Lucía Hurtado (Beasain, 1996) ha encontrado en el doblaje un espacio donde su voz da vida a mundos inimaginables. Enfermera de formación pero artista de nacimiento, combina talento, sensibilidad y disciplina en cada interpretación. Con cada proyecto, su pasión por este oficio crece, hasta animarse a compartir su trabajo en redes sociales.

Dar vida a un personaje solo con la voz no es tarea fácil. ¿Cómo descubrió su pasión por este mundo?

Mi llegada al doblaje es la continuación natural de mi camino como actriz. Desde niña sentí fascinación por la interpretación; mi vocación empezó en el sofá de casa, alimentada por todo el cine que veía con mis padres.

¿Se dedica al doblaje de manera profesional?

Sí, lo vivo como una profesión, aunque compagino este trabajo con mi labor como enfermera. Lejos de ser mundos separados, se complementan: la enfermería me aporta madurez y sensibilidad, que luego intento volcar en cada personaje que interpreto.

¿Cómo describiría su voz y estilo interpretativo?

Tengo una voz versátil, con un registro muy definido. Me muevo con comodidad desde la frescura de la animación y los personajes adolescentes hasta voces con más cuerpo y carácter, propias de mujeres de mediana edad. Conozco bien mi instrumento y sé dónde brillo; por eso mi estilo es honesto y directo, buscando siempre que la interpretación suene natural y real.

¿Qué tipo de doblajes disfruta más?

Disfruto especialmente del drama y de los personajes con profundidad psicológica, aquellos que permiten explorar distintos matices emocionales. Al mismo tiempo, la animación me resulta muy atractiva, porque ofrece una libertad creativa y una energía que, en ocasiones, la imagen real no permite.

¿Qué doblaje recuerda con más cariño?

Recuerdo con especial cariño el doblaje del personaje Anastasia, que compartí en redes. Fue un punto de inflexión, porque me permitió enfrentarme a un registro que pensaba que no podría defender. El resultado me sorprendió y me hizo tomar conciencia de que, con trabajo y sensibilidad, es posible ampliar los propios límites.

Da a conocer sus trabajos a través de las redes sociales. ¿Qué la motivó a hacerlo y cómo vivió ese primer paso?

Mentiría si dijera que no me dio vértigo. Al principio me frenaba el miedo al qué dirán. Me asustaba que se viera como algo extraño o demasiado friki. Sin embargo, llegó un momento en que decidí dejar atrás los prejuicios y apostar por lo que me apasiona. Las redes son un escaparate increíble y no quería que el miedo me impidiera mostrar mi trabajo. Al final, cuando ves que la gente conecta con tu interpretación, te das cuenta de que lo único que importa es la autenticidad.

¿Qué comentarios recibe de sus seguidores y conocidos?

Me hace mucha ilusión la reacción de mi entorno. Les sorprende cómo cambia mi voz según el personaje y me dicen que no parezco yo, lo que me demuestra que el personaje ha cobrado vida propia. En redes, hay personas que ni siquiera creen que la voz sea la mía; para mí eso es un gran elogio a mi trabajo.

En las grabaciones que comparte, cuida con detalle el vestuario. 

Cuidar el vestuario me ayuda a interpretar la escena y a meterme de lleno en la piel del personaje. Además, creo que visualmente hace que el contenido sea más atractivo y profesional. Es un proceso muy trabajado y lo considero mi sello de identidad.

¿Hay algún personaje que le gustaría doblar? 

Me atraen mucho las villanas con matices o los personajes de dramas históricos, donde cada palabra tiene peso. Pero, sobre todo, me encantaría dar voz a un personaje icónico que permanezca en la memoria de la gente con el paso de los años.

¿Cuál sería su mayor sueño en el mundo del doblaje?

Mi sueño absoluto sería ponerle voz a un personaje en una película de Disney o Pixar. Son las historias con las que crecí, que me hicieron amar el cine y que me enseñaron que la voz puede dar vida a mundos imposibles. 

¿Cree que el doblaje se aprende o es innato?

Creo que se puede nacer con una sensibilidad especial para observar y escuchar, pero el doblaje es un oficio técnico muy exigente. Requiere años de técnica vocal, control de la respiración y capacidad de reacción inmediata. Sin formación, el talento se queda a medias.