Jose Mari Azpiazu, MONTAÑERO Y ESCRITOR

"En la conquista de los polos se vivió la misma situación que ahora en el espacio"

El montañero y escritor azpeitiarra publica, junto a Sebastián Álvaro, el libro 'La vida en los confines de la Tierra', la historia de los grandes
exploradores polares

20.01.2020 | 08:20
Jose Mari Azpiazu.

DONOSTIA – La publicación sigue la estela de La vida en el límite de la vida, una obra que reúne las aventuras de los mejores alpinistas de los dos últimos siglos y que ambos autores editaron en 2018. En esta ocasión se centran en la historia de los exploradores polares, nombres como Scott, Amundsen, Nansen, Peary, Shackleton o Franklin, poco reconocidos pero que contribuyeron a conocer mejor el planeta.

¿Todavía hay confines de la Tierra que no conoce el hombre?
–Sobre todo en la Antártida, todavía hay lugares a los que aún no ha llegado el ser humano. No son muchos lugares, pero en la Antártida hay mucho por hacer. Hay un montón de bases científicas, lo que demuestra que todo el esfuerzo que se hizo por conocer los territorios polares está sirviendo de algo. La Antártida no solo es el depósito de agua del futuro, sino que también da muchos datos de que estuvo pegada a los continentes australiano y americano. Quedan cosas por hacer pero, desde el plano de la aventura y de la exploración, está casi todo hecho. Una vez que se conquistó el Polo Sur y que se han hecho las travesías integrales, de este a oeste y de norte a sur, lo importante ya está hecho. Todavía quedan territorios perdidos, pero no tienen el interés de antes. El ser humano no había reparado en los territorios polares. El norte es un mar helado y el sur es un continente. La curiosidad, que es la base de toda evolución, llevó al ser humano a hacerse preguntas y luego a pasar a la acción. Fueron muy perseverantes. Había más tragedias que éxitos. Gracias al talento y la perseverancia empezó a haber logros, pero no llegaron hasta finales del siglo XVIII. Hubo una figura clave que fue Fridjof Nansen, y otras como Scott y Amundsen, que le ganó la batalla estratégica en el Polo Sur.

En el libro se relatan historias de superación, pero sobre todo destilan mucho sufrimiento.
–Si estudias la historia de la exploración polar, llegas a la conclusión de que nada es tan terrible como la exploración polar. Había que ser obtuso, terco, para mantenerse firme porque moría muchísima gente. En 1845 John Franklin sale con dos barcos y 139 hombres y mueren todos en la búsqueda del Paso del Noroeste. Fueron a su búsqueda y hubo más muertos. Habían quedado embarrancados y se comieron los unos a los otros. En estas expediciones ha habido muchísimas tragedias.

Y luego está el anuncio del barco 'Endurance', en el que embarcó la expedición de Shackleton. No se garantizaba que volvieras vivo.
–Ahora se discute si el anuncio es verídico, pero retrata muy bien la personalidad de Shackleton, que nos dio una gran lección. Es impensable que un ser humano pueda salvar a toda la tripulación como lo hizo él en la expedición a la Antártida. La expedición fue un fracaso porque ni siquiera llegaron a la Antártida y se quedaron en una banquisa en el mar de Weddell. Pero sobrevivieron todos.

Hazañas falsas, haberlas haylas.
–Se falseó la llegada al Polo Norte. Lo hizo Cook. Peary también lo aseguró, pero ninguno de los dos lo hizo. Se desvirtuó el Polo Norte, al que se llegó por primera vez con medios aéreos. Richard Byrd también dijo que había llegado al Polo Norte en avioneta y luego se descubrió que era mentira. Ha habido mucho engaño.

¿Hay alguna conquista que tenga más valor que otra?
–Tiene mucho valor el hecho de que Amundsen llegara al Polo Sur, el hecho de que Shackleton sacara vivos de la banquisa polar a sus 27 hombres, porque estuvieron dos años aislados del mundo, y lo hizo valiéndose de un optimismo que le salía por los poros. Fue una gran proeza. Y en tiempos más cercanos, la proeza de Herbert, que hizo el recorrido del Ártico pasando por el norte en 1961. También fue una hazaña que Nansen y Johansen fueran los primeros en alcanzar la latitud 80 y pico, al igual que Luis Amadeo de Saboya, el duque de los Abruzos.

