Uno de los pioneros del alpinismo de Euskal Herria ha fallecido la pasada noche. El mundo de la montaña llora la pérdida de Ángel Rosen, uno de los impulsores de la primera expedición vasca al Everest en 1974.

Nacido en Biarritz el 17 de julio de 1942, delineante industrial de profesión y padre de uno de los grandes de la montaña, Juan Vallejo, Rosen ha fallecido a los 81 años de edad.

Ángel Alexandre Vallejo Rosen fue uno de los 16 alpinistas que trataron de alcanzar la cima de la montaña más alta del planeta por primera vez en 1974. El 13 de mayo se cumplieron 50 años del día en el que la pionera expedición vasca Tximist, apoyada por el empresario vasco Juan Celaya, se quedó a tan solo 350 metros de la cumbre del techo del mundo.

Exposición Gráfica este mes de junio en el Europa

Durante el próximo mes de junio, el Palacio de Europa acogerá un acto en honor a la expedición Tximist. Supervivientes y familiares recibirán un homenaje y más tarde realizarán una exposición de fotos con 20 paneles sobre aquella hazaña. “Empezamos con los orígenes de la aventura, hasta el último de los paneles que se titula ‘Volveremos’, que indica la decisión que tuvimos al final de esa expedición. Allí se incluirá la foto del permiso concedido por el Gobierno de Nepal de la 2ª expedición vasca al Everest”, explica Uriarte. La exposición se llevará en diciembre al Mendi Film Festival de Bilbao. Además, con motivo del 50 aniversario de la primera expedición Tximist, se realizará una quedada con ochomilistas vascos de la actualidad y para finalizar una cena nepalí con música, comida sherpa y ambiente del Himalaya en Abastos.


Todo empezó en la calle Dato

Aquella primer ascenso vasco al Everest tuvo su prolegómeno unos años antes. Txomin Uriarte, presidente de EMMOA (Fundación para el Museo Vasco de la Montaña) e integrante de aquella expedición Tximist formada por 16 montañeros, recordaba hace unos días en una charla con Diario Noticias de Álava que el germen de aquella cordada comenzó a gestarse a partir de la primera ascensión que organizó la Federación Vasca de Montaña a los Andes peruanos.

Ese grupo de alpinistas vascos coronó tres cumbres vírgenes en la Cordillera Blanca. Tras partir del puerto de Santurtzi el 24 de abril de 1967, a bordo del buque alemán Barenstein, regresaba a casa unos meses después con el éxito deportivo y con el gusanillo en el cuerpo para alcanzar cotas mayores.

Eso sí, antes de arrancar con la planificación de la expedición al Himalaya y ponerse con todo lo que ello conlleva tuvieron que solucionar una serie de problemas políticos surgidos tras las ascensiones en los Andes peruanos.

Y es que el grupo de montañeros vascos sufrió en sus carnes la dureza del régimen franquista como recuerda Txomin Uriarte. “Habían llevado una ikurriña y eso era pecado mortal. Franco estaba en plena forma física y se lo hizo pagar”.

Efectivamente aquel viaje a los Andes estuvo salpicado por una fuerte polémica que acabó con la expulsión del grupo vasco de la Federación Española de Montaña y provocando a su vez que la Federación Vasca se disolviera en aquellos duros momentos.

Los afectados por esta polémica y otra serie de compañeros tuvieron que hacerse socios del Club Alpino Francés en Bayona para poder seguir practicando este deporte con seguro de accidentes.

Fue en esos momentos cuando surgió la posibilidad de ir al Everest. De la forma más curiosa, además. Durante un café de sobremesa en la calle Dato brotó de forma espontánea la idea: “¿Por qué no el Everest?”. Tres montañeros gasteiztarras estaban detrás de esta locura prácticamente “imposible” para la época. 

Ese trío de pioneros del montañismo vasco lo conformaban Juan Ignacio Lorente, Ángel Rosen –padre del también alpinista Juan Vallejo– y Luis María Sáenz de Olazagoitia, a los que más tarde se unirían Juanito Cortázar y Juan Carlos Fernández de la Torre. 

Poco a poco fueron perfilándose los detalles de una empresa sin precedentes que tardó la friolera de cinco años en llegar a buen puerto. Un arduo trabajo habida cuenta de todas las complicaciones que tuvieron que solventar por el camino.

El apoyo de Juan Celaya

Solucionado el tema burocrático, algo que no fue en absoluto sencillo, ahora faltaba encontrar un patrocinador que apostase por un singular proyecto. Tampoco fue fácil. Rosen recuerda cómo se tocaron muchas empresas potentes de la época “aunque sin mucho éxito”.

No se rindieron y finalmente a través de un conocido fueron a parar a Cegasa, la histórica firma de pilas fundada por Juan Celaya, quien no dudó en respaldar el proyecto pese a considerarles a todos ellos “unos chalados”. “Era un oñatiarra de pro, un enamorado de la cultura vasca al que le encantó la idea y estaba dispuesto a todo ya que lo consideró un proyecto de país”.

