Jon Idiakez y su familia

"Entre carreras y recitales nuestros fines de semana son muy animados"

El piloto de motocross vitoriano, Jon Idiakez, comenzó a competir con ocho años, después de que su aita, Fernando, le regalase una moto por su sexto cumpleaños. Desde entonces, su vida y la del resto de su familia ha estado ligado a este deporte. Este joven alavés ya ha logrado importantes títulos, pero tiene ganas de aumentar su colección de trofeos

06.09.2021 | 11:16
Jon Idiakez y su familia

Nos trasladamos a Vitoria-Gasteiz para visitar al piloto de motocross Jon Idiakez y su familia. Nos reciben con los brazos abiertos en la casa en la que este joven vive de alquiler con su novia, la también vitoriana Ana Sodupe. Junto a ellos están Arantza San Pedro y Fernando Idiakez, padres del piloto. Nos sentamos a la mesa para repasar la trayectoria de Jon Idiakez, que comenzó a competir con 8 años después de que su aita le regalara su primera moto en su sexto cumpleaños. Aun así, él nunca soñó con ser piloto, ni mucho menos con conseguir todos los galardones que ha ido logrando durante su trayectoria, tanto en los Campeonatos de España como en los de Euskadi.

Además, descubrimos el lado más desconocido del piloto a través de su familia. Conoceremos sus hobbies e intereses en un encuentro muy enriquecedor, ya que los Idiakez San Pedro nos demuestran que la vida no tiene más límites que los que uno se ponga a sí mismo.

Está claro que las motos son vuestro principal hobby. En tu caso, Jon, empezaste de txiki...

-Jon Idiakez: Sí. En mi sexto cumpleaños. Mi padre me regaló una moto, por sorpresa, y en el momento en el que me la dio me enamoré. Recuerdo que era una 50cc automática, muy pequeñita. (Conoce la trayectoria de Jon Idiakez aquí).

Fernando, tú fuiste quien le transmite la pasión por las motos. Después de que Jon haya varios Campeonato de Euskadi, haya hecho podiúm en varios Estatales y haya participado en un Mundial, ¿tienes pique con él?

-Fernando Idiakez: La verdad es que no. Yo siempre he sido un piloto normal. Gané alguna carrera que otra, pero nunca tuve el nivel que tiene mi hijo.

¿Qué os hizo pensar que el motocross podía convertirse en algo que le fuera a gustar?

-Arantza San Pedro: Por aquel entonces, Jon tenía una bici con ruedines y, al ver que amigos suyos no las tenían, se las quitó y aprendió él solo a andar en bici. Es que se proponía hacer algo y lo hacía...

-Fernando: Y además era un espectáculo ver la finura que tenía. Nos llamó mucho la atención. Jon era todo coordinación. (El motocross, la pasión de Jon Idiakez y de su padre Fernando, expiloto, aquí).

Arantza, ¿no tuvisteis miedo al principio de que le pudiese pasar algo?

-Arantza: No. He vivido la afición por las motos de Fernando, desde joven, pero como madre lo vives de forma diferente. Puedes tener algo de miedo de que pase algo, aunque sinceramente eso nunca me frenó para que le regalásemos una moto a Jon. Me tranquiliza saber que tiene muy en cuenta su propia seguridad.

-Fernando: Así es. Le hemos enseñado a tener respeto a las motos.

-Arantza: Viendo a Jon correr somos muy felices. Aunque hay momentos duros lo vivimos con mucha pasión. La primera carrera de Jon recuerdo que fue en Cantabria, en un prado con vacas y lleno de agujeros. Había una pendiente enorme y yo sólo estaba concentrada en que no cayese en ninguno.

-Fernando: Entonces tenía 8 años y aunque hoy en día empiezan con 3 años, nosotros dudamos mucho de si dejarle correr o no. Hasta que no vi que dominaba la moto, no quise dejarle competir.

Curiosamente, las motos os unieron a Fernando y a ti, Arantza.