Eso solo se consigue si eres un líder.
–En aquella época, cuando un líder anunciaba una expedición, quienes le acompañaban lo hacían por un sueldo irrisorio y a cambio vivían unas calamidades extremas. Muchísimos de ellos nunca volvieron. Tenían que tener una extrema confianza en el líder. Les pagaban cuatro perras, pasaban hambre, frío, hibernaban€ Un invierno en la Antártida son seis meses sin luz. Para aguantar un invierno polar tienes que estar psicológicamente muy bien preparado y muy fuerte.

¿Las expediciones verticales han tenido históricamente más repercusión que las horizontales?
–Sí, son más mediáticas. La sociedad no ha sido agradecida con los exploradores polares. En el libro hablo de los conquistadores de lo útil. Solo pido un reconocimiento. Franklin, Amudnsen, Nansen o Shackleton tienen estatuas, pero no tienen reconocimiento social. La mayoría murieron en el anonimato, salvo cuatro o cinco líderes.

¿Ir ahora a la Antártida sigue siendo una aventura?
–Lo sigue siendo porque te lanzas a la soledad, pero una vez que alguien ha ido por delante de ti, ya tienes los datos. Los exploradores funcionaron sin datos. Tenían que construir una historia. Estaban en un espacio no domesticado. Hoy, además, tienes unos medios tecnológicos que te impiden perderte y tienes apoyos aéreos en caso de necesidad.

Los conquistadores representaban a naciones.
–Noruega se estaba peleando la independencia con Suecia y pretendió ser hegemónica en la Antártida. Y les sentó muy mal a los británicos. Que un Estado incipiente se les hubiera adelantado era una humillación. Francia, Austria, Alemania y Norteamérica se esforzaron en ser los primeros en llegar a todo. Era la misma situación que se vive ahora con el espacio. En la Antártida es difícil que haya masificaciones como en el Everest porque las distancias son mucho más largas, el tiempo que necesitas es mucho mayor, hay que ser muy positivo e inmune al desaliento. Atravesar la Antártida de norte a sur o de este a oeste sigue siendo una gran aventura. No lo hace demasiada gente.

La geopolítica tenía su peso en las expediciones polares.
–Mucho. Rusia también se aventuró en la conquista de los territorios polares. Por saber lo que se iban a encontrar y por dejar huella. Porque un país era potente en la medida en que era conquistador; pero, sobre todo, en la medida en que era el primero en llegar.

En el libro se dice que para una expedición científica se elegiría a Scott, para un raid polar rápido a Amundsen y cuando no ves una salida, a Shackleton.
–Cuando Scott supo que Amundsen se le había adelantado en el Polo Sur, le dio importancia a que su exploración era científica. Scott era eminentemente de querencia polar, aunque de formación marina y militar. Una expedición científica no sirve si no funciona en el plano estratégico. La moral victoriana, además, le impedía usar perros. Desde la literatura anglosajona se ha tratado de desprestigiar a Amundsen, cuando todos coinciden en que era frío pero una bella persona. Si Shackleton hubiera dirigido esta expedición, hubiera cantado otro gallo. Scott fue un mal dirigente.

Hoy, lo primero que haríamos si conquistáramos un Polo, sería sacarnos un selfi.
–Sería todo tan distinto. Si pudiera elegir, preferiría ser un explorador del siglo XIX que del siglo XXI por lo que tiene de romántico. La tecnología nos quita todo el romanticismo. Aunque estemos en un espacio hostil y en territorios infinitos, en los mismos escenarios que pisaron ellos, la manera de abordarlo es distinta. Hoy se sabe todo. Entonces, nada; y soñaban. Hacía falta talento, imaginación y perseverancia. Aquellos exploradores eran curiosos, entusiastas, tenían talento y perseveraban hasta la muerte. Hoy sería más sencillo. No quedarían embarrancados ni pasarían inviernos. Irían por el aire, el GPS les marcaría el rumbo, tendrían ayuda por aire y estarían superprotegidos, con grandes equipos tecnológicos, de vestimenta, alimentación, etc. Los más grandes hombres en la historia de la exploración han sido los exploradores polares.