Lorenza Julia Álvarez Resano nació en Villafranca en 1903 y falleció en México DF el 19 de mayo de 1948. Hace 75 años. Fue figura capital del socialismo navarro durante la II República; diputada por Madrid en 1936 y gobernadora civil de Ciudad Real en 1937, además de otros cargos gubernamentales desempeñados interinamente durante la guerra.

Borrada de la historia, no solo por el franquismo, lógico que así ocurriese, sino, también, por los suyos, los socialistas, y por sus familiares, al menos los descendientes de la línea Álvarez, no por los de la parte de su primer marido, Amancio, los Muñoz Egea, y tampoco por parte de los Resano de Villafranca. En cuanto a los familiares de su segundo marido, Amadeo Núñez Bretón, nada puedo afirmar.

El hecho de haber sido olvidada de la historia ha tenido efectos colaterales desastrosos, porque, al recuperar su memoria, los errores sobre su vida se han disparatado de un modo exponencial.

Empecemos. En la partida de su nacimiento que puede leerse en el Registro Civil del Ayuntamiento de Villafranca se afirma que Julia nació en 1903 en dicho pueblo, en la calle Hospital número 2. Pero las veces que algunos historiadores han repetido que nació en Marcilla son varias. Y que nació en 1904, varias. Se ha dicho que era hija de Francisco Álvarez Bretos y de Nicasia Resano, por Nemesia, y que era la menor de cuatro hermanos cuando fue la segunda de ellos, Leonor, Julia, Miguel y Carmen. Con relación a su fallecimiento, en un libro de historia documentada de Villafranca se dijo que “se expatrió a Rusia donde se cree falleció”. Afirmación hecha en 1983.

En 1947 se dice que en la ciudad azteca estaban su madre Nemesia y su hermana Carmen. Sí, pero, también, Miguel. Los pasaportes de los hermanos dicen que entraron en México el 25 de mayo de 1942, en el barco Nyassa, ambos calificados como comunistas. F. Pérez Nievas anota que Miguel nunca fue a México, pues “permaneció durante bastante tiempo en un campo de concentración de Francia, donde se le detectó un tumor por el que murió en el quirófano”, añadiendo que “sobre este asunto no existe documentación al respecto”. Pero sí puede afirmarse, según partida de defunción, que Miguel murió en México el 25 de octubre 1970, a la edad de 64 años, soltero y como militar retirado.

Con relación al primer exilio de Julia en Francia, las fabulaciones sobre sus actividades son novelescas. En su origen, se encuentra el texto que escribió la socialista Claudina García, en El Socialista, de México, tras la muerte de Julia. En este texto hagiográfico se dice que “había sufrido persecuciones y encarcelamientos en Francia durante la ocupación alemana” y que “fue condenada a muerte por la Gestapo y que gracias a los esfuerzos de un patriota francés pudo escapar de la cárcel, uniéndose a los compañeros que luchaban en el maquis”. Información repetida sin contrastar por el historiador Gillispie en su libro Historia del Partido Socialista de España (1991) y que Pérez Nievas reprodujo, añadiendo que “no hay restos documentales de tal detención ni de su pasado guerrillero”. A pesar de tales reservas, hay quien afirmó que “Julia dormía con una pistola en la mesilla de noche”. Solo le faltó añadir de qué marca era la pistola.

El exilio de Julia en Francia se caracterizó por su clandestinidad. Fuera del hecho de dirigir el periódico El Socialista, su actividad como guerrillera en la Resistencia francesa no consta. Las cartas de su intercambio con la socialista navarra Matilde Huici hablan de la organización de ayuda a los refugiados españoles y de sus continuos desplazamientos de domicilio: Toulouse, Angulema, Clichy, Lacourneuve, etcétera.

Instalada en México aumentarán, más si cabe, las fabulaciones sobre este exilio. Hay quien sostiene que “falleció en la capital tan solo unos meses después de su llegada en la soledad de su despacho”. Algunos afirman que desde aquí “ayudó en la medida de sus posibilidades a los exiliados que llegaban”. No consta tal circunstancia. En el artículo Voluntad de memoria en el exilio mexicano, de Clara E. Lida (2002), dedicado a aclarar estas ayudas, el nombre Julia no aparece. En la investigación de Pilar Domínguez titulada La actividad política de las mujeres republicanas en México (1940-1960), Julia no existe. En la de Enriqueta Tuñón, La vida en México de las exiliadas españolas (2022), tampoco.

En cuanto a la afirmación mareante de que fundó y dirigió la revista Rimas, hay que decir que en la investigación de Eduardo Mateo sobre Revistas publicadas por el exilio mexicano (1992), Rimas no aparece. Tampoco, figura en la Hemeroteca Nacional de México ni en la Biblioteca Digital Hispánica. Ausencia que confirma Francisca Montiel en su estudio titulado Participación de las escritoras del exilio republicano español de 1939 en las publicaciones periódicas de su tiempo editadas en México (2022), donde observa: “Nada sabemos de la revista Rimas, que supuestamente fundó y dirigió la abogada socialista Julia Álvarez Resano tras llegar al país en 1947”.

Según su partida de defunción, murió en su domicilio, en México, Prolongación de las Vizcaínas, 3,104. Hay quien novelaría que “murió bajo la reflexión y el recuerdo de una vida agitada, comprometida con más de una causa perdida” y otros que murió tras “una larga enfermedad”, “de un tumor cerebral”, “víctima de rápida y fatal dolencia” o de “una hemorragia cerebral”. En realidad, según el médico que certificó su fallecimiento murió de “un paro cardíaco”.

El exilio mexicano de Julia sigue siendo una incógnita. Si no fuera por su pasaporte que establece su entrada en México y por su partida de defunción, podría decirse que Julia nunca pisó la ciudad azteca.

El 30 de este mes, en Villafranca, en la Casa de Cultura que lleva su nombre, recordaremos su paso por la historia que tan desdeñosamente la ha tratado y, de paso, evocaremos a quienes, hombres y mujeres del pueblo, creyeron en ella hasta el final de sus vidas pagándolo, en unos casos, con la muerte, y en otros, la mayoría de las mujeres que la apoyaron con cortes de pelo y otras vejaciones humillantes en 1936.

Todo sea por su memoria, la de Julia y la de los hombres y mujeres que sufrieron dicho olvido, unas veces conscientemente y otras por ignorancia.