-Arantza: Sí. A mí siempre me llamaban la atención los chicos que tenían moto. Cuando vi a Fernando me dije este chico me gusta. Eso sí, siempre voy de paquete y nunca he conducido una (risas).

¿Cómo os conocísteis vosotros, Jon?

-Jon: Nos conocimos en la ikastola a los 12 años. A mí no se me daba muy bien el fútbol y al ver a una chica correr y jugar a fútbol fuera de lo normal me llamó mucho la atención.

-Ana Sodupe: En Olabide, cuando llegó, era el chico nuevo, el de las motos. En aquel entonces fuimos de estos novios primerizos, pero nada importante (ríen).

-Jon: Pero al final somos de la misma cuadrilla y hace dos años empezamos a conocernos más y más hasta hoy día que vivimos juntos.

Y en tu caso, Ana, ¿qué opinas del mundo de las motos desde fuera?

-Ana: A mí me ha pillado todo esto de nuevas. Con Jon he descubierto cómo funciona el mundo de la competición en motocross. Es un deporte que la adrenalina que te da es única, pero he de reconocer que vivo más tranquila las carreras de otros (ríe).

Arantza, ¿cómo recuerdas las carreras de Fernando?

-Arantza: Repletas de aventuras de todos los colores porque es un deporte muy caro y muy sacrificado. Recuerdo que los ahorros de unas vacaciones los empleamos para ir a Alicante a una carrera y no podíamos volver si Fernando no conseguía uno de los premios y resulta que de repente la moto se le rompió y claro, no ganó nada. Era 1983 y teníamos apenas 18 años, así que nos buscamos la vida para llamar a nuestros padres.

¿Ha cambiado mucho este deporte con el paso de los años?

-Jon: En la época de mi padre no había 'sponsors', pero había más afición y los pilotos eran mucho más reconocidos que lo estamos hoy en día.

-Fernando: Yo empecé a andar en moto por mis propios medios, como veías que hacían prácticamente todos los pilotos de aquel entonces. Todo era muy casero, salvo cuando íbamos a correr a Cataluña o a Madrid, donde ahí sí veías profesionales. Con Jon, en cambio, ha sido totalmente diferente.

-Jon: He tenido suerte porque mi padre, aunque él no recibió ninguna formación como piloto, me llevó a los mejores profesores del momento.

En la actualidad, además de ser piloto, eres instructor.

-Jon: Sí. En la posición en la que estoy ahora como profesor, y con mi experiencia sobre la moto, detecto los defectos y errores que hemos cometido mi aita y yo en el momento en el que empezamos. Hoy en día los niños que empiezan en este mundo lo tienen más fácil, porque la formación es algo que está ya instaurado, aunque también hay mucha más presión.

¿Están más preparadas las nuevas generaciones de pilotos entonces?

-Jon: Sí, pero hay que tener claro que es un depore que no se aprende en un día y que es un camino muy largo. En el fondo es como la vida.

-Fernando: El motocross es muy costoso en tiempo, además de en dinero. Y por otro lado, el entorno es clave. Cuando ves a la familia alrededor, sabes que ese piloto puede llegar más lejos.

Jon, tienes una enfermedad que se llama lipomeningocele. ¿Cómo te afecta en tu día a día?

-Jon: Así es. En mi caso he tenido mis altibajos hasta que me operaron con 13 años. Fue un punto de inflexión. Aun así, como recibimos el diagnóstico pasados varios años, lo hemos llevado un poco mejor, sobre todo yo, porque crecí sin ser consciente de que tenía este problema e intentaba hacer de todo, por lo que en el momento en el que nos dieron la noticia yo ya sabía todas las cosas que sí podía hacer. A partir de entonces, junto a mi familia, empecé a afrontarlo, digerirlo y vivir con ello.

¿En qué se traduce esta enfermedad?

-Jon: Es una enfermedad rara y súper desconocida. A cada persona le puede afectar de una manera determinada, dependiendo del punto de inicio.

-Arantza: Es un cúmulo de líquido graso que se acumula en la médula espinal y en su caso, le corta la comunicación del sistema nervioso con la parte inferior del cuerpo.

