l productor del estudio de animación irundarra Dibulitoon, Ricardo Ramón, no sabe estar quieto. “Si tengo un papel y un bolígrafo en la mano, no puedo evitar estar constantemente dibujando personajes y mundos diferentes”, señala. Esas creaciones, hasta hace tres años, se quedaban en simples bocetos de papel, pero entonces decidió dotarlos de vida física transformándolos en tótems de madera. El centro cultural de Loiola acoge hasta el próximo 4 de marzo una colección de 50 de esos monstruos inspirados en la mitología, la fantasía y los dibujos animados en la exposición Kubox.

Ricardo Ramón es una fuente constante de imaginación de mundos animados que necesitaba evacuar por algún lugar fuera de su labor en Dibulitoon. “La animación ha cambiado mucho y yo soy de la vieja escuela del 2D. Me daba rabia que esos personajes que dibujaba en mi tiempo libre se quedasen en el mundo digital”, cuenta. La vía de escape llegó “a lo tonto”, cogiendo dos maderas y convirtiéndolas en uno de esos seres. Desde entonces, “ha sido un vicio”: “Puedo entrar en mi taller a primera hora de la mañana y cuando me da por mirar el reloj por primera vez ya es el mediodía”.

En ese pequeño estudio propio es donde Ricardo se convierte en un dios que da vida a seres a su antojo. Unas creaciones en forma de tótem, la mayoría de ellas sin brazos, siempre talladas en madera e inspiradas, inevitablemente, en el mundo de la animación. “Más que las formas perfectas, me encantan los colores. Que sean vistosos y llamativos”, afirma. Un rápido vistazo de la muestra en el centro cultural de Loiola así lo atestigua, con algunas creaciones que parecen salidas de cualquier submundo de dibujos animados de espíritu naíf. Incluso, entre ellas, se cuela un Pikachu, el único personaje de toda la exposición que realmente se ha apropiado.

Pero en la mente de Ricardo hay lugar para monstruos de otras variantes, desde un Tartalo y un Basajaun de tamaño más grande hasta creaciones más terroríficas que recuerdan al universo de Tim Burton. “Me divierto experimentando. Con el paso del tiempo he ido hacia creaciones de cada vez mayor tamaño, incluso de 2,20 metros, pero no me convence. Me gusta más un formato más pequeño y manejable”, revela. Una de esas creaciones más experimentales es una figura de autorretrato cuyo cuerpo recuerda a una verja de un local ya clausurado en el que se amontonan los carteles de eventos pasados uno sobre otro y se lee la inscripción Since 1966, año en el que él nació.

“La gente que ha visitado la exposición dice que las primeras creaciones son más felices y están sonriendo, pero las últimas no y lo atribuyen a la pandemia, pero no hay nada de eso. Simplemente, ha sido experimentar”, añade, al tiempo que asegura no tener referentes claros más allá de la influencia “sin querer” de Jean-Michel Basquiat.

Exposición familiar

No al 3D

“Se está perdiendo lo artesano”

En un principio, Ricardo no tenía intención de que estas creaciones vieran la luz del sol, pero sus compañeros en Dibulitoon le animaron a diseñar una exposición y surgió la oportunidad en la sala de cultura de Loiola de Donostia. De este modo, él mismo ha sido el encargado de seleccionar, ordenar y colocar las figuras. Algo a lo que le ha cogido el gustillo. “Mis hijos están hartos de verlos en casa y pasan de ellos, pero aquí me dicen que los ven diferentes”, indica entre risas.

“Poder tenerlos en un sitio así es un subidón”, añade, haciendo oídos sordos a la propuesta de sus compañeros de pasarlos al 3D. “Me niego. Se está perdiendo lo artesano. Cuando empezamos todo era dibujo a dibujo, había que revelar las fotografías una a una, y ahora todo es digital. No hay ese contacto físico con las cosas que yo necesito”, confiesa.

La exposición se complementa con una serie de objetos que revelan ese proceso de creación, al que solo le faltan los bocetos originales de cada creación. Ricardo es tan detallista con cada ser que surge de su subconsciente que le asigna un mundo propio que revela toda una historia detrás. Esos planetas imaginados se pueden apreciar en algunas de las figuras expuestas.

Para el creador, la muestra es un plan familiar perfecto, aunque considera que no es “una exposición solo infantil”. “Creo que los padres también pueden disfrutar de ella observando el trabajo manual que hay detrás”, asegura, advirtiendo que ya tiene en mente alguna que otra propuesta nueva de cara al futuro: “Me gustaría diseñar toda una línea de personajes de dibujos animados reales”. Si para Goya el sueño de la razón producía monstruos, para Ricardo es el sueño de la animación el que los crea.