Así fue. El empresario vasco no escatimó en gastos para la expedición. Para evitar el recelo político y la animadversión hacia todo lo vasco de la época, hubo de camuflarse incluso el nombre de la misma, que finalmente se llamó Tximist, la marca comercial de las afamadas pilas de Cegasa.

Finalmente, el proyecto contó con un presupuesto de 15 millones de pesetas la época. Todo un dineral, pero lejos de las cifras de otras expediciones.

La expedición: 16 montañeros, cinco alaveses

La Tximist estuvo compuesta por 16 montañeros, dos vizcaínos, Ángel Landa y Txomin Uriarte, cinco alaveses, Juan Ignacio Lorente, Ángel Rosen, Luis María Sáenz de Olazagoitia, Juanito Cortázar y Juan Carlos Fernández de la Torre, y siete guipuzcoanos, Felipe Uriarte, Ricardo Gallardo, Paco Lusarreta, Luis Abalde, Alfonso Alonso, Julio Villar y Rodolfo Kirch. Junto a ellos estuvieron también Fernando Larruquert y Angel Lerma, responsables de fotografiar y filmar toda lo que sucedía alrededor de la expedición.


De hecho, la Tximist estuvo compuesta por 16 montañeros, dos vizcaínos, Txomin Uriarte y Ángel Landa, cinco alaveses, Juan Ignacio Lorente, Ángel Rosen, Luis María Sáez de Olazagoitia, Juanito Cortázar y Juan Carlos Fernández de la Torre, y siete guipuzcoanos, Felipe Uriarte, Ricardo Gallardo, Paco Lusarreta, Luis Abalde, Alfonso Alonso, Julio Villar y Rodolfo Kirch.

Junto a ellos estuvieron también Fernando Larruquert y Angel Lerma, responsables de fotografiar y filmar toda lo que sucedía alrededor de la expedición.

Listos para ir a por el Everest. Ocho días tardaron en superar la cascada de hielo. “Había restos de un helicóptero italiano que se había estrellado allí”, comenta Uriarte. El presidente de EMMOA quiere dejar constancia de que los miembros de la Tximist realizaron el trabajo duro de abrir huella durante toda la ascensión. “No hubo ningún momento en el que los sherpas estuvieran por delante de nosotros”.

Así se fueron sucediendo los días y ganando altura. Montando los diferentes campos de altura. El I a 6.000 metros una vez superada la cascada de hielo, el II a 6.500 y el III a 7.000 metros a los pies del Lhotse.

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Expedición Tximist al Everest N.G.

Este último sufrió los rigores de la montaña ya que “una avalancha se llevó el campamento”. Un obstáculo más que añadir a la larga lista de esta odisea. No les echó para atrás. Campo IV a 7.500 metros en la pared del Lhotse, una zona peligrosísima por las avalanchas y el campo V a 8.000 metros en el collado sur. 

La antesala del último campamento de altura, situado a 8.530 metros y a donde llegaron el 12 de mayo de 1974 Ángel Rosen y Felipe Uriarte, con la intención de salir de madrugada para hollar la cumbre un día después. “Pasaron la noche completamente convencidos de que al día siguiente hacían cumbre”.

Sin embargo, la montaña dijo no cuando apenas les separaban 350 metros y cuatro horas de lenta ascensión hacia la gloria. El monzón se adelantó y los fuertes vientos les impedían andar.

Expedición vasca Tximist al Everest

Un descenso agónico

Pese a que las rachas de viento eran terroríficas y hubieran echado para atrás al más valiente, la pareja de alpinistas vascos aguardó casi ocho horas dentro de la tienda esperando una ventana de buen tiempo que nunca llegó.

No les quedó más remedio que descender. Un descenso dramático y de lo más peligroso habida cuenta de las terribles condiciones climatológicas que tuvieron que soportar. “Fue agónico. En ciertos momentos sí que se pudo llegar a temer por su vida, pero confíabamos en ellos, ya que son fuertes y además habríamos ido a buscarles”.

Al filo de las 11 horas de la mañana abandonaron el campo sin oxígeno ni sacos de dormir. A duras penas llegaron al Collado Sur, donde no había sherpas y durmieron envueltos en la lona de la tienda. Duro, muy, muy duro. Al día siguiente reanudaron el descenso y al tercer día llegarían a juntarse con el resto del equipo.

Expedición vasca Tximist al Everest

Récord de Gallardo

En cualquier caso, la expedición no se rendiría. “Teníamos un plan B y C”, cuenta Txomin. Así, días después lo volverían a intentarlo otras dos cordadas, aunque tampoco tendrían éxito.

Ricardo Gallardo estuvo cuatro días a más de 8.000 metros, otra gesta que al menos les proporcionó el récord de permanencia en altura.

Faltó el Everest, la guinda. “En el primer momento fue una pena. No hubo sensación de fracaso ya que habíamos hecho las cosas bien”. Así fue. Ellos sembraron la semilla para lo que vendría después. La cima de Zabaleta en 1980 y el resto de ochomiles conquistados después. Juanito, los Iñurrategi, Pasaban y tantos otros. Historia del alpinismo vasco, que llora hoy la pérdida de uno de sus pionerosa. Goian bego Ángel Rosen.