¿Le limita de alguna forma en las carreras?

-Fernando: Lo que hace Jon con las motos es increíble porque las piernas son más del 50% en este deporte y él va con una pierna y cuarto, como quien dice. La gente no se puede imaginar lo que esto supone. A modo de ejemplo, después de una carrera, ves sus votas y la izquierda la gasta entera, pero la derecha la tiene como nueva.

¿Y te ha supuesto algún otro problema?

-Jon: Sí, a nivel social. A causa de esta enfermedad tengo problemas de vejiga y de control de esfínteres, así que eso me ocasiona problemas a nivel social. Me hicieron bullying de pequeño en el colegio y me tuve que cambiar de centro. Cuando empecé a destacar con la moto mis compañeros me hicieron una cruz.

-Arantza: Jon era un niño que tenía escapes. En clase lo pasó muy mal y cuando tenía ganas de ir al baño avisaba a los profesores, pero estos no le dejaban ir hasta que un día llegó a hacerse un charco en su sitio y los compañeros no le trataron bien, así que tomamos la decisión de cambiarle de colegio. (El bullying, un problema que corroe la enseñanza, aquí).

¿Cómo vivisteis como padres la enfermedad de Jon?

-Fernando: Al principio no entendíamos lo que estaba pasando y veíamos que aquello se estaba convirtiendo en un auténtico problema.

-Arantza: Todos los médicos nos decían que no tenía nada así que le reñíamos mucho e incluso le castigábamos€ hasta que de repente empezó a torcer un pie y a tropezarse y empezamos a preocuparnos.

-Fernando: Se le quedaba la pierna enganchada, cuando tres años antes le habían cogido para la selección de baloncesto de Álava porque era una auténtica bala.

-Arantza: De repente, un día ingresó en el hospital con infección de orina y unas fiebres tremendas.

-Jon: Ése fue el desencadenante. Me hicieron una exploración muy completa y recibimos el diagnóstico en el hospital de Donosti.

¿Y cómo encajásteis esta noticia?

-Jon: Fue duro, porque el nombre, de primeras, asusta mucho.

-Fernando: A nosotros nos entristeció mucho el comportamiento que habíamos tenido hasta entonces con él, porque aparentemente se encontraba bien y todos los días tenía una sonrisa.

¿Cuándo llegaste a Zuzenak? 

-Jon: Con 18 años. Aunque juego en categoría normal, formo parte de este club de deporte adaptado. Es duro aceptar que tienes una diferencia con los demás, pero en Zuzenak he aprendido a naturalizarlo.

-Arantza: En las fiestas de Vitoria salió un reportaje en el periódico sobre la historia de Zuzenak y de su fundador, Julio Roca, y decidimos ir. Nos abrieron las puertas de par en par.

-Fernando: Son gente con la que te entiendes con una simple mirada. Hablar con ellos, sobre todo para Jon, fue increíble. (Descubre uno de los clubes de deporte adaptado más importantes de todo el Estado, aquí).

Otra de tus experiencias más apasionantes fue tu estancia en Lisboa durante siete meses.

-Jon: Sí. Viajé con una beca Erasmus, mientras estudiaba Ciencias del Deporte. Fue una prueba para demostrarme que podía vivir solo y fue una gran experiencia. Eché en falta a mi familia, a la moto y la rutina de la competición. (Conoce Lisboa desde el punto de vista de alguien que ha vivido allí, aquí).

¿Qué sitios nos recomiendas visitar si viajamos a la capital portuguesa?

-Jon: Lo que más me llamó la atención fue la luz de Lisboa. De sitios os recomendaría ir a LX Factory, una fábrica abandonada que ha sido reconstruida y en la que hay espacios de coworking, culturales y donde realizan muchas actividades. También debéis visitar Barrio Alto y la Erasmus Corner, por supuesto. Además, no podéis iros sin comer una 'francesinha', el sándwich gratinado más famoso de Portugal. Con eso tiras para una semana, como poco (risas). Acompañado de una cerveza Sagres o Super Bock.

