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Errenteria, testigo de un confinamiento muy vivo

15.08.2020 | 00:58
Mendi Urruzuno ante la Casa de las Mujeres de Errenteria, donde se muestra un mosaico de imágenes.

Primero de puntillas y después con el beneplácito del Consistorio, Mendi Urruzuno fue testigo de un confinamiento que ha dejado huella.

Aunque hay un panel en el que se propone un recorrido, la exposición de las fotografías que Mendi Urruzuno –que cuelgan de edificios, puentes, balcones y farolas de Errenteria– se disfruta callejeando, mirando miradas pero también lo que ocultan los ojos cerrados de todas las personas que acudieron al llamamiento de la fotógrafa.

Urruzuno está emocionada por poder contar con la mejor sala de exposiciones a la que podía aspirar, las calles y plazas de su pueblo. "Tener la oportunidad de enseñar tu trabajo a tu gente, en tu pueblo ... Más no puedo pedir".

El distanciamiento nos ha acercado. El vacío nos ha llenado. El dolor nos ha hecho crecer como pueblo. Ha hecho Herribirus más hermoso. Así reza el panel con el que se da la bienvenida a esta muestra que es, sobre todo, testimonio de una época compleja, rara, de los momentos de encierro a causa del COVID, de las calles vacías y los balcones abiertos y llenos.

Herribirusa nació en el confinamiento y es una exposición fruto de "muchas noches sin dormir y de darle vueltas a la cabeza y de pensar qué podía hacer y cómo hacerlo". Así lo explica Mendi Urruzuno, que comenzó inmortalizando, casi de forma clandestina, las calles vacías. Pronto se dio cuenta que pese que eran imágenes "muy estéticas" no transmitían lo que ella quería y, por Facebook, realizó una convocatoria para que esa gente que bajaba a la compra se acercara un momento y le transmitiera lo que buscaba. Puso día y hora para ello, para hacerse una foto con una mascarilla que entonces no era obligatoria. Fue casi premonitorio y en un momento en el que las mascarillas escaseaban, por lo que muchas personas acudieron con las suyas, de cosecha propia.

La respuesta de sus vecinos le sorprendió y la exposición, que inicialmente iba a tener en torno a 100 fotografías, pasó a tener muchas más, entre ellas las que Urruzuno sacó cuando, desde balcones y ventanas, se conmemoró el 700 aniversario de la fundación de Errenteria y que también forman parte de la muestra, un momento en el que fue plenamente consciente de cómo la gente se sentía parte de su pueblo, de la importancia que tenía ser y sentir Errenteria, formar parte de.

Ese interés, ese "virus que espero que se nos contagie, el de formar una comunidad", dio nombre a Herribirusa que es, sobre todo, una encuentro con personas fotografiadas de una en una, aunque haya también mosaicos de un pueblo que se asomó a los balcones. Hay asimismo testimonio gráfico de los restos que la pandemia dejo por los suelos y que la fotógrafa se encontró en sus paseos, como mascarillas o guantes.

Urruzuno empezó casi de puntillas pero después tramitó los permisos necesarios en el Ayuntamiento y salió cámara en mano a la calle a sacar las fotografías que hoy recuerdan unos momentos que se vivieron de puertas para adentro, asomando a ratos.

Tiene la autora una asignatura pendiente: recoger la opinión de sus vecinos y vecinas, algo que no podrá hacer hasta que las reuniones se permitan. Mientras, se conforma con lo que todas las personas que se le acercan la van transmitiendo, que no es poco.

Porque Herribirusa nació casi por casualidad como la realidad que es hoy. Inicialmente, Urruzuno se planteó este trabajo como algo más íntimo, "a modo de testimonio" sobre un trocito de la historia de Errenteria que quería guardar para si misma. De un momento raro, muy raro.

Fue después cuando llegó la invitación del Ayuntamiento para exponer en las calles de su municipio, invitación que aceptó con entusiasmo.

Tres fotos por persona (una con los abiertos, otra con los ojos cerrados y una tercera de perfil) para una selección que la autora hizo tomando en cuenta diversos factores.

Pero no da pistas, quiere que quienes paseen por las calles de Errenteria saquen sus conclusiones. Ojos cerrados, abiertos o de perfil ¿por qué? La respuesta no está escrita y la autora deja que la escriba quien mire a esos ojos cerrados o abiertos, a esas miradas a los días tristes.

Urruzuno también ha querido rendir homenaje "a quienes nos cuidaron y alimentaron durante el confinamiento". De ahí que en el Centro Comercial Niessen, junto donde colocan los puestos las baserritarras, se puedan ver las fotografías del panadero, la frutera o el carnicero, esos profesionales que han peleado desde los mostradores del pequeño comercio.

Pero Herribirusa tiene más partes. Además de retratos y mosaicos Urruzuno también recolectó dibujos de los más txikis, con los que completó paneles que también pueden verse en las calles de Errenteria, como otras imágenes obtenidas en algunos momentos muy puntuales, como el de los aplausos.

Lo de sacar las fotos con los ojos cerrados tiene "un poco de experimento". "La gente no se relaja con los ojos cerrados. Pero, además, estas fotos evidencian lo que se expresa con la mirada. Creo que la gente a le impresionan las fotos con los ojos cerrados".

Urruzuno se guarda también material que en un futuro confía en poder utilizar, aunque aún no sabe cómo. Lo que sí tiene claro es que este proyecto esta finalizado, porque surgió en un momento determinado para plasmar una situación determinada. Lo que no descarta es darle un colofón, quizá en forma de libro.

De momento, está tratando de agradecer la colaboración a quienes compartieron con ella el proyecto, personas conocidas y muchas desconocidas. Para ello ha elaborado unas postales en las que les da las gracias y que va repartiendo según se las encuentra. "Me gustaría recoger la opinión de la gente. Me parece curiosa la respuesta de quienes me preguntan si es una apología de la mascarilla, cuando no lo es para nada. Ahora la tenemos muy presente, pero no cuando hice las fotos. He aprovechado para presentar a la gente también cosas que me han dado que pensar, como el relato de los medios".

con el metro a cuestas Rematada la parte más artística a Urruzuno, fotógrafa en Albaola, le tocó armarse de un metro y recorrer su pueblo para ver dónde ponía sus fotografías para que tuvieran el significado buscado.

Además, también ha querido aprovechar para colgar sus fotografías también en esos rincones del municipio que son menos conocidos,

Fue instalando, con la ayuda de trabajadores municipales y profesionales de los trabajos verticales, primero los listones y enganches y después las fotografías, siempre vigilando que se colocaban donde estaba permitido. Esta fue una parte "estresante" del trabajo, aunque el resultado le ha merecido la pena.

Quien quiera conocer Herribirusa puede hacerlo hasta el día 13 de septiembre.