La primera copa que tomas te afecta así al volante aunque no bebas más
Diversos estudios demuestran que cualquier cantidad de alcohol influye en la actividad cerebral
Beber y conducir son dos actividades que deberían ser absolutamente incompatibles, aunque por la cantidad de accidentes de tráfico en los que hay alcohol de por medio y por los numerosos positivos en los controles comprobamos fácilmente que no es así. Y no será por campañas de concienciación de la Dirección General de Tráfico, con su archiconocido ‘Si bebes no conduzcas’.
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Desde la primera copa
Sigue habiendo mucha gente que se pone al volante habiendo consumido bastante alcohol y también hay personas que van calculando a ojo lo que pueden beber sin dar positivo. No es esta última una actitud aconsejable, porque está demostrado que ya la primera copa afecta a la conducción, dé o no positivo en un control de alcoholemia.
Desde la Unidad de Rehabilitación Neurológica del Hospital Vithas Xanit Internacional alertan de que el alcohol daña desde que se empieza a consumir la comunicación entre las neuronas y el funcionamiento de áreas cerebrales implicadas en la memoria, la atención y el control motor. Investigaciones recientes publicadas en NeuroImage: Reports, Frontiers in Neuroscience y Frontiers in Human Neuroscience confirman que incluso consumos moderados modifican la conectividad funcional entre regiones clave del cerebro.
Impacto del alcohol en la atención
Asimismo, un estudio con resonancia magnética de ultraalto campo publicado en Human Brain Mapping ha identificado alteraciones en la red frontoparietal y en el sistema de control atencional tras ingestas leves de alcohol, lo que respalda la evidencia de que sus efectos comienzan desde la primera copa.
Belén Moliner, directora médica de Irenea, el Instituto de Rehabilitación Neurológica de Vithas, ha explicado que “la evidencia científica es clara: el alcohol afecta al cerebro desde el primer contacto. Aunque muchas personas lo asocian únicamente a consumos excesivos, sabemos que pequeñas dosis ya modifican procesos esenciales como la atención o la memoria de trabajo. El cerebro es especialmente sensible a estas sustancias, y su capacidad para coordinar movimientos, procesar información o tomar decisiones puede verse afectada de forma inmediata”.
Riesgo del consumo social
Por su parte, Myrtha O'Valle, directora asistencial de Irenea, añade que “en nuestra práctica clínica comprobamos que incluso los consumos sociales pueden tener consecuencias en la coordinación y la motricidad fina, aumentando el riesgo de caídas o accidentes. Es fundamental entender que no existe un consumo totalmente seguro: cada copa genera un efecto y el cerebro no dispone de mecanismos que lo hagan inmune”.
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La especialista advierte también de que el alcohol puede interactuar con tratamientos farmacológicos habituales en pacientes neurológicos, potenciando efectos secundarios o reduciendo la eficacia de la medicación. “En personas que están en tratamiento, incluso un consumo ocasional puede alterar la respuesta del sistema nervioso o interferir con los procesos de recuperación”, subraya O'Valle. Además, recuerda que el consumo de alcohol no solo afecta al rendimiento diario, sino que también puede agravar enfermedades neurológicas o dificultar la recuperación tras una lesión cerebral.
Costumbre normalizada
Todo ello cobra especial relevancia si tenemos en cuenta que el 93% de los españoles de entre 15 y 64 años ha consumido alcohol alguna vez en su vida, según la última Monografía de Alcohol del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (2024). Además, una de cada seis personas reconoce haber tenido un consumo intensivo reciente, un patrón más frecuente entre hombres y jóvenes de 20 a 24 años.
“El Día Mundial Sin Alcohol, celebrado este mes, invita a reflexionar sobre cómo normalizamos una sustancia que, aunque culturalmente aceptada, tiene un alto impacto en la salud cerebral”, concluye Moliner, que incide en que “evitar o reducir el consumo de alcohol es especialmente importante en jóvenes y personas con vulnerabilidad neurológica, ya que su ingesta se asocia a un mayor riesgo de ictus y otras alteraciones cerebrales”.
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