Melchor, Gaspar y Baltasar, acompañados de sus fieles desfilantes, vistieron este lunes, una vez más, de luces y fiesta las calles de Gipuzkoa, antes de colocar los regalos bajo el árbol por la noche. Los Reyes Magos, acostumbrados al calor de Oriente, tuvieron que hacer frente al frío helado que acechó al territorio. Sin embargo, esto no les resultó ningún impedimento al sentir el calor de la gente, que los esperaban, aunque bien abrigados, con sonrisas y ojos de deseo.
Las aceras guipuzcoanas se volvieron a llenar al paso de la Cabalgata de Reyes. Miles de niños de todos los rincones de Gipuzkoa no quisieron perderse el desfile de Sus Majestades para darles calor, y aprovechar de paso, para pedirles los últimos regalos que no añadieron a sus cartas.
El día ha sido largo, pero, sobre todo frío. Gipuzkoa amaneció sin superar los 0 grados, lo que obligó a los txikis a retener sus deseos de tomar las calles a la espera de los Reyes y hacerlo con una menor antelación de la deseada. Aun así, las heladas y las bajas temperaturas no fueron impedimento para los más pequeños, y sus padres y abuelos, que quisieron acompañar a sus majestades, desde su llegada a cada municipio por la mañana hasta el desfile tradicional por la tarde. La jornada, en todo momento, continuó siendo fría.
Por toda Gipuzkoa
La primera aparición de los Reyes en Donostia, por ejemplo, tuvo una respuesta ensordecedora. Centenares de jóvenes ocuparon la Plaza de la Constitución y gritaron a la salida de Melchor, Gaspar y Baltasar al balcón del antiguo ayuntamiento. El vao de las gargantas que, a viva voz coreaban los nombres de los protagonistas, tiñó la fría noche donostiarra de color y luces entre niebla.
Antes, por la mañana, los Reyes Magos habían hecho lo propio en el Teatro Principal y en el Ayuntamiento, donde recogieron las últimas cartas. Entre medias, tuvieron, además, oportunidad para recorres los diferentes barrios de la ciudad en un coche descapotable.
En los pueblos tampoco se quedaron atrás. A dos días de la vuelta a la ikastola, la llegada de los Reyes se convirtió en la última ilusión de los más txikis antes de regresar a clase.
Como era de esperar, abundaron las bufandas y los abrigos largos entre las cabalgatas. También los gorros y los guantes, pero, sobre todo, los caramelos, los grandes esperados por la mayoría de los niños. Según los Reyes fueron desfliando por las calles del territorio, puñados y más puñados de caramelos fueron cayendo al suelo, antes de ser atrapados por los txikis más escurridizos y rápidos. La ilusión de ver a los Reyes y el dulzor de los caramelos formaron, una vez más, una dupla eficaz para sacar las sonrisas de los más pequeños.