Y tiro porque me toca

Estado de alarma

11.10.2020 | 10:16

El Gobierno decretó el estado de alarma para la Comunidad de Madrid, cierto, pero lo que resulta alarmante es un estado general de desdiós que va a más. El juego sucio del Partido Popular es algo más que claro. García Castellón, un juez sospechoso de todo menos de imparcialidad, con clara relación con el Partido Popular (basta repasar los cargos que a su sombra ha ejercido) solicita la imputación del vicepresidente de Gobierno ante el mismo tribunal que le acaba de pedir que le devuelva la condición de perjudicado. Y no solo eso sino que se las da de mártir y de acosado por el Gobierno, lo que ya es el colmo. Desprestigio es informar de su currículo. ¿Pero quién se han creído que son? ¿Semidioses? Los argumentos del juez, amén de estar hilados con la debida confusión, son por completo irrelevantes y carentes de sentido. Poco importa. Lo que cuenta es el titular, la bencina mediática y que muchos miles de ciudadanos, muchos, den a Pablo Iglesias por condenado, fuera del Gobierno y en galeras. Lo que cuenta es, de nuevo, si estás a favor o e contra, sin más, sin meterse en mayores honduras.

Si finalmente no es imputado por mano de Marchena, otro, los titulares de la noticia serán a buen seguro minúsculos o servirán para atizar de nuevo la hoguera patriótica con ese colmo que es no echar a Iglesias del Gobierno, ilegítimo por supuesto, un repique este insistente que ha calado hondo. El Gobierno actual de la nación no tiene legitimidad democrática para gobernar; la culpa: la ETA y el comunismo bolivariano. Porque los organizadores de este acoso y derribo, porque organizado está, no se rompen la cabeza encontrando argumentos: cuanto más simples y groseros, mejor, más calan en un electorado amigo de la camorra. Estado de alarma, pues, porque alarmante resulta que por las urnas o las bravas esa gente pueda hacerse con el gobierno del Estado, como Rosa Díez, que da pruebas a diario de que le falta un tornillo, como la IDA, igual, como el trío voxístico, como el Casado que resulta inefable en su expresión cuando se enreda en sus propias patrañas y no sabe como salir de la pegajosa madeja que ha tejido, como, como€ y tienen de su parte una fuerza que apalea ciudadanos en Vallecas y permite manifestaciones de indecencia en el barrio de Salamanca. ¿Quién busca aquí el enfrentamiento? ¿Quién llama a la rebelión sin consecuencia penal alguna? Alarmante, cierto, la mala fe que despliega a diario la oposición en torno a la pandemia: auténticos trileros. La falsificación o trucaje de datos es un hecho y no precisamente por parte de Gobiernos donde no está el PP. Si haces pruebas, hay contagiados, es obvio, si no las haces, no los hay€ Hoy pido lo que mañana, si me lo dan, condeno y me sirve para armar camorra. Y cuando los ponen contra la pared atacan a las autonomías, Navarra, Cataluña€ De no creer. Como si nuestra vida tuviera que girar por fuerza alrededor de un Madrid rojigualdo, camorrista, jacobino de mala traza que está convencido de que el resto del país deber ser a su imagen y semejanza. Madrid cayetano paradigma de Libertad€ ¿Cuál? ¿Qué Madrid y qué libertad? ¿Vallecas, Usera, Carabancheles, Villaverde€? Ni siquiera ellos son Madrid porque no lo conocen, se abstienen de pisar ciertos barrios que huelen a currela y a tricolor republicana, aunque de ahí salgan también sus macarras poligoneros, desclasados con voluntad y músculo de milicias SA. Y esta situación hace meses que dura. Del drama de los enfermos en hospitales atestados y residencias vueltas a la terrible normalidad ya no se habla. No dan cámara. El foco está en la camorra política, en la mugre de la policía política contra Unidas Podemos, en los insultos a Sánchez, en el pijerío reclamando un 2 de mayo, en los alardes de mala fe de la IDA, segura de su impunidad, porque tal vez no sepa que es el ariete de boberías, con cabeza de carnero, de un partido y sus secuaces, incluida ya la Falange, que esos sí, esos van en serio con su generalísimo y su Borbón en fuga, defendiendo lo que mañana será imposición de un orden nuevo. ¿Dictadura? ¡Y tú más! Un esperpento alarmante.