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Donostia | "La isla no se va a llenar por 'Hondalea'; el récord está en 2.000 personas"

27.05.2021 | 01:09
Gente descansando en la isla, junto al bar que solo abre en temporada de verano. Foto: Javi Colmenero

Luis Fernández, con más de 40 años al frente del bar de la isla, cree que la obra de cristina iglesias "será un aliciente más para conocer santa clara, que muchos no han pisado"

"Hondalea no va a llenar la isla; el récord está en 2.000 personas y fue un día de San Ignacio en los años 70". Así lo asegura Luis Fernández, que este verano cumplirá 42 años llevando las riendas del bar de la isla, un particular establecimiento hostelero que solo funciona en temporada de verano y que podría ver cambios en su tradicional clientela popular con la apertura al público de la creación escultórica de Cristina Iglesia, a partir del 5 de junio.

El tabernero confía en que la atracción cultural ubicada en la casa del faro refuerce las ganas de conocer Santa Clara, un lugar recóndito, a dos pasos de la ciudad, que hace décadas era muy codiciado por algunos donostiarras y vecinos de localidades cercanas, que pasaban el domingo en plena naturaleza, tras un cortísimo viaje en barca. Luego había codazos para coger una mesa en la pradera y pasar el domingo en familia o cuadrilla. Sin embargo, esta afición ha ido decayendo y ahora, según explica el responsable del bar, "abajo aún hay algo de gente, pero arriba se puede uno dedicar a escribir novelas o poesía". Además, el hostelero recalca que muchos donostiarras ni siquiera han pisado la isla, algo que él no alcanza a comprender.

Por eso, para el tabernero, testigo privilegiado de la vida de la isla de Santa Clara de las últimas décadas, "Hondalea será un aliciente más para conocer la isla, algo que se ha ido perdiendo en los últimos tiempos". Si, además, beneficia a su negocio con más clientela, mejor, reconoce Fernández, que cree que la gente que acude a su bar y la que visitará la intervención escultórica no serán públicos iguales. "Pero entre subir y bajar a ver la obra, los nuevos visitantes de la isla igual tienen sed y también toman algo", confía.

Fernández no tiene miedo de que las 125 personas al día que acudan a conocer Hondalea en estos primeros meses de funcionamiento puedan suponer problema alguno para el ecosistema de la isla. El hecho de que haya que ir con cita previa y que las visitas sea reducidas impedirá aglomeraciones que, según recuerda, son historia.

El tabernero de la isla arrancará esta temporada su último verano como responsable de un establecimiento en el que cumplió cuatro décadas en 2019, lo que le valió un homenaje. Este último periodo coincide, además, con la última prórroga para la gestión del espacio otorgada por el Ayuntamiento, aprobada el martes. Después, como ha sucedido otras veces, el Consistorio sacará a concurso la instalación y podría o no recaer en manos de su socio. "Yo iré a la isla en plan turista o jubilado", anuncia.

Aunque difícilmente se podrá sorprender con los secretos de Santa Clara, que conoce al dedillo y que más personas podrán descubrir, quizás atraídas por la obra de la escultora de renombre internacional.

Apertura

"Me apetece escuchar la obra"

Luis Fernández no ha tenido aún la oportunidad de conocer la intervención ni se ha apuntado para ello. Pero reconoce que le apetece ver el resultado y, sobre todo, escucharlo. "He visto algún vídeo y lo que más me apetece es escuchar el sonido que se parece al del mar y que, por lo visto, estará presente en la intervención", dice.

Ahora, sin embargo, está centrado en las tareas de preparar el chiringuito isleño, con comidas y bebidas para quienes se acerquen al lugar desde el inicio de la temporada, el 1 de junio. Por ahora, está a la espera del permiso municipal para abrir la instalación, que ha ido incorporando algunas nuevas costumbres.

Una de ellas es la cuenta que abren algunos clientes o el paquete de cigarrillos con nombre para otros. "Un día traen 50 o 100 euros y dejan una cuenta abierta para cuando vienen navegando o, incluso, nadando", explica. Algunos toman algo o se quedan a comer tras llegar desde Ondarreta dando brazadas. "No traen toalla y se secan al sol", dice. Y otros, que disfrutan de un cigarrito tras el esfuerzo de llegar a nado, tienen una cajetilla de tabaco a su nombre en el bar.

Mientras esperan la apertura del bar van preparando lo necesario, lo mismo que sucede en la propia isla. No solo la casa del faro culmina su intervención con las consiguientes obras, el espigón del muelle de Santa Clara, que se encuentra deteriorado desde hace varios años, sufre una reparación en su punta. Herramientas y material de obra resultaron inundados hace pocos días por las olas, ya que hubo temporal. Pero los trabajos se retomarán y la isla inaugurará una temporada diferente, con más presencia de vips que en toda su historia.

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