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Europa debe explorar una nueva relación con el Sur Global

El ascenso del denominado Sur Global es uno de los acontecimientos más notables en el campo de las relaciones internacionales de las últimas dos décadas. Desde 2003 una serie de potencias regionales establecieron nuevas alianzas, han planteado críticas a los países más poderosos del Norte y han exigido reformas en el funcionamiento y la gobernanza del sistema multilateral

Europa debe explorar una nueva relación con el Sur GlobalEFE

La Unión Europea se encuentra presionada entre dos grandes potencias. Por un lado, Rusia prosigue su ofensiva en Ucrania sin que se vislumbre una negociación que pare la guerra. El presidente Vladimir Putin califica a Europa como un “enemigo”. Por otro, el gobierno de Estados Unidos, líder hegemónico de la defensa euroatlántica durante décadas, declara en su nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) que la Unión Europea (UE) y sus miembros viven en un estado de crisis civilizatoria.

Para Trump, el hundimiento europeo se debería a las regulaciones comunitarias, a los flujos migratorios, y a censuras a los partidos políticos “patriotas” (o sea, de la ultraderecha). 

Washington no se comporta como un aliado, chantajea a la UE con las tarifas arancelarias, rechaza reglas a las empresas digitales de Estados Unidos y abandona sus compromisos de seguridad.  

Este ataque doble busca no solo debilitar sino quebrar a la UE, atacando sus sistemas democráticos nacionales y a la cooperación supranacional europea. Esto ocurre cuando Europa se ha embarcado en reflexiones sobre su futuro. Como escribe Enrico Letta: “La UE debe aprovechar a Trump como un catalizador externo para dar el salto de calidad que necesita desesperadamente. Europa debe reforzar su autonomía y convertirse en un actor capaz no solo de reaccionar sino de actuar con visión y determinación”.  

La reacción europea no debería ser solamente hacia dentro, en el sentido de consolidar y construir capacidades tecnológicas, industriales, financieras, de seguridad, bienestar de la ciudadanía y democracias, sino también en fortalecer y explorar nuevas relaciones en el mundo, y especialmente con el denominado Sur Global. La búsqueda no debería orientarse solo a tener socios comerciales alternativos para acceder a recursos naturales y mercados, sino a construir alianzas en torno a sistemas democráticos de gobierno y a la gestión conjunta y cooperativa de cuestiones comunes, entre otras: la lucha contra la crisis ambiental; los acuerdos Norte-Sur sobre migraciones; el combate legal y policial contra el crimen organizado, la evasión y el blanqueo internacional de capitales. 

Trabajar conjuntamente el Norte y el Sur supone fortalecer los marcos jurídicos del Derecho Internacional y cooperar para crear nuevas normas a medida que atiendan los nuevos desafíos, tales como la inteligencia artificial.

El ascenso del denominado Sur Global es uno de los acontecimientos más notables en el campo de las relaciones internacionales de las últimas dos décadas. Desde 2003 una serie de potencias regionales establecieron nuevas alianzas, han planteado críticas a los países más poderosos del Norte y han exigido reformas en el funcionamiento y la gobernanza del sistema multilateral. 

Las exigencias de reformas están centradas en las reglas y prácticas del comercio internacional; en el cuestionamiento del dominio del dólar en los intercambios comerciales; la gestión de la deuda externa; la reforma del sistema multilateral y Naciones Unidas y de los organismos internacionales de crédito. Igualmente, en las políticas sobre el cambio climático; los derechos de propiedad intelectual de las patentes y el acceso universal al conocimiento científico; y en reclamar el respeto y aplicación del Derecho Internacional y de las normas sobre violaciones de los Derechos Humanos.  

Paralelamente, gobiernos del Sur Global cooperan en campos como la transformación digital y tecnológica para disminuir la “brecha” Norte-Sur; la transición hacia modelos de producción sostenibles; la “desdolarización”; la renegociación de la deuda externa con la transformación ecológica, la seguridad alimentaria y de la salud y la mediación en conflictos armados. Estas medidas se enmarcan en los Objetivos de Desarrollo Sostenible-Agenda 2030.

En el contexto de generar nuevas relaciones con países del Sur, cabe subrayar tres cuestiones: la primera, Europa debe entablar el diálogo dejando de lado inercias, que en muchos casos persisten, de la era colonial. Debe ser un diálogo entre iguales con problemas como la crisis de la democracia, y necesidades en terrenos como la salud, la educación, y la seguridad. 

La segunda, fortalecer el Derecho Internacional y el multilateralismo, marcos de referencia necesarios para que las relaciones entre los estados sean predecibles, consensuadas y universales. 

En tercer lugar, democratizar el multilateralismo: que las sociedades participen en las deliberaciones sobre su papel en el mundo, y que lo hagan desde todos los sectores de éstas. El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, propone un “multilateralismo inclusivo”. Es el camino a seguir.

En un mundo donde las políticas domésticas e internacionales están cada vez más entrelazadas, los parlamentos, autoridades subnacionales (ciudades y gobiernos locales), sociedad civil, organizaciones religiosas, universidades, sindicatos, sectores privados, mujeres, y jóvenes deben estar representados. Todos deben opinar sobre la dinámica entre gobernanza local, regional, estatal y global. Si ese diálogo se establece entre actores de Europa y el Sur Global, estaremos explorando inéditas formas de democracia transnacional.

*Director y coordinador, respectivamente, del proyecto ‘Europa y el Sur Global desde la perspectiva subestatal’, de la Fundación eAtlantic