Editorial

El virus de la desaceleración

12.03.2020 | 00:28

Las consecuencias económicas del COVID-19 van ya más allá del bloqueo de suministros y la caída de las bolsas para afectar directamente a las previsiones de crecimiento, de por sí débiles en los últimos meses

La transmisión global del coronavirus –al mediodía de ayer 116 países de los cinco continentes habían registrado algún caso de contagio y en 28 se contabilizan fallecimientos– impacta ya en la actividad económica mucho más allá de las consecuencias en distintos sectores y países de los bloqueos de las cadenas de producción chinas o de la afección que la incertidumbre respecto a la evolución de la epidemia ha causado en las bolsas de todo el mundo. De momento, la OCDE ya ha revisado las previsiones de crecimiento de la economía europea en 2020, reduciéndolas en tres décimas hasta situarlas por debajo del 1%, y Funcas calcula que la economía del Estado español apenas crecerá un 1,5% este año y un 1,6% en 2021. La propia presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, advertía ayer de que las consecuencias económicas del COVID-19 dibujan "un escenario que recordará a muchos de nosotros la gran crisis financiera de 2008 y la Reserva Federal de Estados Unidos ya ha bajado los tipos de interés para situarlos por debajo del 1,25%, mientras el Banco de Inglaterra los acaba de situar en el mínimo histórico, 0,25%. Pero aunque Lagarde asegura que el BCE, cuyo consejo de gobierno se reúne hoy, examina ya las posibilidades de recurrir a un aumento de la liquidez y a abaratar la financiación para evitar la ralentización de la economía europea, la rebaja de los tipos de interés no puede ir en el caso europeo mucho más lejos del actual 0% sin afectar a la estabilidad del sistema financiero y las limitaciones de las políticas monetarias y fiscales, tras su empleo durante años para remontar las consecuencias de la crisis de 2008, plantean serios interrogantes sobre el alcance y eficiencia de las mismas que seguramente dependerá, como el propio BCE admite, de que el impacto del coronavirus en la economía, también la ausencia de demanda, tenga un horizonte temporal reducido. Y aunque Europa posea alternativas conocidas a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad ya empleado en la crisis de deuda soberana, no ayuda en todo caso que la nueva desaceleración derivada de la epidemia de coronavirus transcurra además en un escenario especialmente complejo por las discrepancias entre Parlamento y Consejo europeos sobre el presupuesto y las negociaciones del marco financiero plurianual.