamos viviendo a raíz de la pandemia global por la extraordinaria afección del coronavirus y las medidas que se están adoptando para su contención están suponiendo un desafío en todos los órdenes, tanto para las autoridades como para nuestros profesionales –principalmente, los de la sanidad, que están manteniendo un comportamiento y compromiso ejemplares que, como exigió ayer el lehendakari, merecen ser reconocidos y compensados–, empresas, comercios, autónomos y, en general, para toda la ciudadanía. Todos y cada uno de nosotros estamos concernidos en el objetivo común de frenar la propagación de la enfermedad, que ayer volvió a registrar un pico importante de afectados registrados. Es por ello que resulta necesario insistir en la imperiosa necesidad de atender de manera estricta las recomendaciones de prevención y las medidas de restricción que se han decretado, por difíciles que sean. Ayer, primer día de vigencia de la limitación de movimientos, la gran mayoría de la ciudadanía volvió a demostrar su espíritu cívico, comprometido y solidario y se quedó en casa. Hubo también, sin embargo –bien por desconocimiento o por irresponsabilidad– comportamientos incomprensibles de resistencia a acatar las medidas, que –no hay que olvidarlo– son de obligado cumplimiento. Los diferentes cuerpos policiales tuvieron que emplearse, en ocasiones, de manera contundente, para disuadir a personas que, ajenas a la situación de emergencia y alarma sanitarias, deambulaban o paseaban por las calles, acudían a las playas o practicaban deporte, incluso en bicicleta. La contención del coronavirus solo es posible mediante el máximo compromiso personal y colectivo. La gravedad de la situación requiere una colaboración ciudadana sin fisuras y un esfuerzo añadido por parte de todos. En este sentido, iniciativas como la de activar una red de voluntarios, iniciada por ciudadanos particulares en pueblos y ciudades, de ayuda a personas mayores y dependientes –las más vulnerables– durante esta crisis sanitaria es un modelo de solidaridad y compromiso que enraiza con nuestro tradicional auzolan. Es, por tanto, momento para el compromiso, la responsabilidad y la solidaridad, porque, como afirmó ayer el lehendakari Urkullu, "cada iniciativa que adoptamos puede salvar una vida?.