“Esta medalla es un reconocimiento a toda la gente que ha pasado por la pastelería Otaegui”
La casa creadora de la panchineta recibe la Medalla al Mérito Ciudadano de Donostia en su 140º aniversario
La pastelería Otaegui, una de las casas más emblemáticas de Donostia, ha sido reconocida en 2026 con la Medalla de Oro al Mérito Ciudadano por su trayectoria, su aportación a la vida social de la ciudad y su compromiso con la tradición pastelera. Noticias de Gipuzkoa habla con María Otaegui, responsable de la pastelería situada en la calle Narrika, para conocer qué hay detrás de este reconocimiento y cómo se vive desde dentro.
Felicidades. ¿Cómo recibieron la noticia de la elección?
Muy sorprendidos y con muchísima ilusión. Sabíamos que éramos una de las opciones porque nos lo había dicho la gente y lo habíamos visto en varios medios de comunicación. A pesar de eso, no esperábamos ni por asomo recibir la medalla entre tantas opciones.
Este año cumplirán 140 años, ¿esta medalla es fruto del trabajo de mucha gente, no?
Sin duda. Esta medalla es un reconocimiento a toda la gente que ha pasado por nuestras pastelerías desde que abrimos sus puertas. Mi abuela, mis tías y tíos… hay mucha gente detrás de esta trayectoria y creo que todos los que han formado parte de nuestras pastelerías son parte del reconocimiento.
Entre toda la gente que ha pasado por el obrador, usted representa la tercera generación.
Así es. Mi abuela es la que comenzó con todo, la creadora de nuestra famosa panchineta, y yo ya llevo 40 años siguiendo el relevo familiar.
"La panchineta es nuestro producto estrella. Es una tarta que se inventó la amona en tiempos de guerra, cuando no se podía elegir entre ingredientes"
En tantos años han vivido situaciones todo tipo, incluso guerras o pandemias. Sin embargo, la relación con Donostia no ha cambiado.
Nuestra pastelería lleva mucho tiempo en el mapa de Donostia, y hemos hecho pueblo. La vida en La parte vieja de Donostia es muy de barrio. Todos nos conocemos por nombre y apellido y el ambiente es muy familiar. Creo que la cercanía con el cliente ha hecho que la pastelería haya sobrevivido a cualquier tipo de situación hasta ahora.
Habrá vivido situaciones de todo tipo.
Muchísimas. De hecho, la peor no es tan antigua, y diría que la vivimos hace seis o siete años, cuando casi tuvimos que bajar la persiana definitivamente, y cuando logramos revertir la situación poco a poco, llegó la pandemia (ríe). Las cosas no iban sobre lo esperado y estuvimos a punto de desaparecer. Tengo un recuerdo muy amargo de esa época. Los buenos momentos, sin embargo, han sido muchísimos y no me puedo quedar con ninguno en concreto.
¿Esta medalla es uno de ellos?
Sin duda. Además, lo que hace especial este reconocimiento es que es una medalla de Donostia que dan los donostiarras. Que la ciudadanía reconozca así nuestra trayectoria y nuestro trabajo es muy emocionante. Sin los clientes no habríamos llegado a los 140 años, y si seguimos aquí es por su cariño y por su fidelidad. Es lo que más ilusión me hace de recibirla, que nos la hayan otorgado los donostiarras.
Panchineta
¿En esta extensa trayectoria, que papel ha jugado vuestra seña de identidad, la panchineta?
La panchineta es nuestro producto estrella, y es la imagen de la pastelería desde hace muchos años. Es una tarta que se inventó la amona en tiempos de guerra, cuando no se podía elegir entre ingredientes. Innovó y logró un postre que a día de hoy lo tenemos registrado y lo enviamos a muchos sitios del Estado, aunque a veces salé de Península cuando se la llevan clientes franceses o británicos. Mantener la receta original nos ha hecho diferentes y es una de las razones por las que seguimos abiertos.
Más allá de la panchineta, en todo este tiempo se habrán tenido que amoldar a las tendencias y a nuevas recetas.
Por supuesto, y aunque la pastelería esté muy arraigada a la panchineta y a Donostia, para seguir abierta ha tenido que reinventarse en ocasiones. Nos llegan recetas de muchos sitios, o cuando viajamos vemos recetas que después intentamos hacer porque están de moda. Después hay algunas que se quedan mucho tiempo en nuestra carta y otras que apenas lo hacen durante pocos meses. Hay clientes de toda la vida que nos han preguntado por alguna tarta y la hemos ofrecido para ver si podía gustar a la clientela o no.
Eso refleja la cercanía y la conexión de la Casa Otaegui con el cliente de barrio.
Claro. Si nuestros clientes demandan algo, intentamos dárselo.
"Somos una pastelería muy tradicional, y la clientela va de la mano. Antes venía un abuelo con su nieto, y ahora viene ese nieto que ya se ha hecho hombre y viene con sus hijos"
¿La clientela sigue igual que vosotros el relevo familiar?
Noto que sí. Somos una pastelería muy tradicional, y la clientela va de la mano. Antes venía un abuelo con su nieto, y ahora viene ese nieto que ya se ha hecho hombre y viene con sus hijos. Además, nuestra localización es del paso para mucha gente.
¿Recibida la medalla, qué les depara el futuro?
La verdad, no lo sé, pero diría que lo primero que queremos hacer es intentar alcanzar los 150 años.
¿Qué mensaje lanzará a la ciudadanía en el acto de entrega?
Además de agradecer infinitamente el cariño recibido y el apoyo para ser los galardonados, creo que será buen momento para poner en valor el comercio local y su importancia en cada barrio y en cada ciudad. No estamos viviendo nuestras mejores épocas, sea cual sea el sector de tu pequeño comercio, y creo que la medalla también es el reflejo de que el comercio local puede perdurar en el tiempo sobreviviendo a cualquier circunstancia. Somos quienes estamos a pie de calle día tras día.
