A Belako les siguen llamando jóvenes, pero lo cierto es que en mayo de 2026 la banda de rock (por decir un género) de Mungia cumple 15 años de carrera. Estos cuatro chicos que empezaron (Josu, Cris, Lore y Lander) en su primerísima juventud con el grupo de sus vidas han alcanzado el éxito con una trayectoria orgánica y coherente, en la que han lanzado cinco álbumes y girado por todo el mundo. ¿Pero qué es el éxito? ¿Vender muchos discos? ¿Petarlo en Spotify? ¿Llenar grandes recintos? ¿O será, más bien, gozar de libertad artística en un oficio sometido a tantas presiones? Lander Zalakain, el batería del grupo, de 32 años, defiende en esta entrevista que lo que esta cuadrilla de amigos busca es ser dueños de su propio destino. Hacer lo que les pide el cuerpo.
Si tienen que abrir un paréntesis de unos meses y dedicarse a sus proyectos individuales, como en el segundo semestre del año pasado, lo hacen. Si además de pisar festivales y actuar en salas de cierta envergadura, se juntan con una banda emergente como Txopet para batirse en el barro de los gaztetxes, están encantados. Ese es su concepto de éxito y libertad. Este principio de 2026 promete nuevas emociones para Belako. En febrero ofrecerán por primera vez un concierto en la India y después pasarán varias semanas en Brighton, Inglaterra, en busca de inspiración.
¿Qué disco les ha volado la cabeza en 2025? Me la juego: el de Turnstile.
-Me parece un discazo. Me falta verlos en directo, pero mis compis de grupo ya los han visto y les encantó. El de Wet Leg también me ha gustado mucho y luego ya tiraría para casa con los discos de Lukiek, Merina Gris y Silitia. Muchas veces nos vamos fuera, pero en Euskal Herria se están haciendo cosas muy diferentes y muy guays, que son cada de uno de su padre y de su madre, con una personalidad de la leche.
"No sé por dónde van a ir los tiros del próximo álbum, pero no queremos repetir patrones”
El año pasado cruzaron el charco y tocaron en México. ¿Qué tiene este país del que afirman que cada vez “es más difícil marchar”?
-Cuando vamos allí entramos en una especie de burbuja. No sé cuántas veces hemos ido ya, ¿ocho, diez veces? La primera vez nos quedamos prendados. Fuimos con un equipo de gente muy humilde encabezado por Rodrigo que supo por dónde llevarnos y movernos. Luego hemos tenido la suerte de poder tocar en muchos sitios diferentes, no solo en Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey. Sitios como Chiapas y otras zonas menos conocidas y muy auténticas. Los mexicanos viven mucho la música. Da igual que sea en castellano o en inglés. Las primeras veces me volaba la cabeza cuando veía a alguien bailar en una discoteca reggaeton y luego Joy División y electrónica. Allí las etiquetas musicales no se llevan tanto.
A la vieja guardia del rock le sorprendió que hubieran girado con Anari. ¿Qué hacemos con los inmovilistas?
-No lo sé. Yo también he pasado por lo mismo: poniendo etiquetas y rechazando música por prejuicios. En Belako ha sido una constante hacer lo que nos salía en cada momento y con Anari vimos la oportunidad de poder acabar la gira de Sigo regando juntos. A la vieja guardia les diría: ‘No os cerréis, dadles una oportunidad a las cosas. La vida es para hacer ensaladas’.
¿Con Anari tenían relación?
-Teníamos mucha relación con toda la banda. A través de Sergio Cruzado (mánager de Belako) llevábamos años diciendo lo típico de “habrá que hacer algo”, que al final se tradujo en una gira. De repente, Anari nos propuso hacer un tema juntos (Deus ex machina) y lo hicimos bastante contra reloj en Atala estudioak de Bera con Iñigo Irazoki. La gente podrá decir que Anari y Belako son proyectos muy diferentes, pero yo no lo veo así. Nuestra actitud y manera de afrontar la música es muy parecida.
Un camino llamado Belako
Convertidos en, probablemente, el grupo de rock alternativo más internacional surgido en Euskal Herria en los últimos 15 años, en Belako ya no fantasean con tocar en Wembley algún día. Aquella broma interna que circulaba en la banda en sus inicios tras el pelotazo de su debut, Eurie, ha mutado en una visión más realista que está marcando sus pasos. “Por supuesto que queremos que nuestra música pueda llegar a allá donde se pueda y tocar en muchos sitios diferentes, pero nuestro principal objetivo es hacer nuestro propio camino”, reflexiona Lander. Y ese camino pasa por seguir disfrutando de las giras, de “coger la furgo y el avión” y hacer que el trabajo de músico siga mereciendo la pena. “No buscamos la fama, estamos donde queremos estar. Creo que nunca pensamos que llegaríamos a poder vivir de esto”, añade el batería de Belako.
Belako no es una banda que publique mucho contenido en Instagram. Pueden pasar meses hasta que cuelgan un post en las redes sociales. Eso es casi un acto contracultural hoy en día.
-Ha habido una evolución. A lo mejor es porque éramos más jóvenes o porque estábamos con la cosa de petarlo y sentíamos que teníamos que darle un montón de fuego a las redes sociales. Con los años nos ha dado más pereza. Nos hemos centrado más en el plano artístico, cada uno enfocado en su propio instrumento, y que el peso se centrase en lo artístico y no tanto en dar la tabarra. Al final somos músicos y para eso estamos aquí. Pero no ha sido algo que lo hayamos hablado entre nosotras, sino que ha salido así y creo que el resultado es más natural.
"A la vieja guardia del rock les diría: ‘No os cerréis. La vida es para hacer ensaladas”
Pasa el tiempo, pero en las fotos transmiten la misma sencillez de siempre de un grupo de amigos. ¿El día que la amistad se resquebraje se acabará Belako?
-Si algún día la amistad se resquebraja, desde luego que será el fin de Belako. En mayo, coincidiendo con el 15M, cumplimos 15 años. Ya veremos, el tiempo dirá que pasa con el grupo, pero todos tenemos claro que este es nuestro proyecto “kuttuna” y queremos mimarlo. Si seguimos con esto es por la amistad que tenemos, porque la industria musical nos habría absorbido hace tiempo. La amistad es fundamental en Belako.
Es curioso cómo se adelantaron al revival pospunk de estos últimos años. Los temas de su álbum de debut de 2013, Eurie, podrían ser de ahora mismo. Fueron unos visionarios.
-Hay gente que nos los dice, aunque no lo vemos del todo así. Es evidente que entonces había trazas de pospunk, con el bajo y la batería en la cara, esa era la clave. Con el tiempo a eso le hemos ido añadiendo otros ingredientes de música punk, garaje, electrónica… No sé si fuimos unos visionarios, salió así. Es verdad que ahora hay bandas en Euskal Herria como Borla o Txopet que tienen toques pospunk, pero les añaden sus propios sonidos y van más allá.
¿2026 será el año en el que la banda publicará un nuevo álbum?
-En 2025 bajamos bastante el pistón para coger un poco de aire. La intención es empezar a trabajar con nueva música este año. Para empezar, en febrero iremos a tocar a la India y después estaremos un mes en Brighton para componer, buscar aislamiento… No sé por dónde van a ir los tiros del próximo álbum ni cuándo saldrá, pero sé que no queremos repetir fórmulas ni patrones y buscaremos hacer algo distinto al último disco. Tengo muchas ganas.