No es torpeza propia, porque ahora son los empleados de las compañías aéreas los que te ayudan a escanear la tarjeta de embarque desde el móvil al acceder al avión en los aeropuertos. Ya no se trata solo de ampliar el código de barras en la pantalla táctil; otro desafío es el giro automático de imagen, que puede volver loco al haz de luz que abre el torno. Lo mismo con el brillo de la pantalla: “Suba el brillo, por favor, que si no, no lee bien” De locos.
También en un parque temático: después de meterme un viaje a 180 kilómetros por hora, un torno me quería echar el freno. Giro automático, brillo, y su puñetera leche, pero no iba y decidí saltármelo, hasta que un mozo me echó el alto. Reculé y seguí intentándolo a buenas. Ni por esas. Así que grité “banzai” y al empleado solo le quedaba abandonar la cola que atendía él solo y seguirme. Sucedió, blando de mí, que me convenció la única persona que podía pararme en ese momento.
Para entonces, el empleado centennial ya solo quería perderme de vista, así que lo dejó todo para atenderme a mí: constató que el torno se había convertido en un hierro inútil dándole más trabajo, en vez de ayudarle. Y como yo no estaba para historias, me dejó pasar rápido. ¿Con qué máquina vamos a tratar cuando nos carguemos a las personas?
Ah, y TikTok no pinta nada este artículo. Pero tampoco tengo.