A los 41 años, cinco después de colgar los esquís y tras someterse a una profunda reconstrucción de la rodilla derecha, con prótesis de titanio, Lindsey Vonn regresó a la competición decidida a participar por quinta vez en los Juegos Olímpicos de Invierno. La mejor velocista de la historia demostraba a las primeras de cambio que su retorno tenía fundamento. Con las victorias en las pruebas de la Copa del Mundo de St. Moritz y Altenmarkt-Zauchensee se convertía en la persona más veterana en ganar. Siete podios en ocho pruebas y un cuarto puesto alimentaban las esperanzas de medalla. Pero a diez días de su concurso en el descenso olímpico de la cita de Milán-Cortina, la estadounidense sufría un serio revés al romperse el ligamento cruzado de la rodilla izquierda. “Mi sueño olímpico no ha acabado”, proclamó.
Vonn, abrazada a la heroicidad, centró las miradas en los entrenamientos, donde comenzó con una meritoria undécima posición. Escaló hasta el tercer puesto en el ensayo previo a la gran cita. Así se ha plantado hoy en la casilla de salida, ante los 2.572 metros que la separaban de la gloria, decorada por el dorsal 13, ese número que muchos consideran maldito, dispuesta a perseguir su segundo oro olímpico tras el logrado en Vancouver 2010.
En los primeros metros de la pista de Tofana, con solo 12 segundos agotados y completando el primero de los cinco tramos, Vonn se enganchó con una de las banderas. Perdió el control y sufrió una dura caída que la dejó postrada con ostensibles gritos de dolor que helaron Cortina. La heroicidad se había convertido en drama. Era el final de la reina. Aceptó el riesgo y terminó entre lágrimas, retirada en helicóptero como diez días atrás ante el sentido aplauso de un público que la vitoreó como si de una deportista local se tratase.
“Sabíamos que hoy era o bien una caída o bien arriesgarlo todo o bien ganar una medalla para ella. Crucemos los dedos para que al final no sea demasiado grave para ella”, manifestó en Eurosport la alemana Viktoria Rebensburg, campeona olímpica en eslalon gigante en Vancouver, donde coincidió con Vonn.
A la espera de conocerse las consecuencias de la caída, este podría haber sido el epílogo de una leyenda del esquí, poseedora de 84 victorias en la Copa del Mundo, 45 de ellas en descenso, dos oros mundiales y ocho medallas en los Campeonatos Mundiales.
Breezy Johnson se cuelga el oro
La estadounidense Breezy Johnson, actual campeona mundial de descenso, logró la medalla de oro. Breezy, de 30 años, cubrió el recorrido en un 1:36,10. Batió por cuatro centésimas la alemana Emma Aicher. Mientras, en tercera posición se clasificó la italiana Sofia Goggia. Todas ellas tuvieron que aguarda para conocer el resultado final, ya que la competición estuvo detenida durante veinte minutos debido a la evacuación de Vonn.