Recuerdo que hace quince años la Unión Europea designó al 2011 como el Año del Voluntariado. Y hoy el voluntario tiene carta de ciudadanía y no es un aventurero de la solidaridad. Aunque reconozco que el servicio desinteresado esté a la baja, es clave regalar no sólo cosas, sino tiempo y presencia. Un moderno signo de amor es saber dedicar tiempo a los otros. En la actual sociedad en la que el tiempo es oro, saberlo regalar generosamente es una señal clarividente de amor. Servir a la fuerza es humillante. Servir por amor dignifica y ennoblece a quien lo hace. El nivel de dignidad de un pueblo se mide precisamente por el número y calidad del voluntariado que posee. El voluntariado lo forman aquel grupo de personas pertenecientes a instituciones civiles y religiosas que están dispuestas a servir gratuitamente y de buen grado a los demás. Servicio fraterno a cambio de nada, ahí radica la esencia y la grandeza del voluntariado. El voluntariado es un cuerpo altruista que prefiere servir a ser servido y que encuentra su felicidad en su autodonación a los demás. En una sociedad como la de hoy, fría, calculadora y mercantilizada, se hace más necesaria que nunca la fuerza del voluntariado social, una fuerza que nuestras instituciones políticas deben fomentar activamente, dotándola de los medios necesarios para poder actuar con eficacia.
- Multimedia
- Servicios
- Participación