Viajar con mascota ya no es una excepción, es una forma de entender el mundo. En una ciudad como Donostia, donde el paseo forma parte de la identidad, el Hotel Catalonia ha sabido interpretar ese cambio silencioso que transforma al viajero y su manera de alojarse. Aquí, la experiencia pet-friendly no es una etiqueta: es una decisión consciente que combina hospitalidad, orden y sensibilidad.
La apuesta no es casual. Responde a una realidad cada vez más visible: para muchos viajeros y viajeras, perros y gatos forman parte del núcleo familiar. Dejarlos en casa, buscar cuidadores o acortar las escapadas planificadas ha dejado de ser una opción atractiva. Los Hoteles Catalonia entendieron pronto esta evolución del mercado y decidieron adaptarse, ofreciendo una experiencia turística más integral y familiar, capaz de eliminar renuncias y favorecer estancias más largas.
Convivencia equilibrada
El resultado es un modelo cuidado y bien pensado. Los animales —perros y gatos de hasta 20 kilogramos— son recibidos con el mismo respeto que cualquier otra persona alojada. Las habitaciones se preparan específicamente para su llegada: colchonetas, comederos, manteles e incluso bandejas con arena para los felinos. Nada queda al azar. Todo responde a una logística clara que garantiza comodidad, limpieza y una convivencia equilibrada. Desde el primer momento, al solicitar la cartilla de vacunación y facilitar la normativa de alojamiento, se establece un marco de responsabilidad compartida.
La estancia con peludos de cuatro patas tiene un coste de 25 euros por noche, un suplemento que cubre los servicios adicionales necesarios para mantener los estándares de limpieza y confort que caracterizan al hotel. No se trata de un recargo simbólico, sino de una inversión en calidad, higiene y atención personalizada, asumida por un perfil de cliente que valora poder viajar sin separarse de los suyos.
Además, en el momento del 'check-in' se solicita un depósito de 200 euros como garantía ante posibles desperfectos. Esta medida, habitual en alojamientos de este tipo, refuerza la idea de corresponsabilidad. Al finalizar la estancia, la habitación se revisa cuidadosamente y, si todo está en perfecto estado, el importe se devuelve íntegramente.
Convivencia y normas claras
Las normas de convivencia son precisas: los animales no pueden acceder a zonas comunes como el restaurante, el bar, el spa, el gimnasio o la piscina, y deben ir siempre con correa en las áreas de paso. Tampoco está permitido que suban a la cama ni que utilicen las toallas del hotel. Durante el servicio de limpieza, se solicita que no permanezcan en la habitación, salvo que estén dentro de su transportín. Son indicaciones sencillas, pero fundamentales para garantizar el descanso y la experiencia del conjunto de clientes y clientas.
Los animales no pueden acceder a zonas comunes como el restaurante, el bar, el spa, el gimnasio o la piscina
"Muy recomendable y maravillosa"
Pero si algo marca la diferencia es el trato humano. Las opiniones lo confirman: el personal no solo conoce la normativa, la tiene interiorizada. Hay naturalidad, atención y pequeños gestos que elevan la experiencia. Desde facilitar contactos de paseadores de perros en la zona hasta asignar habitaciones más tranquilas para evitar ruidos, todo está pensado para una convivencia armoniosa.
Esa forma de hacer se traduce en una percepción muy favorable por parte de los huéspedes. Se valora especialmente la cercanía, el cuidado por los detalles y la tranquilidad de viajar sin renuncias. El conjunto deja una impresión sólida y satisfactoria, que muchos resumen con calificativos como “muy recomendable” o, en no pocos casos, “maravillosa”.
La ubicación del hotel, en pleno corazón de la capital guipuzcoana, redondea la propuesta. Pasear con la mascota por la ciudad, sentir la brisa del mar o perderse por sus calles se convierte en parte esencial del viaje, donde disfrutar plenamente implica no separarse de quienes forman parte de la familia.