Demostrar su solvencia y salir fortalecido. Ese es el objetivo de Kutxabank, el banco creado por Kutxa, BBK y Vital, de cara a las pruebas del test de estrés que ya afronta y cuyos resultados verán la luz en verano. Son muchos los retos que se presentan en el futuro más inmediato del banco, pero el prioritario ahora es superar con nota el examen al que está siendo sometido al igual que el resto de las grandes entidades financieras europeas. Las perspectivas son halagüeñas y se espera además que esa previsible demostración de capacidad y solvencia sirva para minimizar otros riesgos que asoman ya en el horizonte.

Paralelamente, la entidad tiene que adaptarse a las normativas que llegan desde diferentes ámbitos incluso geográficos. Por un lado está la legislación estatal, con la ley de cajas y fundaciones bancarias. Por otra parte están las exigencias del Banco Central Europeo, que es quien asumirá las competencias de supervisión única en la eurozona. Por último, la entrada en vigor de la normativa denominada Basilea III a nivel mundial también condiciona al banco presidido por Mario Fernández. Como él mismo ha repetido en numerosas ocasiones, este es un sector regulado en el que no existe opción a la insumisión.

En conjunto, la entidad afronta un capitulo complejo en su corta historia -nació en 2012-, que puede determinar el futuro. Una época de cambios impuestos. Por ejemplo, Basilea III penaliza que las entidades tengan una fuerte cartera de participaciones industriales, como es el caso del banco vasco, abocado a vender. Esas ventas ya van tomando fuerza -la entidad se ha deshecho de acciones de grupos como Enagas, NH hoteles, Ibermática o Euskaltel, entre otros-, aunque las operaciones se han realizado con cuentagotas, aprovechando las condiciones del mercado en cada caso.

Además, las cajas de ahorros dejarán de existir en pocas semanas para transformarse en fundaciones bancarias (también lo hará Kutxa, ya que la ley lo exige inexorablemente). Esas fundaciones tendrán como función gestionar las respectivas obras sociales. Obra social que se nutre del beneficio que Kutxabank reparte entre sus accionistas, las todavía cajas. El problema es que ese dividendo también está regulado. La normativa del Banco de España le impide a Kutxabank dotar más del 25% de su beneficio al dividendo. Así que la mayor encrucijada a la que se enfrenta el grupo a medio plazo es asegurar que las fundaciones puedan tener ingresos con los que ejecutar sus obras sociales.

Kutxabank se enfrenta a las consecuencias del rescate financiero que pidió España a la troika en 2012, justo seis meses después de que Kutxa, Vital y BBK volcasen sus respectivos negocios bancarios a Kutxabank. Ese rescate trajo consigo una serie de condiciones, plasmadas en un documento denominado Memorando de Entendimiento, conocido como MoU por sus siglas en inglés. Esas exigencias se han traducido en parte en la ley de cajas y fundaciones bancarias aprobada a finales de 2013 en España. Es la ley que quiere acabar con el modelo de cajas de ahorros de los últimos años. Quedarán dos, Ontinyent y Pollença, pero muy limitadas en tamaño, en área de actuación y en porcentaje de penetración en ese mercado local al que estarán constreñidas.

Para las cajas que fundaron Kutxabank el modelo es inviable. Primero, porque la ley exige que las cajas que ya tenían depositado su negocio bancario en un banco a la aprobación de la ley se transformen en fundaciones bancarias. Lo exige. Y segundo porque dadas las limitaciones impuestas, Kutxabank tendría que desmenuzarse en siete cajas: cuatro en Bizkaia, dos en Gipuzkoa y una en Araba. Si esa operación fuera viable, acarrearía serios problemas al modelo de obra social tradicional, ya que esas cajas difícilmente podrían competir con los grandes grupos financieros que operan en Euskadi, lo que limitaría sus beneficios y por consecuencia, los ingresos de las obras sociales.

Otra de las consecuencias de ese rescate solicitado por el Gobierno de Rajoy es la falta de confianza que ha tenido que gestionar el banco vasco solo por llevar la etiqueta de la marca España. Los agujeros que afloraron en algunas entidades financieras españolas a mediados de 2012 reflejaron la nula actuación de supervisión del Banco de España. Todas las entidades españolas estuvieron en el foco, acuciadas por la desconfianza surgida. Entonces se propuso un primer test de estrés. Un chequeo obligatorio en el que Kutxabank destacó entre las entidades más saneadas, al erigirse como la más solvente del sistema financiero español.

