Philip W. Silver, amigo de poetas y de los vascos

14.11.2020 | 01:23

Me llama Juan Serraller, director de la editorial Fundamentos de Madrid y me comenta: -Estoy con un amigo norteamericano, Philip W. Silver, profesor en la universidad de Columbia (NY) que quiere conocer el País Vasco, sobre todo su historia y realidad política. ¿Le puedes atender?–Mira Juan, no es un tema que quisiera retomar en este momento. Estoy bastante ocupado.–Lo supongo, ya me comentaste que estabas terminando tu libro sobre los Grandes bancos de Terranova. Philip navega a vela, tiene una casa en una de la pequeñas islas de Bat Harbor (Mt. Desort Island), cerca de la zona de pesca del bacalao (Nova Scotia) y la frontera con Canadá.–Son muchas virtudes, dile que le espero.Con esta presentación comenzó nuestra amistad. Tengo a la vista una fotografía. Estamos con Mariano Ferrer, y con el también profesor (de la universidad de Northwestern, USA) Inman Fox. En Ciboure, almorzando en Periko baita, con Mark Legasse. Charlando con Luis Nuñez, político y escritor (amigo del poeta José Bergamin). Recuerdos variados; la manifestación en Bayonne a favor del euskera, en Iparralde, o la inauguración/presentación de la librería Xalbador de Pamplona, donde intervino como primer orador. Deseaba comprender el fenómeno nacionalista, no solo el vasco. En 1988 le publiqué su proyecto: Nacionalismo y transición. Euskadi y Catalunya, España. Su tesis se apoyaba principalmente, en Ortega y Gasset. No consiguió mucha ayuda, pero lo intentó.Por algo, una de sus primeras estancias en España, fue para trabajar sobre Ortega y Gasset. Autor de numerosas obras sobre poetas españoles, escribió un importante trabajo sobre Luis Cernuda. Mantuvo una fluida amistad, con el poeta Claudio Rodríguez, al que tradujo al inglés, intentando introducirlo en USA. En cierta ocasión estábamos entrando por la bocana de Pasajes, cerca del fuerte de Santa Isabel, me fijé en Philip, se había quedado como en trance. No dije nada. Terminamos la travesía y al día siguiente me llamó:–Luis, cuando entramos en Pasajes San Juan, recuerdas la casa que estaba en el camino que iba hacia el fuerte de Santa Isabel.–Pues sí, la conozco. –Había un anuncio que ponía Se vende. He ido hoy y la he comprado. Para mí ha sido como una aparición, era como si estuviese en Maine. No he podido resistir la tentación.Fue otra muestra más, de su apego al País Vasco, donde por cierto, se casó en segundas nupcias.Más adelante, terminamos en NY, nos alojamos en su apartamento de la Universidad de Columbia, donde conocí a su primera esposa y a sus hijas. Días después partimos hacia Maine, a unas de las pequeñas islas de Acacia (16 personas solo en verano) Pero eso es otra historia.Pasó el tiempo, se volvió a casar y comenzó a vivir mas tiempo en Madrid que en Hondarribia, su última residencia en Euskadi y amarre para su velero. Traté de ponerme en contacto, me dijeron que estaba muy enfermo... Por mediación del estupendo artículo del poeta Ángel Rupérez, sobre Philip W. Silver, recibo la noticia de que ha fallecido en Madrid, y que había estado activo como escritor, hasta el último momento. Nuestras aventuras, tertulias, trabajos, quedan, no se me han olvidado. Agur amigo.