La lupa

La economía vasca según San Mateo (capítulo segundo)

05.02.2021 | 00:27

Como decíamos ayer, podríamos pensar que las economías de aglomeración, esas que nos cuentan que lo grande será como un agujero negro que irá absorbiendo más y más energía y recursos, son un fenómeno natural, inevitable, de nuestra economía de mercado. Y es verdad que existen en todas las economías de nuestro entorno, pero no debemos pensar que es algo inevitable, como lo es la ley de la gravedad al mundo físico.

Y es que el fenómeno no es tan "natural". En esta liga que jugamos todos, nadie tiene nada garantizado. Mateo lo exponía de manera brillante en su evangelio. Hay territorios y gestores que, teniendo, se esfuerzan y arriesgan, y otros que no, o que arriesgan menos. Y también hay apuestas que no salen, o casos en los que se acaba el dinero público y kaputt, se ve que no había nada detrás, aunque la cosa haya durado años.

También decíamos que, si hubiera que caracterizar la gran transformación de la economía vasca de los últimos 40 años, lo más relevante ha sido el paso a una economía centrada en el sector servicios. En esto ha habido dos fases; una primera y más acelerada, con un descenso de 10 puntos de PIB de la CAV durante la década de los años 80; y una segunda, más suave durante los treinta años siguientes, en los que bajó otros diez puntos, crisis del 2008-2014 incluida, hasta situarse en el entorno actual del 22% del PIB de la CAV.

¿Y cómo es nuestra industria actual? En primer lugar, conviene distinguir el sector industrial manufacturero, que es lo que todos entendemos por industria, de la parte dedicada a la energía, el agua y el saneamiento. Hablamos de la parte manufacturera, de fabricación de todo tipo de productos y materias primas e intermedias, que supone el 85% del PIB industrial y que es una quinta parte de nuestra economía.

Es precisamente en este ámbito, en el que tenemos que destacar uno de los elementos más positivos de nuestra estructura económica: la menor concentración en términos relativos del sector industrial manufacturero de la CAV y su función fundamental de vertebración del territorio. Vamos a ver lo que significa desde distintas perspectivas.

En la actualidad, el Gran Bilbao concentra algo más de una quinta parte de esa economía dedicada a la fabricación, le sigue Vitoria-Gasteiz (Llanada Alavesa) con una octava parte, y luego vienen Donostialdea con una décima parte, seguida de cerca de Durangoaldea, Goierri y Alto Deba. Con algo menos de la mitad de estos últimos lurraldes, están Tolosaldea, Urola Costa y Bajo Deba, con algo menos del 5%. El 80% de nuestra industria manufacturera se reparte en estos 9 lurraldes, de los 20 que componen la CAV. Bizkaia y Gipuzkoa tienen el mismo peso, con un 40% del PIB y del empleo industrial manufacturero para cada provincia.

Si a su vez vemos cómo se distribuye a nivel municipal esta estructura industrial, el 60% del total se reparte en 32 municipios de los 251 que componen la CAV, entre los que destaca Vitoria-Gasteiz con una gran participación (13%), pero es una excepción mayor. Salvo en el caso de Zamudio (4%) o de Arrasate (3%), en el resto de los casos estamos hablando de participaciones menores del entorno del 2%. En Gipuzkoa, para este ámbito tenemos a municipios como Hernani, Beasain, Oñati, Elgoibar o Irun, que están entre los 10 primeros.

Si tomamos los últimos 25 años de datos y su variación, tanto en términos reales como nominales, por tamaño, podemos ver que una actividad fundamental como la relacionada con la metalurgia y los productos metálicos ha perdido un tercio de su peso en el mix de la economía, pero siguen siendo el principal subsector industrial. Lo mismo ha ocurrido con la fabricación de productos de plástico/caucho o las papeleras. Allá en el año 95 entre acero, plástico y papel hacían la mitad de nuestro PIB industrial manufacturero.

Si lo vemos desde el punto de vista de su dinamismo (crecimiento en términos reales), son otras actividades, como la fabricación de material de transporte (vehículos y ferroviario), maquinaria y equipo, los productos informáticos y electrónicos o la reparación de maquinaria, los que han crecido de manera continua y sostenida por encima de lo que lo ha hecho el sector y la economía. La consecuencia es que hoy tenemos una estructura algo más diversificada y menos concentrada, algo fundamental para articular el territorio, ahora que se habla tanto de eso de la España vacía a nivel del Estado.

Pero hay algo más. En este proceso también se ha transformado la forma de hacer las cosas, y hay muchos procesos que antes se hacían en casa y que ahora se han externalizado. Esta estrategia alcanza también a muchas de las nuevas necesidades y/o requisitos que se exigen en todos los ámbitos, desde el legal (laboral, fiscal, financiero, contable etc.) a los desarrollos de tecnología industrial, NTIC, etc. Esto ha generado un subsector de alto crecimiento ligado a la industria: los servicios a las empresas.

En promedio, estas actividades han crecido una vez y media lo que ha crecido la economía en términos reales durante estos 25 años, y ahora suponen casi un 8% del PIB total. De hecho, forman parte de la cadena de valor del sector industrial, por lo que podemos decir de manera conservadora que nuestro PIB industrial real es casi un tercio de nuestra economía.

Ahora bien, esto que es bueno para la articulación del territorio también puede ser un problema para la competitividad del propio sector. El tamaño empresarial es una variable fundamental a la hora de desarrollar y mantener la ventaja competitiva. No tener la dimensión y el músculo suficiente para defender y desarrollar las ventajas competitivas es un problema serio. Más ahora que esa parte de innovación y de proximidad al cliente global, con una renovación constante de la estrategia tecnológica, es cada vez más importante. De hecho, si analizamos la evolución del número de establecimientos del sector industrial, entre 2008 y principios de 2020 habían desaparecido una cuarta parte, sin mucha diferencia entre los lurraldes respecto a esta proporción.

Pero no por ello se ha reducido el nivel de la producción industrial en términos reales. El sector se ha diversificado, y tampoco se ha reducido el empleo industrial a tiempo completo, que incluso ha crecido estos años. Y es que el tamaño promedio de las empresas industriales va creciendo en términos de empleo y negocio. No debemos olvidar que venimos de una crisis muy severa, la del periodo 2008-2014, y los datos del Eustat señalan que se recuperó la productividad después de la larga crisis financiera, tal como muestra la ratio fundamental que relaciona el valor añadido bruto con los costes laborales unitarios para el año 2018, último año disponible.

Así las cosas, lo que nos señala Mateo respecto a la concentración se irá cumpliendo, primero en términos del propio sector industrial y de lo que ya teníamos antes, y veremos si también respecto al territorio de la CAV y a las nuevas oportunidades industriales que surjan.