Nuevo test de estrés Este verano Kutxabank se enfrenta a un nuevo test de estrés, prueba en la que se aplican posibles escenarios de recrudecimiento de la crisis para medir la solvencia y capacidad de respuesta de cada entidad. Esta vez la prueba la pasarán la mayoría de las entidades financieras europeas -las más grandes- y Kutxabank a priori saldrá bien parada.

Esa predicción llega por la buena salud de la que goza la entidad. Que las pruebas realizadas hace dos años por Oliver Wyman arrojaran un resultado tan positivo son un aval. Pero lo es más el hecho de que Kutxabank ha ido realizando sus deberes desde entonces en cuanto a prudencia se refiere. En 2012, destinó 585 millones de euros a provisiones. En 2013, fueron 471 millones. Y solo en el primer trimestre de 2014, 134 millones más. En total 1.190 millones hasta ahora.

Por si fuera poco, la entidad ha logrado elevar su solvencia, su core capital, pese a que según esa normativa de Basilea III las participaciones industriales pesan como riesgos. Al cierre de 2013, que es el marco del que surgen las previsiones en el test de estrés, el core capital del banco alcanzó el 12%, nivel que llegó, según el presidente Mario Fernández, “sin recibir ayudas o sin venta de acciones y negocios estratégicos, a pelo”.

Otra de las razones por las que se espera que el resultado sea positivo para reforzar la imagen del banco es que el test de estrés dibuja un escenario de crisis más laxo que el de hace ahora dos años. El test de estrés llevará las cuentas de las entidades españolas a un escenario: en el que la prima de riesgo aumente, pero menos de lo experimentado en 2012; en el que las condiciones de financiación en el mercado interbancario se endurezcan; y en el que la actividad económica estatal baje y el paro vuelva a crecer (contempla una corrección acumulada del PIB de seis puntos en dos años y que la tasa alcance el 27% en 2016).

El futuro del grupo, de las próximas fundaciones bancarias y sus respectivas obras sociales dependen de cómo Kutxabank vaya superando los retos que se le presentan en el camino, comenzando por este test de estrés ya en marcha.

¿Qué es?: Es una prueba que mide la capacidad de reacción de las entidades financieras ante posibles situaciones adversas. Sirve para medir su solvencia real ante escenarios relativamente factibles. Busca detectar carencias para poner soluciones a tiempo.

¿Quién? La autoridad bancaria europea, la EBA por sus siglas en inglés, es la encargada de la metodología, y el Banco Central Europeo se ocupa del control de calidad. El test de estrés lo hace cada banco analizado con sus propios medios, y luego el BCE lo compara con su propio modelo y exige explicaciones si hay diferencias; y en su caso, obliga a corregir los datos entregados. Los datos finales los facilita la EBA.

¿Cuándo?: El proceso del test de estrés es la última parte del Comprehensive Assessment tras el Risk Assessment, y el Asset Quality Review, y está teniendo lugar desde finales de mayo, cuando que se publicó la metodología definitiva. Se prevé que sea en octubre cuando se den a conocer los resultados.

¿Por qué?: Se quiere una foto fija de las entidades financieras previa a la entrada en vigor del mecanismo único de supervisión europeo. A partir del 4 de noviembre ese control pasará a ser ejercido por el BCE con la colaboración del Banco de España en el Estado. Estas pruebas de estrés serán complementarias a la revisión de la calidad de los activos (AQR) por parte del BCE y de las autoridades supervisoras implicadas.

¿Cómo?: Se plantearán varios escenarios posibles para medir la reacción que en cada uno de esos contextos tendría cada entidad. Se trata de analizar cómo reaccionarían ante situaciones complejas: como el caso de un nuevo repunte de las primas de riesgo y los costes de financiación de los estados; el caso de un endurecimiento de las condiciones de financiación en el mercado interbancario; y el supuesto de una recaída de la actividad económica, aumento de paro y caída de los precios de la vivienda.

Campos a analizar: Se mide el nivel de exposición de las carteras de riesgo de crédito, riesgo de mercado, riesgo soberano, y titulización de las entidades. Adicionalmente, se consideran los resultados de las entidades en escenarios de estrés y posibles riesgos operacionales.