Con 31 años, la donostiarra Marta Arriaga ha transformado una etapa de búsqueda personal y profesional en un proyecto con identidad propia. Estudió Comunicación y trabajó en este ámbito, pero nunca se sintió plenamente identificada, por lo que decidió reorientar su camino hacia el mundo de la salud. Fue entonces cuando descubrió en el pilates no solo su vocación, sino también una manera de entender el bienestar a través de la conciencia corporal, el cuidado y la cercanía con las personas. Tras años de formación continua y una intensa etapa laboral en Madrid, el pasado 8 de septiembre dio un paso valiente al abrir Valans Pilates Studio, ubicado en el bajo del número 2 de la calle Antonio Gaztañeta. Como fundadora y única instructora del centro, Marta ha creado un espacio íntimo y acogedor donde sus clientes se sienten cómodos y pueden desconectar de la rutina diaria. “No se trata solo de acudir a clase y marcharse, sino de disfrutar de un ambiente tranquilo y armonioso”, insiste. 

¿Qué te motivó a poner en marcha un centro de pilates y qué visión tenías al dar este paso emprendedor?

Di muchas vueltas a mis estudios hasta que encontré mi camino en el ámbito de la salud. Me formé en pilates y durante varios años trabajé en distintos centros de Madrid; una etapa que me permitió crecer tanto a nivel profesional como personal. Aun así, siempre tuve claro que quería volver a Donostia y, tras doce años fuera, sentí que había llegado el momento de dar el paso y emprender. El deseo de trabajar por cuenta propia siempre estuvo presente, y cuando descubrí el pilates como disciplina en la que realmente me sentía cómoda, supe que al regresar a casa abriría mi propio centro. El proceso no fue inmediato; desde mi vuelta hasta la apertura pasó cerca de un año y medio. 

¿Cuáles fueron los mayores retos que enfrentaste al iniciar el proyecto y cómo los superaste?

El mayor desafío ha sido convivir con la incertidumbre y el miedo: la duda constante sobre si el proyecto funcionará, la desconfianza en una misma o el temor a no estar tomando las decisiones adecuadas. Son sensaciones muchas veces irracionales, pero muy presentes. En el fondo, el reto principal ha sido afrontar mis propias inseguridades. A partir de ahí aparecen las dificultades propias de emprender: la inestabilidad económica, la burocracia, las obras, las licencias… Todo el proceso genera vértigo. He aprendido a transitarlo paso a paso, con días más llevaderos y otros más complicados, pero siempre confiando en que, poco a poco, todo acaba saliendo.

¿Qué filosofía de trabajo hay detrás de Valans Pilates Studio?

Mi filosofía de trabajo se basa en ofrecer un espacio donde las personas se sientan cómodas y puedan desconectar de su día a día, de sus problemas y de sus circunstancias vitales. No quiero que sea solo venir, dar la clase y marcharse, sino crear una comunidad. Me importa que la gente se sienta a gusto tanto conmigo como con el grupo, que exista una buena relación entre los alumnos y que se genere una atmósfera tranquila y relajada. Por supuesto, también es fundamental ofrecer clases de calidad a nivel técnico; soy muy cuidadosa con eso y trato de formarme cada día más. La parte humana es tan importante como la técnica.

Marta delante de su centro de pilates, ubicado en el bajo del número 2 de la calle Antonio Gaztañeta. Ruben Plaza

En un sector en crecimiento, ¿qué diferencia a Valans de otros centros de la disciplina y qué valores quieres que identifique tu marca?

No diría que Valans se diferencia de otros centros de Donostia, porque hay muy buenos profesionales, clases y espacios. Lo que intento es que mis clases sean de calidad y que, como acabo de decir, más allá de la parte técnica exista una relación cercana y bonita entre todos. Busco crear un ambiente cálido y acogedor.

"Más allá de la parte técnica, quiero que exista una relación bonita y cercana entre todas y todos"

¿Qué beneficios suelen notar las alumnas y alumnos tras un tiempo practicando pilates?

Sobre todo el control y la conciencia corporal. Aprenden a trabajar las conexiones importantes, como la zona abdominal y pélvica, y a escuchar su propio cuerpo. Cuando se practica con atención y dominio del movimiento, los beneficios son muchos: mejora la fuerza, la postura y el bienestar general. Todo esto se nota claramente con una buena rutina de clases de pilates.

¿Qué edades tienen las personas que acuden al centro?

Es bastante variado, aunque lo más habitual es entre los 30 y los 60 años. Hay muchas más mujeres, aunque cada vez se animan más hombres, al ver que es una práctica que también les aporta muchos beneficios.

Grupos de seis personas

¿Cómo adaptas las clases a personas con diferentes niveles o necesidades?

Tengo distintos niveles ya creados. Cuando alguien nuevo se apunta al centro, realizo una prueba para valorar su condición física y posibles limitaciones. En función de eso, le asigno un grupo acorde a su nivel. Trabajo con grupos reducidos de seis personas, lo que me permite estar muy pendiente de cada alumna y alumno. Las clases duran 50 minutos y, aunque no son sesiones individuales, la atención es muy cercana gracias al pequeño número de integrantes.

"Emprender es un proceso lleno de luces y sombras, con días mejores y peores, pero la respuesta de la gente ha sido muy buena"

¿Cómo te has dado a conocer?

Principalmente a través de las redes sociales, junto con el boca a boca de familiares y amigos. Las redes sociales son un gran escaparate y el alcance es enorme. Mucha gente se ha puesto en contacto conmigo a través de Instagram, en la cuenta @valancestudio_.

En estos cuatro meses en marcha, ¿cómo ha respondido la gente? ¿Ha merecido la pena?

Estoy muy satisfecha. Emprender es un proceso lleno de luces y sombras, con días mejores y peores, pero la respuesta de la gente ha sido muy buena. Se han apuntado muchas personas y percibo que las y los clientes están contentos. Eso genera seguridad en mí misma y me reafirma en que he tomado el camino adecuado.

Si miramos hacia adelante, ¿cuáles son tus objetivos a medio y largo plazo?

No tengo una gran ambición de crecer o abrir más centros. Ahora mismo mi objetivo es crear una buena comunidad en Valans, sentirme a gusto trabajando, que los alumnos también lo estén, y ofrecer el mejor servicio posible. Ha sido un proceso intenso y lleno de decisiones, así que en este momento no pienso tanto a largo plazo, sino en ir mejorando cada día en este nuevo centro y seguir disfrutando de lo que hago.