También estuve en Oporto y en Las Azores, pero destacaría la Costa Atlántica, que es increíble. Allí me inicié en el surf, un deporte que no había practicado antes porque pensé que no podía hacerlo en mis condiciones. Surfeé la playa de Caparica y la de la Cruz Quebrada, que era donde teníamos la facultad.

Ya que has mencionado un tentempié típico portugués, ¿quién es el más cocinillas de la familia?

-Jon: Mi madre, sin duda. Su padre era el cocinero del Naroki aquí en Vitoria y hace una tortilla de patatas espectacular. El solomillo Wellington que hace, con mermelada de frambuesa y una base de cebolla pochada, también está de muerte. Y a mi aita los postres se le dan fenomenal.

-Fernando: Igual está mal decirlo, pero creo que la tarta San Marcos es la que mejor me sale. (Atrévete a hacer el solomillo Wellington y la tarta San Marcos, el postre que mejor le sale a Fernando Idiakez, aquí).

¿Y quién es el más manitas de casa?

-Jon: Sin duda, Ana.

-Ana: Bueno€ es que estamos de alquiler en un piso de estudiantes y estaba bastante manoseado, por así decirlo. Llevamos un año aquí y todavía nos quedan muchas cosas por hacer, pero me he puesto a pintar y voy arreglando todo lo que veo que se puede mejorar. No tengo problemas con casi nada (risas).

¿Quién es el lector por excelencia?

-Ana: A mí me gusta mucho leer novelas de intriga. Ahora estoy con un libro muy interesante que se titula 'Sapiens', que trata sobre la evolución de la especie humana. (Profundiza en la historia de la humanidad, con este libro. Haz click aquí).

-Arantza: Yo soy fan de Dolores Redondo y de la trilogía de 'La ciudad Blanca', de Eva García Sáenz de Urturi.

¿Os peleáis con el mando de la tele?

-Jon: No. En casa, con Ana, no nos perdemos 'El Conquis'. Nos gusta ver las pruebas y el marujeo que se crea en el reality. También nos gustan los programas de humor, como 'Late Motiv' y 'La Resistencia'. De las últimas series que hemos visto nos ha gustado mucho la de 'Shameless'. ('El Conquis', uno de los 'realities' más extremos del mundo, aquí).

¿Sois de videojuegos?

-Jon: A mí me gustan los juegos de motos y de deporte en general. Los descubrí de pequeño y recuerdo gastarme toda la paga en jugar a eso.También me gusta el simulador. Dejé la consola cuando me hice adolescente y ahora he vuelto. Tengo una Play y juego al Supercross. (Descubre el mejor videojuego de motocross del mercado aquí).

¿Y algún hobby oculto?

-Fernando: Oculto no es, pero nos encanta la música. Tanto Arantza como mi hijo el pequeño, Aitor, cantamos.

-Arantza: Él es tenor, como su padre, y está estudiando artes escénicas y canto.

-Fernando: Yo soy tenor y he cantado toda mi vida. Canto en el coro Claustrum Armonicum de Vitoria, junto con Arantza, pero también he cantado para el Orfeón Donostiarra y el Orfeón Pamplonés.

-Arantza: Yo canto como soprano, pero de forma muy amateur y me lo paso muy bien. Nunca he estudiado música, pero sí que es verdad que siempre he acompañado a Fernando, así que lo que he aprendido ha sido viéndole.

-Jon: Mi ama es multidisciplinar. Puede cantar con mi aita en el coro y estar conmigo en una clase de motos, que con el tiempo que lleva viniendo, casi podría dar la clase ella (ríen). (Descubre la historia de los coros aquí).

Entonces entre las competiciones y los conciertos vuestros fines de semana serán una locura, ¿no?

-Fernando: Sin duda, fijaos que ha habido fines de semana en los que nos toca compaginar todo. Nos montamos todos en la autocaravana y volvemos a casa agotados, pero muy contentos.

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