La lluvia ha decido este sábado vestirse de protagonista en el Carnaval. Nada de sirimiri discreto: agua jarreando, paraguas haciendo coreografías imposibles y maquillajes luchando por su supervivencia. Pero si algo quedó claro es que en Debagoiena, cuando hay ganas de fiesta, no hay nube que valga.
En Arrasate, la celebración ha arrancado con la Tómbola Antojitos a modo de pregón, que en principio iba a lucirse al aire libre, pero ha acabado refugiándose bajo la pérgola de la plaza Biteri, más por supervivencia que por estética. Desde allí, con el agua marcando el ritmo, ha comenzado una jornada en el que la creatividad ha sido la auténtica reina.
El desfile, eso sí, ha tenido que recortar recorrido: del Portalón a la Herriko Plaza, en versión exprés. Por las calles ha aparecido nada menos que Carlos VII, 'resucitado' para la ocasión, con regimiento completo, cañón incluido y reivindicación foral en la boca. Tampoco ha faltado el entierro de la sardina, con su comitiva solemne y dramática, ni el equipo de Nakturale, que ha desfilado con 'vaca lechera' y hasta un ordeño en directo.
Porque si algo define estas fiestas es que lo mismo te encuentras una escena rural en plena plaza que un guiño romántico. Y hablando de romanticismo: el 14 de febrero, San Valentín, también ha tenido su espacio entre disfraces. Cupidos improvisados, corazones atravesados y más de un “te quiero” al ritmo de la charanga. Entre tanto amor, ha habido fuerza bruta con harrijasotzailes demostrando que el Carnaval no está reñido con la tradición.
Premios del concurso
En el concurso de disfraces, el premio a la mejor cuadrilla ha recaído en 'La barandilla de la Concha', con sus bailarinas perfectamente sincronizadas: original, vistoso y trabajadísimo. El grupo joven se ha llevado el aplauso con Doraemon; la distinción a la mejor carroza ha sido para Musakola, concretamente para 'La cesta de frutas'; y en la categoría individual ha triunfado un incombustible Pedro Picapiedra.
Imaginación al poder en Eskoriatza
En Eskoriatza, si el cielo se empeña en mojar, la celebración se traslada al frontón. Y allí se ha dado cita la imaginación, la música y las ganas de pasarlo bien, antes del desfile fugaz por las calles. San Valentín ha seguido haciendo de las suyas, acompañado de la mítica serie 'V' y de una parrilla ambulante con chef incluido, sazonando chuletas 'vivientes' como si estuviera en la final de un concurso gastronómico. Incluso el rocío andaluz ha traído un pedacito del sur al corazón de Debagoiena.
Oñati ha sacado también su mascarada a la calle, mientras Antzuola, Bergara y Leintz Gatzaga desplegaban su propia fiesta.
No ha faltado de nada. Ni siquiera el buen humor, que ha sido el auténtico paraguas colectivo.