El vecino viral

29.01.2021 | 00:16

LA MALDICIÓN DE LAKE MANOR (IL NIDO)

Dirección: Roberto De Feo. Guion: Lucio Basana y Margherita Ferri. Intérpretes: Maurizio Lombardi, Justin Korovkin, Francesca Cavallin, Gabrielle Falsetta y Massimo Rigo. País: Italia. 2019. Duración: 107 minutos.

Que somos lo que somos más el masaje de las circunstancias nos lo decía Ortega y Gasset. Para corroborarlo se hace perceptible cómo esas circunstancias, que tanto han cambiado en los últimos meses, modifican nuestra percepción. Hace un año, ante la visión de esta propuesta fílmica, nuestra respuesta emocional hubiera sido muy distinta. Ahora, con confinamientos e histerias mediáticas, con incertidumbres apocalípticas y botellones más ilegales que nunca, ilegales de manera superlativa, La maldición de Lake Manor se nos antoja como una fábula tan oportuna como doblemente maldecida.

Imposible no conjugar el periplo de sus protagonistas con la actual situación pandémica. Vista en enero de 2021, ante una curva que nadie doblega, se diría que Roberto De Feo preludia la deriva que la obsesión por el aislamiento puede propiciar. La demencia del confinamiento a costa de levantar una muralla entre los de casa y los de fuera desemboca en locura e insania. Con ecos que parecen evocar el universo del Lanthimos de Canino y con reflejos que reivindican las claustrofóbicas pesadillas de Argento, La maldición de Lake Manor empieza y termina con dos secuencias de huida. Lo que acontece entre ambas no es sino la explicación de esas desesperadas carreras hacia ningún lado.

La historia original de Roberto De Feo, convertida en guion por Lucio Besana y Margherita Ferri deja en evidencia la aportación de sus guionistas. Lo mejor de La maldición... se aprecia en su impecable puesta en escena y en su idea nuclear, la que da sentido a este relato donde el exterior es la amenaza y el interior, la desesperanza.

Roberto De Feo mima la dirección artística. Cada habitación, cada atmósfera, cada objeto de su atrezzo reclama sed de autoría. Una personalidad que aparece bien pertrechada con un conocimiento largo de quienes antes que él, se adentraron en la ciénaga de un futuro distópico. El negro futuro que reposa en este nido, ese era su título original, posee muy buenas ideas y algunos incomprensibles caprichos; concesiones al susto fácil y ciertos descosidos de un guion incapaz de cerrar casi nada. Pese a esos irritantes vacíos, el hacer de Roberto De Feo permite intuir la promesa de un avezado explorador de las sombras del terror y un inspirado creador de atmósferas de malsana perversión.