Entre Móstoles y la empanadilla digitalEP
SI yo les cito Móstoles, algunos tan veteranos como el que suscribe se acordarán de la empanadilla de Martes y Trece. Pero al municipio madrileño no se va ya a hacer la mili y, sin embargo, lleva camino de hacerse otro hueco en el imaginario popular merced a la acusación de acoso sexual y laboral presuntamente encubierto por el PP de la comunidad que pesa sobre su alcalde, Manuel Bautista. Una edil y excompañera de partido denuncia ahora por carta que dejó el acta y la afiliación porque -dice- se vio desamparada por el aparato de Isabel Díaz Ayuso cuando buscó ayuda.
No es cuestionar la presunción de inocencia reprochar a los partidos que, cuando surgen estas denuncias en su seno -le ha pasado al PSOE también- reaccionan como un bivalvo, con hermetismo de almeja, porque peor que una mujer agredida les parece una sigla salpicada. Se acredite o no después, la prioridad es clara. Y lamentable. Al me too lo aplasta el tú más.
La política está llena de victorias estériles y derrotas triunfantes como la de Puigdemont ante el Tribunal de Justicia de la UE. Ha ganado el recurso presentado por su pérdida de inmunidad en la Eurocámara, pero no sirve ya de nada; mientras, los que impusieron una mayoría parlamentaria para retirársela violando las garantías del procedimiento -los grupos de la derecha europea de Vox y PP-, quedan señalados. Y les trae el pairo.
La gota que colma
Nostalgia de la guerra fría
Sin freno al rearme nuclear. Caduca el tratado de desarme nuclear estratégico START III, que limita el número máximo de estos ingenios mortales y por el que las potencias limitaron su arsenal. Ahora, sólo el sentido común puede contenerlas, lo que en estos tiempos es decir poco. La retórica de la disuasión, propia de la Guerra Fría, ha sido sustituida por la de la intimidación directa unilateral. Las decisiones se adoptan en términos de negocio a corto plazo, así que vamos a acabar añorando aquellos tiempos en los que el mundo solo acumulaba material nuclear capaz de destruirlo dos o tres veces.
Más o menos como a los destinatarios del mensaje de Antonio Guterres: esto de los Juegos Olímpicos de Invierno se va a acabar porque el cambio climático nos deja sin escenarios, dice el secretario general de la ONU. Y quienes pueden hacer algo por evitarlo se añaden dos hielos al cubata. Y por si faltaban amenazas, ahí llega el digiverso. Un batiburrillo de negocio, ocio, manipulación e falta de ética que se hornean en la empanadilla que nos tragamos a diario sin mirar los ingredientes. Y sus cocineros, se creen dioses; una panda de mangantes. Uy, errata de teclado: quería decir magnates.