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"Cuando llegué en los años ochenta a Getaria, estuve viviendo meses en el "Ratón", en mi tienda de campaña"

Manuel Fernandes (Aveiro, Portugal, 1957) se define como "un portugués de Getaria". Aunque para muchos es un getariarra más. Este artista crea sus obras con piedras y maderas que llegan del mar. Y es que al pasear por la playa, ve todo tipo de caras en esos caprichos de la naturaleza

"Cuando llegué en los años ochenta a Getaria, estuve viviendo meses en el "Ratón", en mi tienda de campaña"Foto: a.l.

getaria. Si uno pasea por la calle Mayor de Getaria es inevitable mirar al local que la asociación Itsasplanet tiene y preguntarse, "Pero ¿Qué es esto?, ¿Un museo, un taller, una tienda o una sala de cine?". El artista Miguel Fernandes ocupa parte de la sala con sus obras y atiende a todas las visitas, explicándoles que se trata de una mezcla de todo eso, que surgió de un proyecto hace cuatro años y que busca impulsar la cultura del mar y un turismo participativo, donde el visitante es el protagonista. Precisamente esas visitas son la fuente de inspiración del escultor portugués. Arrancamos la entrevista tras el efusivo saludo de un vecino de Getaria que demuestra la confianza que tiene este amable artista con sus vecinos: "¡Manuel! ¡Qué pasa majo!".

¿Cuándo llegó a Getaria?

En los años 80. Antes, a finales del año 1979, llegué a Ordizia y tenía amigos que me enseñaron la villa costera. Vengo de una familia humilde y en Portugal aprendí a escribir, leer y a contar. Después siempre he sido autodidacta. Al ver Getaria me enamoré de ella y acampé mi tienda de campaña durante tres meses en el ratón (monte San Antón). No sabía que estaba prohibido acampar allí, aunque no era como ahora, estaba lleno de zarzas y abandonado. Viví tres meses allí con grandes tormentas. Bajaba al pueblo a pintar mis cuadros y un día una señora me pidió un encargo y me dijo que fuera a su casa si no tenía dónde pintar. Tenía 22 años y se convirtió en mi familia. Me trataban como a un hijo más. Me encontré con gente muy buena que me aceptaba como era. Getaria tiene algo muy especial.

Empezó con la pintura, pero después se pasó a la escultura...

Cuando vivía en Ordizia acudía los fines de semana a la playa de La Concha y allí empecé a hacer las primeras figuras en la arena. Un día, una periodista sorprendida por toda la gente que atraían mis obras me dijo si quería ir a un taller para trabajar la piedra. Así conocí el taller de San Pedro de Aia.

¿Qué material utiliza hoy en día?

Madera o piedra que encuentro en las playas. Trabajo con los cantos rodados de la playa y las maderas que llegan de las mareas vivas. Siempre digo que vivo del mar y cuando llega un tronco los propios getariarras me avisan. Me gusta reciclar material y también me dedico a la restauración. La piedra de la playa tiene una determinada forma que intento respetar. Cuando paseo por la arena voy con la mente abierta y veo caras contentas, tristes... en las piedras. La naturaleza es caprichosa. Siempre me pregunto de dónde vendrá cada una.

Entre sus obras se puede encontrar desde un busto de Oteiza hasta un unicornio enorme...

Sí, hay de todo. Incluso el busto de Oteiza tiene un clavo original de la catedral de Burgos del año 1445, porque estuve tres años restaurando su claustro. El mascarón de proa del unicornio, por su parte, lo tardé en hacer seis meses y llama mucho la atención a los visitantes. También tengo unos pies con alas porque un hombre que me visitó me contó que recorría lugares andando y pensé, "¿y si tuviera alas?". Itsasplanet me ha ofrecido la oportunidad de crear una exposición continua abierta durante todo el día y gracias al boca a boca acude mucha gente.

Tendrá miles de anécdotas...

Sí y me gusta que la gente entre y se anime a ayudarme a hacer mis obras. Lo bonito es cuando vienen un día y vuelven a los tres años. Es curioso, la gente de aquí siempre vuelve. Estoy encantado. Aquí pueden tocar la obra, colaborar en hacerla y saber toda su historia, cosa que en algunas galerías es imposible. Me gusta que la gente se sienta como en su casa. Una vez me visitó un joven de 26 año de Estados Unidos que tenía un problema de visión y no veía nada. Pero era escultor y me quedé sorprendidísimo. Le puse en las manos las piedras y la madera y fue impresionante. Pero se quejaba de que no tenía profesores que le pudieran explicar cómo elaborar las obras. Me animó a trabajar un día con una venda en los ojos.

Además de las clases de pintura, también ofrece talleres para crear figuras de arena en algunas playas de Gipuzkoa...

En mi opinión, es una de las mejores clases que se le puede dar a un niño. Antes de comenzar a hacer las obras, primero siempre doy una charla a los menores y a sus padres, para advertirles de que lo que van a hacer lo acabará rompiendo un compañero o se lo llevará el mar. Es importante animarles a crear de nuevo y hacerles ver que tienen una materia prima en la playa, para que cuando puedan ir a pasar el día, experimenten con ella. Me sorprenden mucho y me alegra verles disfrutar y sacándose fotografías para inmortalizar el momento.