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Florencia Canale revive a ‘la monja alférez’: una mujer que desafió su tiempo para ser libre

En su novela ‘La cruzada’, Florencia Canale viaja al siglo XVII para contar la vida de una vasca que se disfrazó de hombre, luchó en el ejército y buscó su libertad cuando hacerlo era impensable

Florencia Canale revive a ‘la monja alférez’: una mujer que desafió su tiempo para ser libreJavier Ocaña

La escritora argentina Florencia Canale vuelve a sumergirse en el pasado con La Cruzada para rescatar una figura femenina tan fascinante como desafiante: Catalina Erauso, conocida como ‘la monja alférez’, una mujer nacida en Donostia en 1592 que escapó del convento, se disfrazó de hombre y adoptó una identidad masculina para salvar su vida. Vivió una vida de aventuras, batallas y secretos que parecen imposibles para su tiempo, una vida realmente novelesca.

¿Cómo le llegó la historia de Catalina y qué le atrajo de ella?

Azarosamente. Yo estaba investigando para mi novela anterior, que no tiene nada que ver, porque transcurre en el siglo XIX en Sudamérica. Pero mientras buscaba información, apareció su nombre. Podría haber seguido de largo, porque no estaba buscando a Catalina Erauso, sino a otra persona. Sin embargo, al googlearla y leer por encima quién había sido y cómo había vivido, inmediatamente me fascinó. Hablé con mi editor y decidimos avanzar con la idea, porque era imposible no quedar capturada por la historia de esta mujer. 

La escritora Florencia Canale.

Pregunta obligada. ¿Visitó Donostia?

Sí, por supuesto. Fui a Donostia y fui absolutamente feliz. La encontré en el museo, casi de manera azarosa. Entré y, cuando apareció en una de las salas, la seguí incluso respirando, intentando inhalar el mismo aire que ella había respirado. Yo nací en una ciudad balnearia de Argentina, Mar del Plata, que me resulta muy parecida a Donostia. Estar allí fue algo familiar y, al mismo tiempo, profundamente enriquecedor. Pero nada era suficiente. Mandé pedir sus memorias, porque Catalina escribió sus memorias, lo cual es un hecho extraordinario para una mujer de finales del siglo XVI. 

En una época en la que las mujeres seguimos luchando por nuestros derechos, ¿qué le inspira una figura tan transgresora?

Esto me pasó con muchas chicas jóvenes que no conocían a Catalina y que, después de leer la novela, quedaron impactadas, elevándola al lugar de estandarte o ejemplo. Y eso me puso muy contenta, claro, aunque tampoco se trata de imitar todas sus actitudes, por favor, que no salgan a matar gente. Pero sí resulta asombroso ver cómo esta jovencita, a los quince años, decide forjar su propio destino, ir en busca de la libertad y transformarse en fugitiva para encontrarse a sí misma. Eso es tan moderno que incluso hoy seguimos intentando lo mismo: forjar nuestro propio destino. También me pareció interesante ver cómo, más allá de esa locura o ímpetu juvenil de jugarse el todo por el todo, con los años fue aprendiendo la templanza y la paciencia. Eso la convierte, como a cualquiera de nosotros, en una cruzada de vida. Por supuesto, seguimos en el presente librando nuestras propias batallas, muchas veces compartidas. Tal vez podamos entender algo de nuestras luchas actuales a partir de las batallas que Catalina libró en el siglo XVII.

En libros anteriores ha explorado a otras mujeres. ¿Le atrae escribir sobre mujeres poderosas?

Me atrae narrar historias de mujeres que ejercen el poder porque a través de ellas intento entender qué es la vida, cómo se vive. A mí me resulta difícil la vida del presente; quizá en el pasado encuentro más respuestas. Observar cómo estas mujeres, lograron llevar adelante sus vidas me ayuda a buscar sentido, aunque siempre aparecen nuevas preguntas. La vida no se clausura nunca: es una sucesión constante de dudas e interrogantes.

¿Y hay alguna figura que le apetezca explorar para su próxima novela?

Termino aquí y ya me pongo en camino para buscar a mi próximo personaje, que de hecho ya lo tengo pensado. Es otra mujer. Por supuesto, no quiero moverme de este continente ni del siglo. Es una figura muy inquietante también. Por suerte siempre encuentro personajes que me resultan interesantes para escribir.

La historia de Catalina tiene muchos puntos en común con la de Mulán. ¿Le recordó en algún momento a esa película?

Yo no la vi, pero muchos comentan que hay muchas semejanzas. Tal vez incluso se inspiraron en este personaje, porque Catalina es una figura legendaria. Seguramente. Siempre hay una especie de scouting de historias, gente muy atenta y agazapada buscando temas interesantes, y ¿por qué no? 

Cuando se investiga tanto sobre un personaje, a veces su historia se queda en la cabeza. ¿Le ha pasado algo así?

Yo quedo completamente suspendida con el personaje o con lo que estoy investigando. Es mi forma de trabajo, no entiendo otra manera de hacerlo. Los personajes me tienen muy capturada. Y además creo que no los quiero dejar: soy muy egoísta.

¿Qué le ha enseñado? 

A ser más paciente, más tolerante. A no sentirme urgida por las respuestas inmediatas. Ya lo entendía, pero Catalina me confirmó que la vida es un camino largo y, muchas veces, tortuoso. Lo digo por esta liviandad del presente, que en realidad de liviano no tiene nada. La vida no es liviana. Lo que intento es disfrutar la travesía, el viaje, no la llegada a un sitio concreto. Trato de no obsesionarme con los resultados inmediatos. Intento vivir de una manera más flexible, más dinámica y, sobre todo, más paciente.

Si Catalina viviera hoy, ¿qué cree que diría al mundo? 

Si estuviera en su juventud, seguramente diría: “a luchar, a ser valientes”. En cambio, ya en el tramo final de su vida, quizás diría: “a calmarse, a no desesperar, que todo llega”.