La lupa

Una foto de la salida económica del año 2020

08.01.2021 | 00:25

Si me lo permites, hoy vamos a hablar de la parte menos complicada de lo que nos está tocando vivir, de dinero. A finales de noviembre de 2020, la deuda pública y privada total era de 3,24 billones de euros, casi tres veces el tamaño de nuestra economía. De este total, 1,57 billones son públicos y 1,67 son privados.

Casi siempre nos solemos fijar más en la parte pública, ya que se supone que su deuda se ha disparado durante esta crisis, pero no es así exactamente. Fue durante la crisis anterior, entre 2008 y 2015, cuando se multiplicó por 2,5, para llegar casi al 100% del PIB. De hecho, hemos estado "controlados" con el procedimiento de déficit excesivo de la UE hasta junio de 2019.

En esto, justo cuando salimos, aparece lo que en economía se denomina un gran cisne negro, el COVID-19. Nuestro presente sufre un impacto brutal que amenaza nuestras vidas. Usando un símil marino, el impacto paraliza una gran parte de nuestra sala de máquinas, y la inunda por completo con incertidumbre. Nuestro barco no navega casi, pero resiste, y estamos achicando todo lo que podemos, poniendo algunos remaches, aunque sigue entrando más incertidumbre por las vías abiertas en el casco. En esto estamos.

Aquí, se supone que la parte pública debe actuar rápido y de manera contundente, y tal como comentamos en otros capítulos de La lupa, lo ha hecho mayormente con crédito. No se ha producido la expansión de gasto o inversión pública que compense en parte lo perdido, todo ello a pesar de que el déficit en porcentaje del PIB se ha disparado en el año por encima del 114%.

Y es que el dato de la deuda oficial en euros, contantes y sonantes, entre marzo y noviembre de 2020 nos habla de un incremento del 7%. El problema es que cuando el PIB se contrae tanto, la cuenta del porcentaje de déficit se dispara y esto también paraliza.

¿Y cómo están los demás en esto del porcentaje de lo que se debe respecto a lo que genera la economía? Pues Francia parecido a nosotros (114%), Portugal con el 126%, o Italia con el 149%. Por supuesto, también están Irlanda (63%), Holanda (55%), Finlandia (69%), Austria (83%) o Alemania (67%).

La cuestión es que nadie espera que esta deuda pública se liquide de una manera sustancial. Lo que sí se espera es que se cumplan las reglas para que no crezca de manera descontrolada y, sobre todo, que se pueda hacer frente a su servicio con cierta holgura.

De hecho, en 2016, tras pasarnos del 3% de déficit anual de manera reiterada tras la larga salida a la crisis financiero-inmobiliaria, nos amenazaron con una multa de 2.000 millones de euros y la congelación de ayudas comunitarias, pero dieron otra prórroga hasta 2018, año en el que se cumplió el objetivo.

La cuestión es que cuando todo esto se estabilice, y en un par de años se deje de aplicar la cláusula de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, volveremos al procedimiento de control por déficit excesivo, y volverán las presiones para realizar recortes y tener que elegir entre gasto social, pensiones o inversiones. Pero ahora no toca hablar de dinero, ese es el mensaje oficial de la UE, a la vez que pone dinero encima de la mesa.

Todo esto es muy distinto para la parte privada. En octubre de 2020, las empresas no financieras y particulares de la CAV debían 62.223 millones de euros, un 87% del PIBpm (a precios de mercado) previsto para 2020, un 2,8% más que en marzo de este mismo año, pero menos de lo debíamos a finales de junio. El dato refleja un incremento muy moderado del volumen de financiación extra, ya que lo que sí ha ocurrido es que se ha aprovechado para refinanciar a mayor plazo lo que ya se debía.

De hecho, el total previsto de las líneas de avales era de 140.000 millones de euros, en abril se concedieron 23.452 millones de euros, y para septiembre este total había crecido hasta los 78.935 millones. Desde entonces no ha crecido más.

¿Pero de dónde veníamos en la parte privada vasca? Pues si comparamos el dato de octubre de 2020 con el mismo dato de 2008, entonces debíamos 85.995 millones de euros, el 125% del PIBpm de 2008. Desde entonces hemos ido reduciendo de manera notable nuestra deuda, justo lo contrario de lo ocurrido con las Administraciones Públicas.

En el contexto de las empresas, hay que destacar que la crisis del COVID-19 llega en un momento en el que la situación financiera de las empresas de la CAV era robusta. Esto se puede ver con los últimos datos de las empresas no financieras de la CAV en la mano (Eustat, 15/12/2020). Estamos hablando del conjunto de empresas que agrupan al 76% del total de personas ocupadas de la CAV y un volumen de inversión en activos de 2,7 veces el tamaño de la economía vasca.

El endeudamiento total medio para las empresas de la CAV, incluyendo todos los tipos de financiación, tanto con coste como sin coste, era del 47,6% del total del balance de situación y un 59,8% de calidad de la deuda. A esto hay que añadir una buena ratio de solvencia (1,4).

Esta buena posición no mostraba diferencias críticas entre los distintos tamaños de empresa, si bien se aprecia que el endeudamiento aumenta con el tamaño, a la par que se reduce la solvencia. Si hablamos por territorios, esta conclusión respecto a la buena salud financiera previa no varía.

El principal impacto de la crisis viene de la reducción significativa y continua de las ventas y, en consecuencia, de la actividad. El índice de cifra de negocio empresarial del INE nos habla de una caída media lineal del -15,3 para lo que va de año, con valores negativos desde febrero hasta ahora, con picos de -40 o -33 en abril y mayo.

El impacto diferencial mayor se produce en el sector servicios con una media anual de -22,8. Algo similar ocurre con el índice de producción industrial. En general, esto supondrá cerrar el año con más deuda y resultados negativos.

En esta crisis asimétrica que vivimos, una gran parte de nuestras empresas y trabajadores han podido reaccionar con rapidez al teletrabajo, las cuarentenas, las rupturas en la cadena de suministros o la reducción de pedidos. Pero no va a ser suficiente. Ya teníamos encima la ola de la cuarta revolución industrial y ahora, con el COVID-19, ha cogido más velocidad.

Si no queremos que rompa encima nuestro, y corramos el riesgo de que nos destroce o nos ahoguemos en ella, hay que revisar y adaptar los aspectos estratégicos y operativos del modelo de negocio y de la forma de trabajar.

¡Por un nuevo año con salud, que nos permita achicar del todo esa incertidumbre y navegar con buen rumbo!

Seguimos ruta.

3,24

Billones de euros es la cantidad a la que asciende la deuda pública y privada