Ahora todas las agresiones homófobas son falsas

La prensa diestra se pone las botas por la mentira de Malasaña y habla de "casos aislados"

09.09.2021 | 07:05
Concentración de protesta contra una agresión homófoba

En cuanto trascendió que la agresión homófoba fue inventada por el joven se presentó como víctima, vaticiné un festín en el ultramonte mediático. En realidad, ha sido una auténtica bacanal, como van a comprobar.

"La falsa agresión homófoba deja en evidencia al Gobierno", dispara desde su primera El Mundo, que en el titular del editorial pone nombre y apellido a quien debe ser el chivo expiatorio: "Marlaska debe pedir perdón y dejar el Gobierno". El texto abunda en los motivos por los que el ministro tiene que irse a casa, y al exponerlos se desliza que las agresiones homófobas son casos aislados. Pero mejor que lo lean con sus propios ojos: "Resulta inadmisible que un ex magistrado ignore que una denuncia solo es el principio de una investigación, y que hay que respetar los tiempos de las pesquisas policiales antes de convertir en categoría un caso aislado o dos". Vuelvan a leer: "un caso aislado o dos".

En el mismo diario, Jorge Bustos palmea las orejas y se despacha a gusto. Como verán, tiene muchas cuentas pendientes: "El esquema narrativo de este vodevil, de esta épica calimochera, de este frente de Brunete comprado en los chinos se repite una y otra vez, porque el sanchismo tiene atrapada a la política española en un capítulo de los Power Rangers, con sus monstruos de caucho y sus héroes de látex. Una alerta antifascista secundada con autobuses de la Junta de Andalucía. Aquel francotirador que tenía a Sánchez en la mira. La foto de Colón que filmó Leni Riefenstahl. La ministra metida a fiscal distinguiendo entre extrema derecha y extrema extrema derecha. El llavero de un tronado convertido en la navaja ensangrentada del Destripador de ministras de progreso. Iglesias enrolándose en Gara para defender la democracia. Y ocho encapuchados marcando a un gay en un portal de Malasaña porque, claro, estas son las cosas que pasan en el Madrid de Ayuso. Lo jura Jorgejá". A ver, se lo han puesto a huevo.

Antes de abandonar El Mundo les anoto como curiosidad que la información sobre el hecho lleva por título "Boomerang del odio a Moncloa". ¿Qué es lo llamativo? Pues por su similitud con el que emplea La Razón, que, eso sí, castellaniza la palabra y marca otros protagonistas: "El bumerán del odio a la derecha". En la primera, el titular de apertura reza "El falso delito de odio desinfla la campaña contra PP y Vox".

El editorial del diario de la mancheta azul y la tilde rojigualda señala a donde cabe esperar: "De ahí, que sean especialmente reprobables los excesos oportunistas de la izquierda, que, con sus reiteradas sobreactuaciones acaban por insensibilizar al conjunto de la sociedad frente a unas conductas en absoluto erradicadas en el ámbito público de nuestro país. En el caso que nos ocupa, hemos visto repetirse un guion que pretende elevar a la categoría de hecho lo que no es más que una de las deformaciones ideológicas de la izquierda". Será por el espesor debido a las horas en que redactos estas líneas, pero no acabo de captar el sentido de la última frase.

Acudo raudo a la columna del director, Francisco Marhuenda, para que me saque de dudas, y con lo que eme encuentro es con la repetición, palabra arriba o abajo, del editorial: "No vale todo en política. Es una lección que se tendría que sacar de este triste incidente de manipulación por parte de un joven que ha conducido a que la izquierda haga un ridículo espantoso. Sánchez se apresuró, apremiado por las informaciones que salían, a convocar el viernes la comisión de seguimiento del plan de lucha contra los delitos de odio. Esta falsa agresión se suma a otros sucesos en los que la izquierda política y mediática se ha apresurado a manipular los delitos de odio con intenciones estrictamente partidistas".

En el editorial de ABC, más de lo mismo: "Han desmontado el castillo de naipes que la izquierda, empezando por el propio presidente del Gobierno, se apresuró a construir sobre una mentira y con la única intención de responsabilizar a la derecha de cualquier ataque que sufran los homosexuales. El ridículo es mayúsculo, solo comparable a la aparatosidad de un montaje que como en casos similares pasa por la criminalización de los rivales parlamentarios, sin otra prueba que el prejuicio y la propaganda. A la izquierda no le importan tanto las víctimas como su rentabilidad política, y cualquier investigación policial es posterior a su condena previa".

En Libertad Digital y, bajo la firma de Pablo Planas, encontramos una curiosa teoría. El falso denunciante sí es una víctima, pero de los malvados social-comunistas: "Hoy, la situación de los homosexuales en España es peor. Y el muchacho que se ha derrumbado ante la Policía no tiene la culpa. Al contrario, la culpa es de quienes utilizaron su historia en beneficio propio. Es una víctima, sí, pero de la izquierda que se apresuró a difundir su caso sin efectuar un mínimo contraste".

Suma y sigue, Guadalupe Sánchez se pega un sabanón en Vózpuli que se resume en el párrafo que les copio y pego a continuación: "Y al Gobierno, que se lanzó desesperado a por la rica carroña con la que poder atizar a la oposición, lanzando acusaciones de homofobia y otras tantas muy graves, le ha explotado en la cara. La historia del cazador cazado: quisieron retratar a Vox, a Ayuso y al Partido Popular como instigadores del odio y han acabado retratándose ellos como mentirosos, pusilánimes, arribistas y miserables. Y no sólo ellos, también todos los adláteres mediáticos que les rinden pleitesía convencidos de que este Gobierno es el bien reencarnado en la tierra y sus críticos una banda de amargados empeñados en que el mal triunfe. ¡Ay, Jorge Javier! ¡Ay, Carmen Chaparro! Y tantos otros".

Y para no eternizarnos, terminamos en El Español de Pedro J. Ramírez, que tampoco nos sorprende en su moralina editorial: "Lo grave no es tanto la mentira que originó el torbellino político y social posterior como el hecho de que esta fuera utilizada por varios líderes políticos y mediáticos para arrimar el ascua a la sardina de su relato. Un relato en el que lo de menos era la violencia en sí, el qué, y lo de más, el quién. Es decir, cómo utilizar el supuesto delito para satanizar al contrario". Todo, muy digno, sí, en el medio que ilustra la información con una foto robada del autor de la denuncia falsa.

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