El gran descorcheEfe
La pandemia del covid-19 no solo paró el mundo, distópico en aquellos días de incertidumbre, drama y supervivencia. También lo cambió.
En 2020, el año de las mascarillas, el del conteo terrible de las defunciones, a centenares de miles, el de la búsqueda de una vacuna para salvarse mientras la sociedad tuvo que encerrarse para frenar el avance del coronavirus, hubo un clic.
Se desconoce si de aquel episodio traumático que situó al ser humano frente a su vulnerabilidad, alguien salió mejor. El covid hizo mutar a la humanidad, aún sacudida por el zarandeo que le provocó una experiencia demoledora.
Esa agitación dibujó un escenario más próximo a lo apocalíptico. Desde entonces, todo adquirió el rango de una huida hacia delante, embalada la mayoría pero sin una clara dirección.
El ciclismo no fue ajeno a semejante tsunami. Muchas carreras no pudieron disputarse y las que lo hicieron se resolvieron sin público y con estrictas medidas de seguridad, salud e higiene para los competidores.
Cambio de paradigma
Aunque enmascarado el ciclismo en competiciones fantasmales, donde varias citas tuvieron que cambiar de fechas para adecuarse a las circunstancias, algo se desató.
El cambio de década –perecido el imperio del Sky que patroneó el ciclismo entre 2010 y 2019 a través del credo de las ganancias marginales– propuso un nuevo paradigma, nunca antes imaginado.
El Tour de 2020, el del alumbramiento de Tadej Pogacar, que alcanzó el éxtasis con la Epifanía de La Planche des Belles Filles, estableció el parámetro de un nuevo ciclismo, más rápido, agresivo y espectacular que el anterior.
El logro del esloveno mágico, que remontó en una crono estratosférica el Tour que señalaba a Primoz Roglic como vencedor, fijó un tablero distinto.
Nada de lo anterior tenía validez. Era viejo. Obsoleto. A partir de esa victoria que nadie esperaba, si bien el relato oficial tiende hacia la leyenda y a establecer la causa-efecto de una anunciación para tratar de dar sentido a una actuación inexplicable, el ciclismo ha entrado en una dinámica tan veloz como disparatada.
Mejoría constante
A partir de 2020, el ciclismo se asemeja demasiado a la carrera aeroespacial, donde los límites se superan con deje costumbrista. Lo extraordinario es pasto de la rutina.
En este tiempo, un lustro repleto de fuegos artificiales y efectos especiales, los expertos del pelotón inciden en que las mejoras en los materiales, la aerodinámica, el conocimiento científico aplicado con criterio en los entrenamientos y en la preparación y, sobre todo, el detalle en la nutrición, han determinado el salto sideral del rendimiento de los ciclistas.
Un lustro de récord
Grandes exhibiciones. El lustro ha estado marcado por carreras muy espectaculares y rápidas y en las que un puñado de ciclistas, entre ellos varios que no son velocistas, han copado las victorias. En 2024 y 2025, el Tour, el Giro y los cinco Monumentos han registrado los mayores récords de velocidad de toda la historia del ciclismo. Pogacar ostenta las marcas en el Tour de 2025, el Giro de 2024, el Tour de Flandes de 2025, la Lieja de 2025 así como Il Lombardia de 2024.
Victorias desde 2020
Tadej Pogacar 100
Remco Evenepoel 62
Tim Merlier 60
Jasper Philipsen, Primoz Roglic 56
Mads Pedersen 48
Olav Kooij 47
Jonas Vingegaard 41
Wout Van Aert 40
Arnaud Démare 36
Mathieu van der Poel 34
Arnaud De Lie, Filipppo Ganna 33
Fabio Jakobsen 32
Sam Bennett 29
Dylan Groenewegen 27
Jonathan Milan 25
Todos esos ingredientes, explican, aunque no del todo, el subidón del rendimiento general. Esa es la versión oficial, pero, aunque menos presente o detectable, también hay espacio para la trampa.
Resulta llamativo que algunos preparadores de la actualidad, que se asustaban y se llevaban las manos a la cabeza por el rendimiento de ciclistas que dieron positivo en el pasado, no enarquen una ceja cuando se logran rendimientos muchísimo más impactantes en estos tiempos.
El engaño siempre se saca de la ecuación de la gran mejoría que se detecta y establecen los datos, registros y marcas. En el Tour de 2024 se habló del uso del monóxido de carbono para las preparaciones, más tarde prohibido su empleo en dosis altas por la UCI.
El ente regulador del ciclismo restringió el polémico uso de la inhalación de monóxido de carbono, empleado por Pogacar o Vingegaard, entre otros, y prohibió las reinhalaciones.
Las inhalaciones repetidas de CO pueden ofrecer una mejora rápida en el rendimiento de los ciclistas sin la necesidad de verse obligados a realizar entrenamientos en altura según los expertos. La escala de grises aumentó. De ahí surgió el posicionamiento restrictivo de la UCI.
Monóxido de carbono
De hecho, varios científicos exponían en una serie de estudios que inhalar monóxido de carbono regularmente podría mejorar distintos parámetros del cuerpo humano que supondrían un incremento en su rendimiento. De aquello se supo porque Escape Collective dio la voz de alarma.
“Escape Collective puede revelar que varios equipos del Tour de Francia usan la controvertida y potencialmente peligrosa técnica de inhalar el mortífero monóxido de carbono (CO) para optimizar el entrenamiento en altura de sus ciclistas”, informó el medio de comunicación.
Parece evidente que el corpus del ciclismo ha alterado su sistema nervioso. La aceleración no deja lugar a dudas. Los récords se derriban con pasmosa facilidad.
En los dos últimos cursos se han registrado las medias más veloces en la principales citas del calendario, donde compiten los mejores y donde se pelea más allá de lo razonable porque se atraviesa la puerta hacia la memoria.
Grandes registros
El Tour de 2025 fue el más rápido de la historia. El Giro de Italia de 2024 también ostenta ese listón. Ambas marcas pertenecen a Pogacar. El esloveno también es el dueño del Tour de Flandes más rápido de siempre, el de 2025; la Lieja, también de 2025, y el Il Lombardia, de 2024.
Van de Poel es el guardián de la París-Roubaix más rápida, la de 2024, y Jasper Philipsen marca la Milan-San Remo más veloz, la del pasado curso.
De momento, entre las carreras de mayor prestigio, solo la Vuelta resiste el empuje de los nuevos tiempos. Roberto Heras detenta el récord de la carrera, que marcó en 2003.